50 años de La cantante calva, de Ionesco

lunes, 14 de agosto de 2006
* En el Teatro de la Huchette de París París, 14 de agosto (apro) - El 16 de febrero de 2007 se conmemora medio siglo ininterrumpido del montaje, en un pequeño teatro del Barrio Latino en esta ciudad, de la obra cumbre del Padre del teatro del absurdo, Eugène Ionesco, La cantante calva Se trata del Teatro de la Huchette, el único en pie de los ocho teatros que había en este quartier hacia mediados de siglo, un espacio para 60 personas La obra del autor rumano-francés tuvo aquí una primera temporada del 7 de octubre de 1952 al 26 de abril de 1953, hasta que se repuso en 1957 Desde entonces, mantiene la misma puesta que le confirió el director Nicolas Bataille, al igual que la misma escenografía de Jacques Noel, quien señala a Apro que la compañía se prepara ya para los 50 años Pero esta pieza de vanguardia tardó buen tiempo en imponer el teatro del absurdo, y durante su estreno, el 11 de mayo de 1950 en el Teatro de Noctambulés (en el mismo barrio), provocó un escándalo Mientras la mayoría del público abandonaba el sitio antes de la caída del telón, los que se quedaron abucheaban al final, perplejos, por una obra en la cual se sintieron engañados, porque en ella no salía jamás la cantante, y mucho menos calva Sólo un hombre de mediana edad, de larguísima barba, vestido de túnica y sandalias, aplaudía frenético y entusiasmado subido en su butaca: era Arthur Adamov, el dramaturgo (Nathalie Sorrault: Historia del "nouveau-theátré", publicado en México por Siglo XXI Editores) Martín Esslin recordó en su ensayo Theátre de L'absurde, de 1971, que en esa temporada de estreno el teatro permanecía casi vacío Más de una vez hubo menos de tres personas en la sala Los boletos fueron reembolsados y los actores regresaron a sus casas Luego de una semana, abandonaron El Teatro de la Huchette, que toma el nombre de la concurrida y famosa callecita peatonal del Barrio Latino, monta, junto con La cantante calva, otra obra de Ionesco, La lección, con la misma puesta original de Marcel Cuvelier La entrada a ambas tiene una duración de dos horas, con un 30% de descuento para estudiantes El teatro vive sólo de sus entradas Se trata de un recinto rectangular, como una cajita de zapatos, de unos 12 metros por siete, con decorados en rojos y guindas, que un público ávido abarrota diariamente Es tan pequeño, que la última fila está junto a la salida, a dos metros de la callecita bella y tortuosa, donde griegos, tunecinos, vietnamitas, chinos, árabes e italianos, gritan para jalar a los turistas a sus diminutos restaurantes En la presentación del programa de lujo, se lee: "Es en este rinconcito de París, entre el Jardín de Luxemburgo y el Sena, donde se revelaron después de la guerra los autores que hoy son el orgullo de nuestro patrimonio cultural Gracias al sentido artístico y a la generosidad de los directores de estos pequeños teatros, lograron darse a conocer Audiberti, Ghelderode, Pichotte, Shéhade, Adamov, lonesco, Genet y Beckett" El público heterogéneo, en su mayoría extranjero, asiste cada noche a las 19:30 horas al 23 de la calle de La Huchette, para gozar la obra de principio a fin Según testimonio de Marc Jason, antiguo taquillero del teatrito, en una ocasión un grupo de sordomudos asistió al espectáculo, y en una parte un actor simula leer un texto y sólo mueve los labios Como la pieza trata de la incomunicación, Ionesco hace que el actor lea, aunque sin sonido, un texto En ese instante los sordomudos sonríen, porque fueron los únicos que supieron lo que el actor decía El Theátre de La Huchette guarda en sus entrañas algo capaz de hacer temblar a todos los teatros de París, escribió Jacques Lomarchand, crítico del Fígaro Litéraire, hacia 1952: "Es el espectáculo más inteligentemente insolente que pueda ver cualquiera que ame el teatro, como no lo hacen ni siquiera los directores de teatro La sabiduría, como no la aprecian los profesores; la tragedia que no se brinda en el Gran Guiñol; la farsa como nunca se dio en el Pont-Neuf Cuando estemos viejos, tendremos un gran orgullo de haber asistido a las representaciones de La cantante calva y de La lección" El "Espectáculo Ionesco", como se denomina a la puesta de ambas piezas, incluye en su catálogo unas líneas a mano del dramaturgo: "Un acontecimiento en un teatro pequeño es mejor que uno pequeño en un gran teatro, y todavía mejor que un suceso pequeño en un teatro chiquito"

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