"El tercer ojo", de Marcel Marceau (1923-2007)

viernes, 12 de octubre de 2007
El tercer ojo abre en la luz, continentes efímeros trascendiendo épocas, testigos silenciosos de vida en seres engendrados por una misericordiosa creación a perpetuidad El cosmos da génesis para el fuego espiritual Cielos, mares y tierras, vientos, mareas, huracanes de espacio en el espacio, el espíritu crece en medio de relámpagos en descarga y truenos de rugido El espacio nos es prestado Fuerza viva del más allá y lo divino, el mundo creado por sí mismo a nuestra imagen y semejanza Belleza y fealdad se abrazan con las visiones del universo, donde existir y morir planifican sus fronteras Aquí respira lo todopoderoso y frágil, sin embargo, ante la eternidad El hombre confrontaba al ángel de la muerte con sus manos desnudas, mató a Caín, su hermano, de una pedrada y al fin es ya la figura del Viejo desde tiempos de la caída primigenia e inclina su cerviz sangrienta, allá, bajo las constelaciones en donde Adán y Eva huyen escoltados por Dios del Paraíso Acudieron dos mil años de historia cual reto en el horizonte Pasado, presente, reacción en cataclismo encima del umbral rumbo a la eternidad, allá, donde los astronautas, como satélites humanos robaron las alas del ángel olvidado, anacrónico Humanos de barro, de arcilla, carne y hueso, sobrevivientes a inmensas masacres, encuentro con la felicidad a través de luces y sombras, sin duda estamos solos pero todos somos el único rostro de tantos millones Saltimbanquis, judíos errantes, hermanos ignorados que regresan tras largo peregrinar Henos aquí a las muchedumbres, testigos de sus ojos Bohemios descalzos bajando luceros, nuestras noches convierten los sueños en realidad Soles gloriosos y lunas lívidas, demacradas, se moldean dentro de mares salinos con destello azul de cielos espuma sobre espuma Debemos escalar montañas sin cráteres y como Sísifo, ascenderemos de vuelta a la cima aquellas rocas, arrojemos nuestro clamor al corazón sordo del desierto El tiempo vuela cual si fuese la inmovilidad Los torrentes gota a gota desparraman nuestras vidas frente al portón de bronce erecto sobre arenas movedizas, mi puño sangra de tanto pelear De ahí que nuestras plegarias sean el préstamo en ráfagas de la historia El alma brota y se detiene ante los siete sellos enarbolados por los Cuatro Jinetes del Apocalipsis ¡Oh, combates incesantes de la humanidad! Descubrimientos, bendiciones, lamentos, llantos de amor y odio Nuestra sed libertaria, pensamientos que se atrevieron a ser En fracción de segundos contemplé al Cristo crucificado, aquellos cristianos arrojados a los leones, las cruzadas en alborada, la Inquisición y el Holocausto ¡Oh, siglo de las luces! Renacimiento, revoluciones 1789 y 1910, hambruna en las Indias, la Muralla China, desastres vislumbrados a través de todas las conflagraciones acumulando cenizas de los muertos que se abrasaron con los vivos en el espejo de Hiroshima La era nuclear ahora son las bombas de neutrones Y aún así, el ser humano prosigue su vitalidad en plena metamorfosis Henos acá prisioneros de amos y esclavos, victoriosos o perdedores, somos los grandes, los humildes, ustedes los poderosos y malvados; pero su vulnerabilidad no muere gracias a nuestros hermanos ciegos y por quienes los atestigüen Era silenciosa de alaridos ardientes trascendiendo el tiempo ¿Dónde se halla aquel tercer ojo que resintió los combates perennes a cada instante? ¿Dónde yaces tú, humanidad, sueño de amor despierto con ojos de luminiscencia? Hace rato, el ángel sonrió frente al demonio replegando sus alas lacrimosas, vuelo interrumpido, su risotada no era de Homero como lo deseaba, pues sacudió las conciencias Mi espíritu en tu alma abrazan un secreto mutuo, el amanecer de un mundo intangible Países del futuro, soles gloriosos, astros de zafiro, Que nunca más haya hogueras de guerra y si acaso, escúchense los gritos y lágrimas que clamando amor escapan desde las tinieblas Quiebro el suelo a marejadas, espacios desnudos, cualquier cosa converge en pensamientos de creación al infinito Llega la alborada del Nuevo Universo, una hermandad para los actos y las ensoñaciones Suena la hora de comenzar otra época Reine el alma soberana entre los firmamentos estelares El ser se inflama * Amor y Libertad tienden su abrazo hasta nosotros Mi sueño, asegurar la presencia del tercer ojo Más que nada, necesitamos amar y vivir Una mano silente, delicada, cuyo gesto en el espacio traza una blanca flor limpia de su sangre Pronto, abrirá en retoño Pronto, inclusive muerta, la flor renace otra vez El tiempo es como una curandera de magia Demasiado rápido me invade la pregunta: ¿dónde se halla el tercer ojo, dónde está? Casi olvidado, el ángel cepilla su ala en mis hombros Cómplice que dejó escapar su guiño parpadeante y respiraba en calma, los sonidos resoplando mi atención? Tengo una duda ¿Sabrán que el tercer ojo siempre ha latido en la honda intimidad de nuestro yo más recóndito? 1981

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