¿Hollywood se abarata?

jueves, 17 de diciembre de 2009

MÉXICO, D.F., 17 de diciembre (apro).- Si bien la crisis económica ha impactado severamente a la industria cinematográfica estadunidense, ésta parece tener muchos ases bajo la manga para continuar sobreviviendo. Ellos van desde la reducción de los mega-sueldos de las súper estrellas y otros cortes presupuestales, pasando por las alianzas con sitios de internet para transmitir sus productos bajo demanda, hasta la creación de nuevas divisiones destinadas a producir cintas con tres pesos para generar miles o hasta millones de dólares.
Resulta que la Paramount acaba de abrir una división dentro de sus filas destinada a crear películas cuyos gastos no serán mayores a cien mil dólares. Y todo esto gracias a la cinta Actividad Paranormal, que consiguió recaudar 142 millones de dólares con un presupuesto de 15 mil.
Las cintas que se produzcan en dicha división no verán la luz en las pantallas cinematográficas, sino que serán distribuidas de manera digital o llevadas directamente a video.
Con esto se apuesta a productos baratos, no de baja calidad. Es decir, no serán películas serie B como las realizadas por Dimension Films Extreme, sino precisamente como las de Actividad Paranormal, que apela a la creatividad con bajos recursos y a la posibilidad de crear un semillero de futuras promesas de la actuación, lo cual no ha de extrañarnos, puesto que se han lanzado concursos de cine cuyas cintas participantes han sido grabadas en teléfonos celulares.
Estos nuevos modelos generan una sensación democratizadora, aunque, dolorosamente, se perderán procesos técnicos que hacen del cine un arte espectacular (y sumamente caro de realizar), y es posible que, a la larga, más allá de la vida de los grandes estudios, terminemos inundados de miles de productos surcando internet, la mayoría de baja calidad, como ha ido ocurriendo con la música a partir de la facilidad de generar un estudio casero y sonar casi como un profesional.
Ni modo, es el precio que hay que pagar por la democratización de la tecnología, aunque al final, sólo las grandes empresas terminarán beneficiándose de ello, para bien o para mal.
Lo anterior no es el acabóse, ahí tenemos a James Cameron, quien gastó millones de dólares en crear la que podría ser su obra maestra, Avatar: una cinta que combina el arte y la tecnología para crear un producto que, a la distancia, luce como uno de los proyectos más sorprendentes desde La guerra de las galaxias.
Mientras haya cabida para proyectos plurales (baratos, semibaratos y carísimos), el mundo del cine estará a salvo del “hágalo usted mismo”.

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