Christian Poveda filmó a Los Maras y... un año después lo asesinaron

jueves, 7 de octubre de 2010

MÉXICO, D.F., 7 de octubre (apro).- La vida loca, documental dirigido por el francés-español Christian Poveda, recoge la cotidianidad de miembros de una de las principales agrupaciones pandilleras de El Salvador, la Mara 18, que siembra el terror en El Salvador y otros países.
Son chicos de entre 16 y 18 años de edad, olvidados por el entorno social, que encuentran en las pandillas un lugar en el mundo, un sentimiento de seguridad, una comunidad que los ampara. En contraste con la miseria y la inseguridad reinantes, los pandilleros no piden ni piedad, ni caridad, ni asistencia alguna.
Durante más de un año, la cámara fílmica de Poveda captó la vida diaria de la Clica 18 de la Campanera, una especie de cofradía autoproclamada de marginados, mitad niños de la calle, mitad soldados.
En la cinta se observan los suburbios de San Salvador, donde después de 15 años de guerra revolucionaria que saqueó la nación, una nueva guerra civil, igual de terrible, enfrenta ahora a pobres contra pobres.
Poveda se introdujo, durante 16 meses, en la vida diaria de estos grupos rebeldes para mostrar cómo piensan y operan.
Otro aspecto en La vida loca es el reflejo del odio de la juventud hacia la sociedad y su cercanía con la muerte. Siempre están al lado de muerte, debido al pleito con la Mara Salvatrucha.
La vida loca fue producida por Gustavo Ángel y Emilio Maillé, de México, y Carole Solive, de Francia. Un año después, el 2 de septiembre de 2009, el director de la cinta fue asesinado a tiros por los maras en las afueras de San Salvador, donde trabajó el documental.
Además de cineasta, Poveda fue fotógrafo. Durante 25 años recorrió países africanos e iberoamericanos, retratando la cultura y las condiciones de vida que sufrían los habitantes de algunas zonas marginadas o en situación de conflicto y represión.
Primero se dedicó a la fotografía y luego incursionó en el cine documental para exponer y denunciar esos problemas en busca de un llamado a la resolución y la paz. Su paso por Latinoamérica inspiró la idea del documental La vida loca. Sus últimos tres años de vida los pasó en El Salvador.

El productor

En entrevista, el productor Maillé, quien lamenta que no sea Poveda quien platique de La vida loca, recuerda que en 1996 conoció en un festival al documentalista, prácticamente 10 años antes de que arrancara el proyecto.
“Durante todo ese tiempo tuvimos una relación cercana y él trabajó en varios proyectos míos, claro, documentales. Yo estaba arrancando el largometraje Rosario tijeras, cuando Paris Match lo contrató para que realizara un reportaje fotográfico sobre la violencia de las pandillas en El Salvador, porque él había sido fotógrafo en las guerras de los ochentas de El Salvador y cubría, para Newsweek, Nicaragua, Guatemala, Honduras y El Salvador.
“Poveda retorna a París a filmar documentales. Él ya tenía un nexo como muy sensible con El Salvador y allí regresó en 2004 para trabajar lo que le pidió Paris Match. Permaneció tres semanas allí y volvió a París muy impactado y muy emotivo con el tema. Hizo fotos en blanco y negro de la Mara 13 y la Mara 18, y nos notificó que ese sería su próximo documental.”
Entonces se fue a vivir a El Salvador y se enamoró de una salvadoreña.
“Él quería que fuera un seguimiento de un año a las pandillas 13 y 18, a las dos bandas, y fue a ver a la 13, a los palabreros, que son los jefes que pueden utilizar la palabra para tomar decisiones, y los de la 13 dijeron que no les interesaba, pero que le daban permiso de hacer su documental y atravesar terrenos de la 13 para ir a ver a los de la 18. De cierta manera le dan permiso. Y los de la 18 se lo dan también y escoge una pequeña pandilla en las afueras de San salvador y es a la que le da seguimiento. En total fueron 16 meses de rodaje con 80 horas de grabación, las cuales fue muy pocas para el documental.”
--¿Por qué dice que grabó poco?
--Eso te habla de dos cosas. Una, que en este tipo de proyectos, para ganarte a la gente, tienes que ir con la cámara y tenerla allí sin filmar; pero tal vez en 2 o 3 días te decides a sacarla porque se gana más creando esa intimidad y esa confianza, en lugar de sacar la cámara enseguida, que no te va a llevar a ningún lugar.
--¿Qué puede aportar otro documental en torno a los maras?
--Hasta el momento nadie ha hecho lo que hizo Poveda. No han estado con los maras lo suficiente. Aquí la cámara se volvió parte de ellos por mucho tiempo.
--¿En La vida loca no hay un juicio?
--Es verdad, no lo hay, eso puede generar una crítica también, pero yo creo que para Christian fue la mejor manera de tratar de explicar que es a través de la exclusión y la pobreza que surge este fenómeno.
“Christian tenía opiniones políticas muy definidas, muy claras, evidentemente con una sensibilidad muy de izquierda que ya venía de sus padres, refugiados españoles. Él crece en suburbios de París, donde desde su juventud le toca ver un poco la exclusión de las segundas generaciones de los trabajadores que llegan de África del norte. Entonces, era algo que él conocía muy bien. Tenía una sensibilidad muy fuerte hacia esos países que habían sufrido la pobreza. Él optó por esa mirada y esa es la que cuenta. No se trataba de un trabajo periodístico.”
El documental se proyectó en varios festivales, “en los cuales ha impactado mucho porque el público sufre a lado de los protagonistas”.
--No muestra actos violentos de los maras, ¿por qué?
--No quiso. El documental es una visión totalmente humanista de los maras, por eso hace que sea tan fuerte verlo. No quiso grabar actos violentos y, además, fue un contrato moral que hizo con ellos. No querían que la cámara, como suele suceder de pronto dentro de los reportajes, exaltara un poco a los que están allí o que están jugando para la cámara. Él nunca quiso eso.
“Y en la edición, Christian no quiso poner ningún plano que pudiera incriminar a los que salen en la cinta, a ninguno se les ve cometiendo un acto ilegal para que no fueran apresados.”
Poveda les mostró La vida loca a los maras, quienes no encontraron nada reprobable, “la vieron con mucha emoción y tristeza, porque a muchos de ellos ya los habían asesinado”.
--¿Qué opina de que haya filmado a los maras y un año después lo asesinaran los mismos maras?
--Evidentemente que su muerte está ligada a esta película, es un hecho. Sin embargo, las circunstancias de su muerte son poco claras. Sólo sé lo que he leído en la prensa. Hay un policía detenido, el que le dijo a la pandilla que Christian estaba dando información, y Christian nunca dio información a la policía. Fue para él una regla no poner ningún plano donde se comprometiera negativamente a alguien de la pandilla”.
El realizador planea, junto con los otros productores, crear un libro de fotos.
El documental se estrenó en Francia en septiembre de 2009. Ahora Maillé desea que La vida loca se vea, porque era muy importante para Poveda.
En el Distrito Federal, La vida loca se proyecta en los cines comerciales con 13 copias, que después recorrerán el resto de la República Mexicana.

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