Arribita del río

miércoles, 10 de noviembre de 2010

MÉXICO, D.F., 10 de noviembre (Proceso).- Oriundos de Playa Vicente, al sur de Veracruz, “en el mero corazón del llamado Sotavento y donde la selva revienta en aguaje, el río en mar y la sierra en llano”, Los Soneros del Tesechoacán estuvieron en la capital mexicana para presentar su segunda producción discográfica Arribita del río, título también del segundo documental que protagonizan y que ofrecieron durante una función especial del 5to Festival Internacional de Cine Documental en Ciudad Universitaria.

Con guía de don Higinio El Negro Tadeo, de 92 años de edad, y de Quintiliano Durán, de 70, Los Soneros del Tesechoacán integran en su proyecto cultural comunitario a jóvenes músicos que inyectan ímpetu y frescura a la sabiduría y el conocimiento de la tradición sonera, bajo la coordinación y mediación de Arturo Barradas, de 46 años, quien señaló a Proceso acerca del mágico hilo ancestral que une a varias generaciones:

“Resulta que las comunidades de esta zona antes se comunicaban mucho y entonces, por ejemplo, el bisabuelo del Pipo era amigo de don Higinio y Bonga; los papás de Quintín y Macario, amigos, etcétera. Existen lazos de afinidad muy cercanos que brincan de una generación a otra cuando resultan ser músicos todos. 

“Eso aliviana el asunto de la tolerancia del músico mayor hacia el chamaco y también el hecho de que en medio estuviera yo, que toqué con la última parte de la vieja guardia, por así llamarle, del son de esta región y que puedo ayudar a los chamacos a entender los dones.”

Arribita del río conjunta en un mismo empaque el CD y el DVD de Los Soneros de Tesechoacán. El video fue dirigido por Antonio Muñohierro y muestra el proceso de grabación del disco, así como las impresiones de los integrantes a lo largo de ya casi 10 años desde que comenzaron.

“El documental versa sobre el proceso que llevamos como proyecto, pero con la opinión de todos. También habla un poco de lo diferente que vemos ahora eso que hacemos de aquello que iniciamos hace ya muchos años, y refleja las preocupaciones o gustos que cada quien tiene dentro para hacer esta música, es como un retrato de nosotros, nomás que platicado.”

La grabación del CD estuvo a cargo de Leonardo Heiblum, quien en lugar de meter a los músicos a un estudio de grabación “profesional”, viajó a Veracruz para captar la esencia natural que tiene el son interpretado en su lugar de origen: en el rancho, junto al río.

El resultado es un sonido orgánico que revela al son como es, el son tocado por quienes tratan de conservarlo tal como lo era en sus orígenes, músicos que estuvieron ahí cuando el son fue la música más importante de la región, cuando las familias se reunían a cantar en tardes de hamaca y todo era fandango. Concluye Arturo Barradas:

“Considero que, por un lado, es necesaria la revaloración de la música mexicana en general, dejar de verla como mero folclor y estudiarle su riqueza armónica y esas otras cosas que los que saben música entienden y buscan. Pero creo que se ha exagerado en el arreglo y las fusiones, se ha dedicado mucho esfuerzo a eso y mucho menos a recuperar y enseñar las formas propias de cada microrregión del estado.”

Uno de los grandes esfuerzos de Barradas y Los Soneros del Tesechoacán es que cada año, principalmente con el apoyo de los habitantes de Playa Vicente, organizan el Festival del Tesechoacán, al que  invitan a presentarse a todos los soneros de la región, famosos como el grupo Mono Blanco e incluso grupos de rock y compañías de teatro. 

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