"Confesiones de un sicario", de Gueilburt

lunes, 22 de noviembre de 2010

MÉXICO, D.F., 22 de noviembre (Proceso).- ¿Cómo es un sicario? ¿Dónde y por quién es entrenado? ¿A qué estructuras de organización criminal pertenece? ¿Cuál es su modo de operación? ¿Cómo mata y se prepara para un asesinato? ¿Cuáles son los riesgos de un sicario y es posible abandonar esa vida? 

Todas las respuestas a esas preguntas se pueden encontrar en el documental Confesiones de un sicario, asegura su director, el argentino Matías Gueilburt, quien a través de la productora Anima Films, ha efectuado diferentes largos en México para cadenas de televisión, cubriendo asuntos como los narcocorridos en la frontera con Estados Unidos y que en 2009 fuera nominado al Emmy por Pancho Villa aquí y allí, narrado por el escritor Paco Ignacio Taibo II.

Confesiones de un sicario es una nueva producción original de Infinito (el canal de paga de Turner Latin América, basado en el género documental de  investigación) que estrenará el miércoles 24 a las 21 horas, y se repetirá sólo el sábado 27 a medianoche.

“Realizar este trabajo con testimonios de tres sicarios retirados fue una experiencia muy fuerte”, manifiesta Gueilburt, quien también produjo y trabajó junto con Fito Páez en la dirección de la película ¿De quién es el portaligas?

Según Infinito, con Confesiones de un sicario –cuya duración es de una hora– propone a su audiencia (conformada por 22 millones de suscriptores en toda Latinoamérica) entrar al mundo de los asesinos a sueldo, la violencia y la situación del crimen organizado en México. Para ello, presenta a tres exsicarios, quienes hablan de lo que fueron e hicieron, y a distintos especialistas, investigadores y periodistas que analizan los momentos de esos personajes.

El documental sintetiza que, debido al cese de operaciones de los cárteles de drogas de Medellín y Cali, en Colombia, las organizaciones ilícitas de narcóticos en México comenzaron en los años noventa a dominar el total del mercado de los estupefacientes de Estados Unidos. Felipe Calderón inició “una lucha contra el crimen organizado con el uso de las fuerzas de seguridad, policías y agentes desplegados en 18 estados del país”. Acentúa la película:

“Los arrestos de algunos líderes importantes de los cárteles y la gran militarización del territorio mexicano provocaron una respuesta violenta por parte de las organizaciones criminales. Treinta mil personas han sido asesinadas y la batalla se ha convertido en una guerra que ha manchado de sangre a las ciudades y pueblos del país, a manos de sicarios y policías.”

No obstante, se hace hincapié que ahora los sicarios “son los encargados de sembrar muerte y terror en las calles de México”. Gueilburt califica al documental Confesiones de un sicario “como asombroso y tenebroso sobre una profesión no común ni legal”. Además, cree que ayudará a comprender “uno de los fenómenos sociales más violentos del mundo”, desde una perspectiva diferente: “la mente de un asesino”.

Dicho documental surgió a través de muchos años de filmar él en México, “y de alguna forma empezamos a pensar en el protagonismo del que ahora gozan los sicarios en la vida cotidiana de la República Mexicana, en los medios informativos electrónicos, los periódicos y en la gente misma”.

Las primeras interrogantes que le surgieron al director fueron: ¿quiénes son esas personas?, ¿cómo llegan a ese trabajo?, ¿qué los motiva? Y Señala:

“También quería saber si hay patologías o características sociales que los unen y cómo sería escuchar una confesión de algún sicario, que no estuviera ligada solamente al conflicto del narcotráfico porque no queríamos crear un documental sobre un cártel u otros cárteles; el punto central era la psicología de estas personas, adentrarnos a su mundo, y allí surgió este trabajo con testimonios de exsicarios.”

 

Dureza testimonial

 

–Llama la atención que se escuchen las preguntas que les efectúan a los esbirros. ¿Fue a propósito?

–Creímos que todo funcionaría con una especie de interrogatorio. Y sí quería que se escuchara la voz con las preguntas, para que el espectador percibiera que era una especie de diálogo. Tuvimos sesiones muy largas de casi seis horas diarias para tratar de dilucidar y “comprender” un poco quiénes eran esas personas.

Según varios diccionarios de derecho, un sicario es un asesino a sueldo o una persona que mata por encargo a cambio de un precio. 

“Es una figura conocida por el derecho romano que reguló especialmente su condena penal, por la particular crueldad con que se conducían esos asesinos, mediante la lex Cornelia de sicariis et veneficis (Ley Cornelia sobre apuñaladores y envenenadores) del año 81 antes de nuestra era.”

Su nombre latino proviene de la sica, puñal o daga pequeña, fácilmente ocultable en los pliegues de la toga o bajo la capa. Su actividad estuvo vinculada en principio a la política, actuando en las asambleas populares, particularmente durante el peregrinaje al templo, cuando apuñalaban a sus enemigos (contrarios políticos de sus amos, o clientes de ellos) lamentándose después del hecho para escapar de la detención. Literalmente sicarius significa “hombre-daga”. 

–¿Cómo logró conseguir a tres exsicarios? 

–No fue difícil porque con tantos años de trabajo (Anima Films fue fundada en 1997) hemos conocido muchos productores y periodistas en México, uno se va vinculando... 

“Empezamos a contactar a gente que quisiera hablar, muchas estaban dispuestas y luego desaparecían. Eso llevó muchos meses. Hicimos reuniones en varios estados, quería encontrar diferentes perfiles. Todo lo efectuamos con mucha precaución y cuidado porque la persona debía haber sido exsicario. Estos tres me encantaron.”

Detalla que en Confesiones de un sicario está muy clara la psicología y los orígenes de esa gente:

“De alguna u otra forma entran a una organización delictiva y cometen hechos que uno ve ya cotidianamente en México: atrocidades casi pornográficas de violencia. Para todos los que estábamos en la filmación, productores, eléctricos, yo como director, mucho equipo de trabajo, fue muy duro. Escuchábamos con muchísima atención, y en ciertos momentos había una atmósfera de miedo porque no era fácil estar con una persona en un lugar a las afueras de una ciudad, hablando de situaciones tan violentas que hizo en su pasado no muy lejano.”

El aporte del filme “es que hay una reconstrucción muy grande de lo que es la personalidad de tres exsicarios con patologías diferentes, uno se metió a una religión, otro sigue padeciendo sus propios fantasmas, en fin”.

–Luego de su experiencia con el documental, ¿cómo definiría a un sicario?

–Es difícil olvidar que son personas que han cometido delitos muy grandes, eso lo lleva uno por delante; pero lo que percibí es que tienen que ver mucho las infancias, es una etapa clave: hay situaciones de abuso, abandono, de soledad, sobre todo. Uno de los entrevistados especialistas y un exsicario hacen mucho hincapié en los nini, esta gente que no estudia ni trabaja, y que son caldo de cultivo muy grande para esta función delictiva.

“En México existe la idea de que sólo se puede ser exitoso teniendo dinero, un buen carro y mujeres, aunque sean parte del delito. No puedo ubicar a un sicario como una víctima, de ninguna manera: existen otras personas con las mismas condiciones de infancia y de abandono, que no se dedican a eso.”

–¿Entonces el sicario no es una víctima de la sociedad?

–El sicario es, ante todo, una persona asesina. Sí hay características y patrones en nuestras sociedades que de alguna forma (no sé, no soy sociólogo ni político) no alientan a su pueblo, y muchos de sus habitantes se orientan hacia esa situación. Uno de los especialistas dice que cada sicario que cae ya tiene sustituto; es una problemática muy delicada.

Sin embargo, la película no refleja el vínculo del sicario con el poder político, y Gueilburt aclara que el documental “no iba sobre eso”:

“Uno de los  exsicarios dijo que tuvo una liga con el mundo político, pero no me importaban los nombres, no era lo principal, no cuentan detalles, no era el objetivo. Se trataba de conocer a estos señores detrás de los cuernos de chivo, de un cuchillo. Cuando hablamos con ellos les comentamos que no iban a tener ningún tipo de censura, pero sólo conversamos con ellos para entender más el fenómeno.”

Opina que los exsicarios al ser cuestionados, “tuvieron una especie de catarsis, un sicario o exsicario, ¿con quién puede hablar? Con nadie, no pueden. Tienen que tener oculta su identidad, entonces, sacaron muchas cosas que tenían guardadas, todos los horrores…”.

–¿Les inquirió si se arrepentían de algo?

–Sí. Uno de ellos dice que sólo se arrepiente de no haber matado a su jefe. Yo esperaba otra respuesta, allí comienza uno a entender que el que está sentado allí es un asesino. 

“Deseamos que el público escuche a esos personajes con una realidad monstruosa y dura, para que la sociedad ya no los haga protagonistas y busque otro referente.”

–¿Es una problemática en la que todo joven puede caer?

–Exacto. Hay un caldo de cultivo muy grande. Ven que eso es lo único que pueden hacer y, la verdad, esa no puede ser la esperanza de un pueblo ni de México, Argentina, Brasil, Colombia, Perú, de ninguno.

“El sicario es una problemática que esta allí, y ojalá se resuelva pronto para el pueblo mexicano”, finaliza Gueilburt.

 

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