El cine debe hacerse en el país propio: Saura

lunes, 29 de noviembre de 2010

El director de una cuarentena de películas, como Ana y los lobos; Elisa vida mía; Carmen; Tango; Flamenco, Flamenco, y Salomé, nacido en Huesca en 1932, recibió el premio Luis Buñuel. En entrevista con este semanario, se refiere al buen momento por el que atraviesa el cine mexicano, pero también opina que “da un poco de pena que la mayor parte de los mexicanos se vayan a trabajar al extranjero”.

MÉXICO, D.F., 29 de noviembre (Proceso).- Marcó a toda una generación en la etapa final del franquismo con películas inolvidables, como Ana y los lobos y Cría cuervos, y luego vino la etapa de la música y el baile. Durante su visita a nuestro país, donde, junto con su con su colega Julio Medem y el actor mexicano Pedro Armendáriz, recibió el premio Luis Buñuel en el marco de la Tercera Muestra de Cine Español Es.Cine 2010, se le pregunta al cineasta hispano Carlos Saura:

–En las últimas películas da la impresión de que prescindiera de las palabras. ¿Hacia dónde va su cine, qué quiere?

–Me ha hecho una pregunta que yo no podría contestar. Debería contestarla usted. ¿A dónde va uno? Uno no sabe dónde va, uno va donde las circunstancias te van llevando.

–Pero sí hay una cierta tendencia en ese sentido, ¿no es así?

–Cuando hice mi primera película musical fue para mí un descubrimiento fantástico. A mí me gustaba mucho la música, mi madre era pianista, he escuchado música clásica toda mi vida, pero siempre me ha gustado mucho la música popular, yo soy un fanático de la música popular mexicana, argentina, portuguesa o caribeña. Esa película me dejó con mucha curiosidad, y cuando tuve la oportunidad me di cuenta de que era un género que se trataba muy mal e intenté hacerlo con una forma distinta, con una especie de paño semitransparente, donde no hubiera un objeto, nada que perturbara a los artistas.

–En Goya eso es muy claro.

–He ido evolucionando en Goya, en Tango, y a partir de allí fue una cosa inesperada el éxito que tuvo esa película en el Festival de Cannes que pasó por el concurso, una verdadera locura, y de ahí el productor me dijo: “Oye, vamos a hacer otra película”. Le propuse Carmen, él la produjo y luego películas musicales en estado puro en el sentido de que no tienen argumento, Flamenco, Iberia. O sea, que si hay una propuesta para hacer un musical, si es interesante, lo hago, porque lo disfruto tanto, con artistas tan maravillosos que tienes a tu disposición. Pero eso no quita que siempre tenga un proyecto para hacer alguna película de ficción. La última que hice fue El séptimo día, y siempre hay un proyecto. Lo que pasa es que es más fácil para mí ahora y para los productores y todo mundo hacer un musical. Entonces me gusta.

–¿Hay siempre y sobre todo una intención estética?

–Es que el musical, como yo lo veo, permite una experimentación que no permite el cine de ficción; éste se encuentra muy fijado a la historia, a los actores, a los escenarios, se puede jugar, pero hay un límite muy grande, por ejemplo en la luz. Los experimentos también son peligrosos, no puedes cambiar mucho las cosas porque se nota artificioso. En cambio en un musical, en un baile, se puede iluminar, cambiar algo, mover la cámara, hacer lo que te dé la gana, es una libertad maravillosa.

–¿Pero piensa que se deba abandonar el discurso en torno a la sociedad, a la cuestión que se está viviendo?

–No, lo que pasa es que yo dejo esa parte del cine a los jóvenes, por razones sencillas: No estoy seguro, pero quizás ellos conozcan mejor la realidad que yo, porque tengo siete hijos y he visto toda la evolución, pero es que a mí el cine costumbrista, del chico que conoce a la chica, no me interesa nada. Un cine más comprometido es un cine más difícil de hacer y tendrían que ser temas muy puntuales, y que uno conociera profundamente, y no es tan fácil. Siempre estoy abierto, es una posibilidad, pero los jóvenes están obligados a hacer ese tipo de cine porque es su vida, la vida de ellos.

–Usted, que ha visto evolucionar el cine español, ¿cómo ve el actual?

–Cuando empecé en el 59 con Los golfos ya era imposible hacer el cine español que uno quería (y se hacían 200 películas, ¿eh?), era difícil hacer una película que te gustara, parecía imposible, y ahora es igual, cada vez que veo el cine español es lo mismo. El cine español está fatal, es un desastre, pero siempre hay cinco o seis películas estupendas. Estará fatal pero yo sigo haciendo películas, algunas magníficas, otras regulares y otras no tanto.

–¿Cuáles son sus cineastas preferidos?

–No lo digo porque siempre hay un problema con eso ¿no?, pero de los que están arriba, Almodóvar, Amenábar, Julio Medem, que lo admiro mucho, lo quiero mucho, pero hay fácilmente una docena de directores españoles magníficos. Hay un poco de todo, lo que pasa es que está en crisis, pero bueno, siempre ha estado en crisis.

–¿Conoce el cine mexicano actual?

–Poco… Está en un momento estupendo. Lo que pasa es que te da un poco de pena que la mayor parte de los mexicanos se van a trabajar al extranjero. Me parece muy bien que se haga cine en Estados Unidos, no tengo ningún inconveniente, hay películas estupendas, pero siempre me da un poco de pena eso, como con los actores españoles. Cuando han triunfado Bardem, Penélope Cruz, en Estados Unidos, pues muy bien, no sé cómo decir… No es ese el sistema, es un camino para ser conocido, ser famoso, ganar dinero, salir en revistas, pero no sé. Yo siempre he pensado que el cine hay que hacerlo en los países con una cultura similar, y a mí la cultura americana, que la admiro mucho porque yo he podido hacer cine allí y no lo he hecho… para mí está un poco alejada, hay que vivir en Estados Unidos para eso. Si uno vive en Estados Unidos, sea mexicano, español o finlandés, es igual, al cabo de los años se adecua a esa forma de vivir.

–Y en cuanto a este cine comprometido que le quiere dejar a los jóvenes, ¿de todas maneras da la tentación hablar de las cosas que están pasando ahora en el mundo?

–Yo pienso que hoy en día el camino para contar esas cosas es más el documental que el cine de ficción, y más auténtico y más posible que sea creíble… las entrevistas, el material, informarse, la hambruna, Haití, qué va a suceder el día de mañana en el mundo, la astronomía; yo creo que es un camino formidable, eso es un camino mejor que la ficción a menos que se tenga mucho talento y se reinvente una forma de contar eso, que se puede, pero ya no se puede contar como una película realista, porque entonces va a parecer documental entre más realista lo sea.

 

Remembranzas

 

–¿Cuál fue su resorte fundamental para hacer cine?

–Mi recuerdo es de cuando era un niño y comenzó la guerra española, tenía cuatro años cuando empezó, y siento que no terminó, pero lo que puedo decir es que me aficioné a la fotografía muy joven, con siete, ocho años comencé a hacer fotos, me interesó mucho eso y lo he mantenido hasta ahora como una especie de ejercicio visual, mental de estar siempre en eso. Tengo libros de fotos, me gusta mucho, de la tecnología, la técnica, tengo más de 600 cámaras en mi casa que colecciono, es un mundo. He sido fotógrafo profesional, intenté hace un libro que nunca hice porque para hacerlo (en los años cincuenta, sesenta) pensé que era mejor hacer un documental y crucé al cine, hice un documental llamado Cuenca, de la región de Cuenca, y cuando lo hice pensé que lo que me gustaba más era contar historias, y mi primera película se llamaba Los golfos, una evolución bastante lógica de la fotografía al cine documental y de ahí al cine de ficción, y ahora mis películas musicales no sé si son documentales o de ficción, no lo sé, me da igual.

–¿Qué es lo que más le ha satisfecho?

–En el cine se reúne todo aquello que más me gusta, me gusta dibujar, me gusta la fotografía, la pintura, soy un apasionado de la música, el baile, la escenografía, la interpretación de lo que es el teatro, escribir guiones, contar historias, todo es maravilloso. El que haya podido hacer ya más de 40 películas, yo no me lo creo a veces, no quiero ni mirar para atrás, porque me pierdo un poco.

–¿Que representa este premio?

–Pues sobre todo este homenaje es por Buñuel, ¿no? Si fuera un homenaje normal, pues muy agradecido, una maravilla, pero el hecho de que sea con el nombre de Luis, que era un gran amigo mío, no sólo un director querido y admirado (yo siempre lo digo), quizá más que director admirado era un amigo entrañable, conversaba con él horas y horas, comidas juntos, habernos emborrachado juntos… tanto en España, Francia y México. Hice aquí una película, Antonieta, y vino a mi rodaje, luego comí en su casa, y poco tiempo después murió. Ya estaba muy viejecito, pero tuvo el valor de venir a verme al rodaje de la película.

–¿Qué le aprendió a Buñuel?

–Muchas cosas, sobre todo que había que utilizar la imaginación. Yo lo sabía porque en España hubo una época donde las izquierdas eran tan izquierdas que solamente se podía hablar de un realismo socialista. Yo soy de izquierda, así que no hay problema, pero pensé que era una limitación; de todo lo que uno podía hablar era de los problemas de los proletarios, de la política (está muy bien, no hay cuidado), pero yo decía “bueno, sí, pero hay algo más que eso”. Y claro, para mí el ejemplo era Luis, que podía contar historias más allá dejándolo a la imaginación, eso de tener la mente mucho más abierta… Y en ese sentido él estaba conectado con toda la literatura española, que eso se ha dicho pocas veces, con Quevedo, con Lope de Vega, con Cervantes. Esa comunicación, ese juego de dobles personalidades, no sé. Hay frases de Gracián que las ha utilizado Luis en imágenes, ¿no?

Concluidos los escasos 15 minutos (debe ir a una conferencia de prensa), el cineasta tiene otra conversación, pero ahora con el fotógrafo Octavio Gómez. Por cinco minutos intercambia con él puntos de vista.

“¿Sabes qué decía Bernard Shaw? Que los fotógrafos eran como los bacalaos, que ponían miles de huevos y solamente dos o tres salían –dice el cineasta.

–Es la culpa de las cámaras digitales –repone Gómez.

–No, no, es una broma. Pero sí, la fotografía ha perdido algo de reflexión. Claro que los profesionales saben lo que tienen que hacer. Pero no es una crítica, ¿eh?

Y toca problemas técnicos: velocidad, luz, peso.

–¿Qué lente prefiere utilizar? –le inquiere Gómez.

–Cuando viajo, como pesan tanto, llevo una Canon 550, estupenda. También llevo una Lumix, la más pequeña.

–¿Y la cámara que más le gusta?

–La Canon 5D Mark II, pero pesa mucho.

–¿Por la rapidez?

–Por todo, por todo.

Al final, Carlos Saura le hace una fotografía. l