Un "Marcelino pan y vino" en la época zapatista

lunes, 13 de diciembre de 2010

Así como en 1955 Marcelino pan y vino actualizó para la literatura y el cine españoles una triste leyenda de orfandad, escrita en la Edad Media por el rey Alfonso X El Sabio, toca el turno al cine nacional filmar en la hacienda de Tlachaloya, cercana a Toluca, una nueva versión de la historia del cineasta venezolano José Luis Gutiérrez Arias, y de Mikel García Bilbao, guionista de este remake “puesto al día”, lo cual equivaldría a despojarlo de su temática religiosa.

MÉXICO, D.F., 13 de diciembre (Proceso).- Aunque saben que las críticas les lloverán, el realizador José Luis Gutiérrez Arias y el productor y guionista Mikel García Bilbao corrieron el riesgo de filmar el remake de la película española Marcelino pan y vino, del húngaro Ladislao Vajda, la cual causó sensación en 1954 y se convirtió en uno de los mayores éxitos comerciales en la historia del cine internacional.

Los dos defienden el nuevo proyecto:

“No es un largometraje religioso. No queremos adoctrinar, es una cinta familiar para entretener”, asegura el realizador.

Primeramente, el cuento infantil Marcelino pan y vino (escrito por el madrileño José María Sánchez-Silva) se convirtió en un clásico de la literatura, y luego, con guión de Vajda y del mismo Sánchez-Silva, del cine. Fue una cinta protagonizada por el también madrileño Pablito Calvo, quien a los seis años se convirtió en el niño más famoso de esa época.

Hoy vuelve a la pantalla grande Marcelino pan y vino en versión mexicana, interpretada por Mark Hernández, que en el rodaje sólo contaba con cinco años (en octubre pasado cumplió seis); a diferencia de la original que se desarrollaba durante la intervención francesa, el nuevo filme se ubica en el marco de la Revolución Mexicana.

Sus creadores aclaran que nada tiene que ver con el festejo “del centenario de nuestra guerra civil”. 

Sin embargo, la anécdota es la misma: un niño llamado Marcelino es abandonado desde bebé en la puerta de un monasterio de frailes franciscanos, quienes, al ver la imposibilidad de entregarlo a alguna familia, deciden criarlo en el lugar.

Quality Films lanzará Marcelino pan y vino el viernes 17 en toda la república, con 300 copias. Si hay buena respuesta del público, el sábado 25 se integrarán 50 copias más, y el 30 del mismo mes se agregarían otras 50, para completar 400.

Actúan: Ángeles Cruz, Waldo Facco, Gerardo Moscoso, Gastón Peterson, Teresa Ruiz, Alejandro Tommasi y Jorge Lavat, entre otros. Los productores: Agustín Pérez Santiago y García Bilbao, con las compañías La Otra Banda Films y Lob Films.

 

Sólo pan y sólo vino

 

Gutiérrez Arias ha filmado dos thrillers violentos, Todos los días son tuyos y Abril y mayo, pero ahora quiso “laborar con el género familiar”:

A decir suyo, Marcelino pan y vino es una iniciativa de los productores García Bilbao y Pérez Santiago, y él fue invitado. Resalta que los productores desean efectuar en México “un cine más cercano al industrial, al comercial, es decir: películas que tengan inversionistas y que éstos tengan la garantía de recuperar”.

Una vez que el proyecto estaba conformado y ya hechas las negociaciones para financiarlo, Gutiérrez Arias les pidió que el largometraje realmente tuviera un buen estándar de calidad:

“Que no por el sólo hecho de llamarse Marcelino pan y vino pensaran que ya teníamos la taquilla ganada, y tuviéramos una producción mediocre; de otra manera, no aceptaría el trabajo de dirigir. Y estoy muy conforme con lo obtenido.”

–¿Por qué aceptó?

–Realmente, porque me dieron un voto de confianza. El hecho de que me ofrecieran un filme como tal, diametralmente al otro lado de lo último que venía haciendo, de entrada se me hizo interesante. Ellos fueron muy claros. Les gustó mi narrativa de Todos los días son tuyos. Querían un largo que se contara de esa forma tan fluida. Ellos esperaban esa claridad en Marcelino pan y vino. Y, sobre todo, que me clavara mucho a darle una personalidad mexicana para sacarla del contexto del original.

El guión lo efectuó García Bilbao donde estaba insertada la Revolución Mexicana:

“Me di cuenta de que no sería un refrito del Marcelino pan y vino original. Ahora el niño Marcelino enfrenta situaciones dramáticas mucho más realistas ante la Revolución... Hay un cierto contexto que, sin hacerla una película violenta, deja ver el grado de tensión y miedo que había entre la población civil en ese tiempo.

“Yo respeto mucho la versión original, se me hace una cinta maravillosa, trascendental, hermosamente filmada, pero también estoy consciente de que tuvo su público y su propia narrativa de acuerdo a la época. Pero en nuestro tiempo yo no podría hacer algo así, y traté de darle una personalidad y hacerla muy contemporánea al discurso de las familias, e igual de los niños, quienes ya están acostumbrados a ver otro tipo de cine.

–¿No le influyó la versión original? 

–No la había visto desde hace muchos años, y la volví a ver una sola vez, pero simplemente me aboqué a la adaptación del nuevo guión y me fui sobre esa línea. Me preocupé más por aspectos que le dieran verosimilitud y realismo al relato.

Por ejemplo, el realismo histórico. 

“Les pedí a los productores que contratáramos un historiador, al doctor Pedro Salmerón, quien nos definió perfectamente la zona geográfica donde filmamos: Toluca, con el grupo étnico y mestizo que vivía en ese lugar, y los vestuarios de época. La historia se desarrolla entre 1912 y 1915, cuando los zapatistas estaban asentados en la zona del Valle de México, entre Toluca y Morelos. Digamos que ya habían ganado, pero los constitucionalistas empezaban a atacarlos y comenzó a hacerse dura otra vez la guerra.

“Todo eso me dio una tranquilidad y una garantía de que históricamente estábamos sostenidos, respaldados, aunque tampoco se trataba de hacer un filme didáctico.”

–¿Le preocupa la crítica?

–Estoy consciente de que habrá críticas en contra, y me queda claro que va a haber críticas de mucha gente que ni siquiera la irá a ver, pero hasta ahora nos ha ido muy bien en unas presentaciones privadas y han respondido muy bien a los trailers. 

–¿Considera religiosa su película? 

–No. 

“Pero temáticamente es innegable.  Sen-
cillamente es la historia de un milagro. La considero más un melodrama que narra la vida de un niño, ni siquiera la veo como una película infantil, ya que hay situaciones fuertes en la trama. El tratamiento de lo divino se da en el último tercio de la película; antes se muestra la cotidianidad de un convento de frailes franciscanos al cuidado de un niño, en plena Revolución Mexicana.”

–¿No teme que la Iglesia utilice el filme para su beneficio?

–No hay nada que se los impida si así lo quisieran, pero la película no se hizo ni remotamente con ese objetivo.

García Bilbao contactó a la dueña de los derechos del cuento, Reyes, hija de Sánchez-Silva, quien sólo puso como condición que se basaran en el relato de su padre y no en el largometraje de los años cincuenta.

“Nos dio una publicación que ella consideraba el texto bueno porque fue revisado por su papá”, aclara el productor. Expresa que ella ya vio la película. Y le gustó. Sin embargo, García Bilbao sabe que los puristas se enojarán. Chotea:

“¡Nos van a hacer picadillo y van a fabricar unas albóndigas muy ricas...! Si son puristas y fanáticos del filme anterior, nos van a hacer pedazos... Uno hace el trabajo lo mejor posible, le pones 200% de esfuerzo, y ya que lo sueltas no puedes hacer nada...

“No me puedo enojar porque digan que es una porquería o que es un refrito o que qué poca creatividad. La última palabra la tiene el público y ojalá le guste.”

–Si no es una película religiosa, ¿es entonces conservadora?

–Contamos la historia de un niño que habla con Dios. Sería yo un tonto si digo que eso no es religión, pero no queremos adoctrinar a nadie, simplemente es la historia de un niño que habla con Dios y ya. 

“Me imagino que las comunidades religiosas la van a ver con buenos ojos, pero no queremos ni ganar adeptos para la Iglesia ni nada por el estilo. Quisimos realizar una película familiar para que pasen un muy buen momento y nada más.”

 

Revoltoso Marcelino 

 

Mark Hernández no aparenta su edad, se ve más pequeño. Lo primero que llama la atención del rostro moreno son sus grandes ojos verdes. En la conversación con este semanario se muestra atento y serio. Ni nervios le dan:

“Me escogieron en un casting de más de 300 niños, y me quedé en el papel principal”.

Vio la primera versión de Marcelino pan y vino y le gustó porque el actor hace muchas travesuras. Relata que se aprendió todos sus diálogos “y no era cansado actuar”, porque “fue fácil fingir”. Además, se llevó bien con el resto del elenco.

–¿Qué te decían o aconsejaban los actores?

–En realidad, yo los aconsejaba. Era al revés. Les decía los textos porque siempre se les olvidaban sus diálogos. Los corregía. Siempre les chismeaba en el camerino.

Ya se vio en la pantalla grande y en un espectacular que montaron en el segundo piso del Periférico:

“Me siento bien, con emoción y alegría. Me impresionó verme.”

Alejandro Tommasi es el padre Guardián en la nueva cinta:

“Quién se resiste a actuar en un clásico tan importante como éste.”

–¿Está de acuerdo con los remake?

–Después de 50 años, sí. Si pasan 10 o 15, es muy pronto para repetir una obra...

Y optimista, el primer actor finaliza:

“Sin embargo, en teatro se hace; 50 años es suficiente para crear un ramake. Sobre todo, de un clásico tan importante como Marcelino pan y vino.” l

 

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