De 1910 al Teletón

domingo, 5 de diciembre de 2010

MÉXICO, D.F., 5 de diciembre (Proceso).- En las postrimerías del año del Bicentenario, la TV es espacio de fuertes contrastes: mientras que en algunos canales el Centenario de la Revolución Mexicana continúa como tema recurrente en la pantalla, en otros parece haber constituido sólo una fecha del calendario atendible temporal y acríticamente.

La lucha por erradicar una dictadura oligárquica, con toda su cauda de necesarias reflexiones frente a las realidades del México de hoy, parece ya un tema agotado para las grandes cadenas; éstas cubrieron el expediente para en seguida concentrarse en activar la maquinaria que venían aceitando desde hace meses y poner en marcha el evento que anualmente reporta a los consorcios mediáticos –sobre todo a la TV– significativos beneficios: el Teletón.

Como parte de una estrategia programática cuyo objetivo es el de crear proyectos que aporten “contenidos propositivos” (en esta misma línea, encabezada por Iniciativa México, Televisa transmitió en octubre el reality La expedición), el evento que congregó de nuevo a artistas y celebridades va más allá de su filantrópica fachada. Se inscribe en una tendencia de alcance que ha venido cobrando terreno en años recientes, de un creciente número de fundaciones empresariales o de voluntariado que, por propia cuenta, y en gran medida con cargo a una comunidad convenientemente “sensibilizada”, realizan actividades con fines públicos, en el contexto de un desplazamiento de la escena de la entidad gubernamental y en contrapartida de la predominancia de la acción privada, que desde una postura de supuesta solidaridad acaba tomando las riendas de asuntos donde la dirección corresponde a los organismos gubernamentales.

Estos, incluso, renuncia de por medio a su responsabilidad de atender a los sectores de la sociedad que requieren de apoyos para la atención de sus problemas, “colaboran” con esos empeños privados aportando recursos del erario, con los acuerdos políticos “pertinentes”.

Tal es el caso, por ejemplo, del gobierno del Estado de México, que a instancias de la aprobación, en noviembre pasado, de una iniciativa del Congreso local, se vio autorizado a extender hasta 2022 sus donativos a la Fundación Teletón con 73 millones de pesos anuales, con el argumento, presentado por los diputados del PRI, de que esos fondos servirían para garantizar el tratamiento de numerosos infantes en los Centros de Rehabilitación Integral Teletón (CRIT) instalados en territorio mexiquense.

Ello, aunque en esa entidad opera la oficina correspondiente del Desarrollo Integral de la Familia (DIF), encargada de atender a personas con discapacidad.

Es de esperarse que el despliegue propagandístico –verdadero bombardeo– que realizan los consorcios año con año, les reporte a éstos numerosos puntos en las clasificaciones como “empresas socialmente responsables”. Resulta innegable que la necesidad de atención de ciertos sectores de la población, especialmente el infantil, es urgente e inaplazable, pero la ruta para resolver tales problemas no habrá de provenir de la abdicación del Estado mexicano de tal responsabilidad, como tampoco de los medios o la televisión privada, en su pretensión por ocupar ese vacío y de paso aparecer como encomiables patrocinadores de la filantropía electrónica.

 

 

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