Rosario Castellanos... "Prendida de las lámparas"

martes, 16 de marzo de 2010

MÉXICO, D.F., 16 de marzo (Proceso).- Rosario Castellanos significa una presencia fundamental en las letras mexicanas del siglo XX. A 36 años de su muerte, podemos vislumbrar no solamente su trabajo como escritora, sino también su vida íntima. Dos aspectos que conviven en Rosario Castellanos de una manera contradictora y se muestran claramente en Prendida de las lámparas, escrita por Elena Guiochins y dirigida por Alberto Lomnitz, con las actuaciones de Blanca Guerra, María Inés Pintado y Haydeé Boetto.

La obra ubica el momento de la muerte de Rosario Castellanos en un desierto y se multiplica en un sinfín de escenas, como si las reviviera en un instante. El desierto de Israel, metáfora de la soledad y el desasosiego, es un gran arenero, diseñado por Alberto Lomnitz, donde el público puede estar sentado en las butacas o arriba del escenario. Colabora acertadamente a la construcción simbólica de la obra, pues los objetos enterrados aparecen, son usados y vuelven a desaparecer. La arena juega a ser vino y surge de la botella, es té y se mezcla con el dedo, es agua y electrocuta.

Tres sillas se vuelven mesa, son los asientos de un coche, de un tren, de una casa; existen de pie, acostadas, invertidas o enterradas. Así como los objetos adquieren diferentes usos, las actrices representan tres etapas de la vida de Rosario: Rosario embajadora, Rosario estudiante y Rosario niña, y al mismo tiempo se convierten en los distintos personajes de la vida de Rosario: la poeta Dolores Castro, su amiga de juventud; su madre, su padre, su nana, un policía…; su psicoanalista Raúl de la Fuente y Ricardo Guerra, su amor desesperado por el que pierde todo. Las actrices se muestran brillantes en su actuación y en su capacidad de salir y entrar de los múltiples personajes que interpretan.

La estructura de la obra de Elena Guiochins es fragmentaria y no lineal. Afoca la vida de Rosario en sus aspectos más íntimos, lo que enriquece al personaje, ya que su producción literaria y su ímpetu creativo se ve contrastado por su relación amorosa en la que ella se somete. Asume su degradación cotidiana donde no puede soportar el costo de ser una mujer “que sabe latín…”: la soledad. No puede conciliar, aunque se explica en parte por la época en que estaba viviendo, la coexistencia de su vida emocional y su vida intelectual. En la tesis de licenciatura de Rosario Castellanos, escrita a los 25 años, Estela Franco señala en su libro Otro modo de ser humano y libre que Rosario muestra su dificultad por aceptar a las mujeres como mujeres pensantes y las valora a partir de su maternidad. De ahí su culpa y devaluación.

En Prendida de las lámparas Elena Guiochins integra poemas de Rosario Castellanos dichos de manera natural y escenas dialogadas escritas por ella. Aunque la primera parte está cargada de poemas y lenguaje literario, que en momentos se hace pesado, después las escenas cotidianas y oníricas van agilizando el desarrollo, hasta llegar al final trágico, punto de inicio.

Prendida de las lámparas es una propuesta novedosa con una dramaturgia y dirección sólida que concluye temporada el 19 de marzo en la sala Villaurrutia del Centro Cultural de El Bosque.

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