Ciencia ficción a la mexicana

miércoles, 3 de marzo de 2010
MÉXICO, D.F., 3 de marzo (Proceso).- 2033 (México, 2009) no es la primera cinta mexicana de ciencia ficción si tomamos en cuenta la larga serie de películas de luchadores de los años sesenta y setenta, además de intentos más centrados en el género como los trabajos de Juan Bustillo Oro o Julián Soler (Platillos voladores, 1955), por destacar algunos. Lo que sí, probablemente (nunca faltará un pionero aún no reconocido) 2033 sea la primera cinta mexicana en plantear una distopía (sic) o antiutopía, cumpliendo los requisitos de este subgénero de ciencia ficción. No son monstruos, extraterrestres o mutantes los que invaden a la Tierra; se trata de proyectar una situación o una tendencia social y política del presente a un tiempo del futuro donde ciencia y tecnología se utilizan como instrumentos de un Estado totalitario. Se excluyen del posible canon cintas como El año de la peste (1979), a partir del guión de García Márquez y José Agustín, porque la situación que plantea este trabajo de Felipe Cazals, un brote epidémico, aunque también funcione como crítica social, es excepcional. La antiutopía, en cambio, supone un mundo total, a veces irreversible. Dirigida por Francisco Laresgoiti y escrita por Jordi Mariscal, 2033 se ubica en la Ciudad de México (Villaparaíso), en un futuro sin árboles y en pleno calentamiento global, habitada por una sociedad sometida a una dictadura militar que se vale de la tecnología y de una droga para mantener a todos como autómatas, principalmente a los trabajadores. Gracias a las revelaciones del padre Miguel (Marco Antonio Treviño), Pablo (Claudio Lafarga), un junior de la clase privilegiada, se une a un movimiento revolucionario de liberación de tendencia religiosa. La referencias a Un mundo feliz no son casualidad, el realizador se dice inspirado por Aldous Huxley; también se traslucen películas como Gattaca, La fuga de Logan, Blade Runner y hasta Romeo y Julieta en versión melodramática con la historia de amor entre Pablo y Lucía (Sandra Echeverría). El diseño futurista, creado por Javier Loaeza, estudiante de arquitectura de la UNAM, laberintos de enormes edificios con una máxima estilización de referentes de la arquitectura capitalina actual, es excepcional. Pero las referencias a la guerra cristera forman el verdadero corpus de la cinta. Laresgoiti pretende romper tabúes políticos con esta propuesta que claramente refleja la paranoia social de la actualidad mexicana. ¿Hasta qué punto los rompe, y qué camino abre? Está aún por verse. 2033 forma parte de una trilogía en proceso de elaboración, habrá que esperar que la visión crítica madure y el guión supere las fórmulas simplistas; el riesgo de la distopía es caer en el catastrofismo como forma de escape.

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