Omiten referencias a México en la muestra sobre Vargas Llosa

miércoles, 31 de marzo de 2010

MÉXICO, D.F., 31 de marzo (Proceso).- Cuando el escritor Mario Vargas Llosa se lanzó a la candidatura por la presidencia del Perú, Proceso le inquirió el porqué se había involucrado en la política militante. Y respondió:

“Nunca estuvo en mis planes, nunca me pasó por la cabeza.”

Eso sucedía en 1988.

Como la mayor parte de los intelectuales latinoamericanos, Vargas Llosa había sido hasta entonces lo que se conocía como un intelectual comprometido, un intelectual que utilizaba su destreza en el manejo del lenguaje y su cultura para defender las causas del pueblo. Miembro del Partido Comunista en su primera juventud, el narrador también se entusiasmó con el triunfo de Fidel Castro y la Revolución Cubana. Pero luego vino el “caso Padilla” y, para Vargas Llosa, Castro se volvió un hombre enfermo de poder que no admitía la crítica. El asunto del juicio al que fue sometido el poeta Heberto Padilla lo marcó como un hombre de pasión política.

Política y literatura son los dos polos sobre los que ha girado la vida de Vargas Llosa. “Mi vida como novela” podría llamarse su biografía, accidentada en muchos aspectos y que está colmada de grandes satisfacciones en el ámbito de la actividad intelectual. Vargas Llosa, el hombre que tenía un proyecto de vida y que lo cumplió a pesar de las adversidades y las desventajas de haber nacido en un país que carecía de lectores y de industria editorial. Ahora, en los salones del Palacio de Iturbide, patrocinada por la oficina cultural del Banco Nacional de México y organizada por la Pontificia Universidad Católica del Perú, se exhibe desde el 18 de marzo y hasta el 19 de abril una exposición que documenta la vida del intelectual peruano-hispano: Mario Vargas Llosa, la libertad y la vida.

A lo largo de la muestra se presentan las etapas de la vida del autor de La ciudad y los perros. Están las fotos de los comienzos, de bebé en la ciudad natal, Arequipa, y de niño en Cochabamba; luego vendrían los años de Piura, y la instalación en Lima. La aparición del padre que había abandonado a la madre cuando Mario era un recién nacido, y el paso por la academia militar Leoncio Prado. Están presentes todos los hechos de su vida que le inspiraron los temas de sus novelas. Aparece la tía Julia, mayor que él (y quien por cierto acaba de fallecer en Bolivia), su primera esposa, la cual le causaría un gran disgusto cuando se atrevió a publicar un libro de memorias para contradecir la novela La tía Julia y el escribidor.

Uno de los atractivos de la exposición es una foto que data de los años del boom latinoamericano de literatura, tomada en Barcelona, rodeado de amigos, donde sobresale Gabriel García Márquez, con quien a mediados de los setenta rompería para siempre.

Y es que el curador de la exposición, Alonso Cueto, decidió incluir los aspectos polémicos del escritor, bajo el criterio de que la falsificación es inaceptable. Por ello, no tuvo empacho tampoco en exhibir los primeros ejercicios de versificación del joven Mario, alguno titulado Tiempos aquellos:

 

Tiempos aquellos/ de la juventud./ Tiempos Aquellos/ en que se jugaba/ con un amor propio/ de la juventud.

 

A Vargas Llosa lo divierte mencionar aquel dicho de que todos los escritores comienzan siendo poetas. Pronto, él se dio cuenta de que la literatura no le había llamado por ese camino.

En la atractiva exhibición se reproducen algunas entrevistas con el escritor. En una con su coetáneo José Miguel Oviedo (al que no se da crédito), se refiere a una revista mexicana que alteraba su sistema hormonal: Vea, por contener fotos sicalípticas para la época. En otra, una charla filmada, el escritor habla de cómo se gestó su novela Conversación en la Catedral, y una proyección para un canal de televisión peruano recoge el famoso discurso que Vargas Llosa pronunciara en la plaza San Martín de Lima en 1987 (comienzo de su carrera hacia la candidatura) en el cual se manifestó contra la estatización de la banca que había decretado el presidente Alan García.

En ese discurso, Vargas Llosa mencionó al Partido Revolucionario Institucional. Desgañitándose casi, dijo que no quería para Perú el mismo destino de México. Cinco años antes, el gobierno del PRI, en la persona de López Portillo, había nacionalizado la banca. Para Vargas Llosa ya México era “la dictadura perfecta” (como lo diría con esas palabras en un programa de televisión del Encuentro de la Libertad organizado por Octavio Paz un par de años después), el país de la corrupción y la simulación. Pero en el famoso discurso (de cerca de una hora y 10 minutos), no aparece ahora la mención, las referencias a México han sido suprimidas.

Durante la mencionada entrevista de Proceso (septiembre de 1988), Vargas Llosa había hecho hincapié en el desagrado que le producía la situación política de México:

“He atacado al sistema mexicano, como usted sabe, en las plazas públicas del Perú, porque representa, a mi juicio, formas antidemocráticas de organización de la sociedad que yo no quisiera para mi país. Y cuando Alan García quiso estatizar los bancos, lo que quiso es introducirnos aquí un sistema semejante al del PRI, y yo salí a protestar porque tampoco quiero al PRI para el Perú.”

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