Sonora: El semillero de la danza

lunes, 19 de abril de 2010

HERMOSILLO, Son., 19 de abril (apro).- Resulta inverosímil que en el medio de un paisaje agreste y tan difícil de sobrellevar exista el principal semillero dancístico del país.
    Así es, sorteando temperaturas insoportables y un sol que parece quemar hasta los huesos, decenas de jóvenes han decidido dedicarse a la danza como actividad profesional y abarrotan diariamente el Teatro de la Ciudad para ver lo mejor de la danza internacional y nacional durante el festival dancístico “Un desierto para la danza”, que se inició el viernes 16 con la presencia del grupo Antares Danza Contemporánea, dirigido por Miguel Mancillas.
    Actualmente cinco coreógrafos sonorenses han ganado el preciado premio INBA-UAM; y las escuelas dancísticas se multiplican por montones en Sonora; en medio del desierto los fanáticos de la danza han encontrado su vergel.

Ladoalado
 Miguel Mancillas es un creador con características muy particulares dentro del gremio de la danza en México: Posee un vocabulario único que surge vívidamente de su imaginación y su propia capacidad de movimiento como intérprete; no utiliza la improvisación como base creativa de su trabajo; él mismo diseña meticulosamente el trazo y las frases coreográficas; y realiza amplias investigaciones --particularmente literarias— para analizar con profundidad la naturaleza de las emociones humanas y su expresión física
    Ladoaladao es un ejercicio coreográfico diseñado matemáticamente. Al contrario de sus experiencias anteriores, Mancillas optó por erradicar todo tipo de emotividad. Insistió en que sus bailarines encontraran sus propias motivaciones como resultado del movimiento.
    Caracterizados como una especie de figuras del comic, a manera de superhéroes, lo suyos son personajes que bajo un estricto diseño coreográfico reaccionan de manera realista a los estímulos que los rodean. El espectáculo dividido en tres escenas aleatorias es un experimento que implica el reto de lo impredecible y obliga a los intérpretes y a la diseñadora de luz a perder su lugar de confianza para adentrarse en un una alteridad compleja.
    A su vez, el espectador se ve obligado a inventarse su propia historia, a buscar dentro de sus propias emociones la respuesta a lo que sucede en esa otra ficción arriba del foro. Algunos se inquietan, otros se confunden, pero nadie sale ileso ante el aguijonazo de uno de los mejores creadores del país, que no concede, facilita o complace jamás al público.
    Además, no obstante lo interesante de sus espectáculos, la parte docente del coreógrafo --considerado uno de los diez mejores bailarines del siglo XX, en la publicación México, su apuesta por la cultura-- no es menos impactante: los bailarines que integran su compañía son formados estrictamente por él. En su escuela taller “Núcleo Antares” recibe a todos aquellos que quieran bailar, pasar un buen rato o simplemente hacer ejercicio. No importa si tienen cualidades físicas para hacerlo. En “Núcleo Antares” no se ofrecen títulos, diplomas ni nada. Quienes se incorporan lo hacen bajo la advertencia que bailar es una responsabilidad personal que va mucho más allá de aprender una determinada técnica.    

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