"Agosto"

martes, 20 de abril de 2010

MÉXICO, D.F., 20 de abril (Proceso).- Tres hermanas regresan a la casa familiar a causa de la muerte de su padre alcohólico para acompañar a su desesperante madre adicta a los medicamentos, y de ahí se desatarán su sinfín de conflictos construidos dramatúrgicamente por el estadunidense Tracy Letts como una montaña rusa. El humor negro es el catalizador de tamañas tragedias que, aunque en esta situación salen a la luz progresivamente y sus dimensiones son espectaculares, hacen evidente una serie de problemáticas que cualquier familia “normal” vive subterfugiamente. Porque, ¿qué es la normalidad?, ¿a qué se le puede llamar una familia disfuncional? Una cosa es que se manejen abiertamente, en este caso a raíz de una coyuntura fatal, como es la muerte del padre, y otra a que existan en secreto.

Agosto. Condado Osage es una obra con una estructura llena de giros dramáticos que el autor sabe armar hábilmente. Con varios premios de por medio, su éxito en Broadway e innumerables presentaciones en Londres, Argentina, Puerto Rico y ahora en México, mantiene una tensión permanente a pesar de su extensión y un agotador primer acto. El director y adaptador Jaime Matarredona logra un trazo escénico dinámico, donde resuelve muy bien, a partir de acciones, las transiciones y cambios de tiempo, pero fracasa ostensiblemente en la dirección de actores, tan irregular no sólo de un actor a otro, sino en diferentes momentos dentro de una misma interpretación.

Arsenio Campos, en el papel del padre, con una breve pero fundamental intervención, y Raquel Garza, como la hermana de la madre, están sobreactuadísimos y son completamente exteriores. La sonorización en el estudio del padre no beneficia al actor, pues el volumen está mucho más alto que en otras zonas del foro. Lilia Aragón, como la madre y Blanca Guerra como la hija mayor, son las actuaciones más sobresalientes: con matices, problemáticas internas y evolución de su personaje, aunque Lilia Aragón inicia su participación demasiado forzada y se excede en la morcilla y gags humorísticos, sobre todo con el recurso de las malas palabras, excesivas además en toda la obra.

Las rencillas acumuladas en esta familia se convierten en una batalla campal a lo largo de la obra. Salen a la luz la historia de cada uno de los integrantes y el espectador va desenredando una madeja llena de sorpresas para armar fácilmente el rompecabezas: corrupción, separaciones, definiciones sexuales, conflictos maritales, traiciones. Todo un estuche de monerías que en Agosto se vuelve una caja de Pandora en el teatro San Rafael los fines de semana.

 

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