González Morantes y su filme sobre el Fobaproa

martes, 20 de abril de 2010

MÉXICO, D.F., 20 de abril (Proceso).- En el cine mexicano no hay censura, dice el realizador Carlos González Morantes, de quien el viernes 23 llegará a cartelera su cuarto largometraje, Crepúsculo rojo, “metáfora” de uno de los sucesos más vergonzosos de la historia de México: el atraco que hizo el gobierno a través del Fobaproa (Fondo Bancario de Protección al Ahorro) en 1994 y que se endosó a la ciudadanía.

“No, no hay censura –puntualiza–, porque no es necesario, te mandan morir de otra manera...”

¿Cómo?

Simplemente programan una película mexicana a las 10 de la mañana y la otra función a las 11 de la noche, o la ponen en cines distantes, inaccesibles, “y eso porque a los exhibidores no les queda de otra, si por ellos fuera...”.

Con tres largometrajes en su haber: Tómalo como quieras (1971), Derrota (1985) y El otro crimen (1986), el director regiomontano egresado del Centro Universitario de Enseñanza Cinematográfica de la UNAM, y luego en ella jefe del Departamento de Cine y director de Actividades Cinematográficas, cuenta que en el caso de Crepúsculo rojo está peleando por 15 salas.

“Antes el Estado hacía 150 películas, el cine mexicano estaba protegido por él mismo, las mejores salas eran para él. Con los grandes beneficios que dicen que trajo el Tratado de Libre Comercio, en vez de estar en el apartado de industrias culturales el gobierno nos mete a las industrias comerciales, y nos desarmaron por todos lados, porque no puedes competir con Estados Unidos en igualdad de circunstancias. Por eso Canadá se negó a entrar a ese apartado, pero nosotros no.”

–¿Cómo trata el fenómeno del Fobaproa?

–Como una metáfora en una ficción, pero que resulta ser de un realismo total. Aquí llegaron los banqueros y si debías 30 pesos ahora debes 30 mil. Se volvió realista. Ha habido siempre entre nosotros una contradicción entre la justicia y la ley. La justicias en México protege siempre a los bienamados. Yo planteo una degradación en las relaciones humanas, ante la cual ni los banqueros ni las autoridades se sensibilizaron. En México el Fobaproa no sólo representó la destrucción de los ahorros de mucha gente, sino toda una destrucción del tejido social, de familias que se pelearon, de matrimonios que rompieron, de amistades que terminaron. Y ese dinero acabamos pagándolo todos los mexicanos.

La película asistió al Festival de Acapulco, la invitaron al de Puerto Vallarta, la exhibió en el de Pantalla de Cristal 2009 (ganó 13 premios), y está invitada a ir al de Bélgica, “pero me pidieron la traducción al inglés, y eso cuesta 20 mil pesos, es increíble que en México el director ahora tenga que hacer de todo, desde publicidad hasta empaquetar la película, y buscas apoyos por todos lados, con los amigos...”.

–¿Y el resultado?

–Estoy contento por varias razones: Primero, porque es una película que se hace en la Ciudad de México, en tiempos en que la provincia está olvidada. Y segundo, porque es un intento por rescatar un mucho el cine rural que ya está abandonado, ese que le encantaba a nuestra gente, porque el espectador mexicano fue cinéfilo a morir y ahora lo estamos echando de las salas porque no alcanza para pagar sus boletos, y porque ya no se habla de los campesinos ni de la clase baja en la Ciudad de México y ese público ya no se refleja en la pantalla. No los tomamos en cuenta. Está borrado de nuestro mapa político y comercial.

Telemundo, organizador del Festival Pantalla de Cristal, sintetiza así la cinta:

“Es la crónica de lo que sucede a un hombre de rancho al que le es imposible pagar un préstamo que se vuelve una bola de nieve por los altos intereses.”

La crónica de una realidad que siguen padeciendo millones de personas.

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