Paz, Fuentes y Pitol, los mexicanos en el Premio Cervantes

viernes, 23 de abril de 2010

MEXICO, D.F., 23 de abril (apro).- Con José Emilio Pacheco son ya cuatro los escritores mexicanos que han sido honrados con el Premio Miguel de Cervantes, un homenaje que otorga cada año la Real Academia de la Lengua Española a un autor en lengua castellana, cuya obra en su conjunto haya contribuido a enriquecer de forma notable el patrimonio literario en el idioma.
    El primero en ser galardonado fue Octavio Paz (1981). Le siguieron Carlos Fuentes (1987) y Sergio Pitol (2003).
    Los discursos que los tres primeros pronunciaron, son en gran medida ilustración y síntesis de su obra, de su personalísimo lenguaje, de sus ideas políticas y sociales, de su relación con México y con el mundo.
            Dijo Paz, por ejemplo:
    “El Premio Cervantes, al escoger a éste o aquel escritor de nuestro idioma, sin distinción de nacionalidad, afirma cada año la realidad de nuestra literatura. ¿Y qué es una literatura? No es una colección de autores y de libros, sino una sociedad de obras.”
    Un párrafo antes, fijó su sentir ante el honor recibido:
    “Si yo dejase hablar a mis sentimientos únicamente, estas palabras serían una larga, interminable, frase de gratitud. Pero mi emoción es ciega. Bien sé que la realidad simbólica de este acto es más real que la fugaz realidad de mi persona. Soy apenas un episodio en la historia de nuestra literatura, la transitoria y fortuita encarnación de un momento de la lengua española.”
           Fuentes hizo otro tanto: “Si este galardón --que tanto me honra y tanto aprecio-- es considerado el premio de premios para un escritor de nuestra lengua, ello se debe a que, como ningún otro, es un premio compartido.
            “Yo comparto el Premio Cervantes, en primer lugar, con mi patria, México, patria de mi sangre pero también de mi imaginación, a menudo conflictiva, a menudo contradictoria, pero siempre apasionada con la tierra de mis padres.
         “México es mi herencia, pero no mi indiferencia; la cultura que nos da sentido y continuidad a los mexicanos es algo que yo he querido merecer todos los días, en tensión y no en reposo. Mi primer pasaporte --el de ciudadano de México-- he debido ganarlo, no con el pesimismo del silencio, sino con el optimismo de la crítica. No he tenido más armas para hacerlo que las del escritor: la imaginación y el lenguaje.”
    Pitol recordó la emoción con que vivió el anuncio del premio y, como en sus novelas y relatos, como en los ensayos en que narra lo mucho que ha visto y ha vivido, pintó un cuadro en el que se mezclan el sueño y la vigilia, el pesar y el festejo, la historia y la vida cotidiana. Sin decirlo de manera explícita, revela a su oyente en el paraninfo de la Universidad de Alcalá, a su lector en la página en que después circula su discurso, que el galardón es una suerte de cifra de su vida, porque él ha cifrado su vida en el acto de escribir y de leer (uno y el mismo), de amar el idioma y reconocerse en él.
            Son discursos en los que se hace hincapié en la decisiva importancia que el idioma tiene en nuestra vida; en la manera en que nos descubrimos en las páginas de los libros; en las semejanzas y diferencias entre México y España; en el vínculo indisoluble que hay entre libertad y democracia; en la expansión del español en el mundo moderno...
    Paz y Pitol evocaron las bibliotecas familiares, sus lecturas tempranas, y coinciden en su admiración hacia Benito Pérez Galdós, el gran novelista español después de Cervantes.
         Pitol y Fuentes señalaron la manera en que el exilio español enriqueció a México, celebran la figura de Manuel Pedroso, de quien ambos recibieron clases de Teoría del
Estado y de Derecho Internacional en la Universidad Nacional Autónoma de México.
    Los tres --Paz, Fuentes, Pitol-- hablaron de la idea de libertad expresada en el Quijote.
    Cervantes, subrayó Pitol, “fue desde joven lector y admirador de Erasmo, por lo que logra intuir la superioridad de una vida interior que vencerá al fin la vacuidad de los cultos exteriores. Convierte la locura en una variante de la libertad. La libertad que define en El Quijote: ‘La libertad, Sancho, es uno de los más preciosos dones que a los hombres dieron los cielos; con ella no pueden igualarse los tesoros que encierra la tierra ni el mar encubre, por la libertad así como por la honra se puede y se debe aventurar la vida, y, por el contrario, el cautiverio es el mayor mal que puede venirle a los hombres’.”
    Son discursos, también, en los que se hace evidente una conciencia del escenario histórico en que se pronuncian: el mundo dividido por la guerra fría, la proximidad de la conmemoración del quinto centenario de la llegada de Colón a América, el acelerado proceso de interdependencia económica.
    En todos ellos es manifiesta --no podría ser de otra manera-- su profunda admiración hacia Cervantes.
    Paz: “Con Cervantes comienza la crítica de los absolutos: comienza la libertad. Y comienza con una sonrisa, no de placer, sino de sabiduría.”
           Fuentes: “Cervantes nos dice que no hay presente vivo con un pasado muerto. Leyéndolo, nosotros, hombres y mujeres de hoy, entendemos que creamos la historia y que es nuestro deber mantenerla. Sin nuestra memoria, que es el verdadero nombre del porvenir, no tenemos un presente vivo: un hoy y un aquí nuestro, donde el pasado y el futuro, verdaderamente, encarnan. (…) el Quijote es nuestra novela y Cervantes es nuestro contemporáneo porque su estética de la inestabilidad es la de nuestro propio mundo.”
          Pitol: “Cervantes es un adelantado de su época. No hay ninguna ulterior corriente literaria importante que no le deba algo a El Quijote: las varias ramas del realismo, el romanticismo, el simbolismo, el expresionismo, el surrealismo, la literatura del absurdo, la nueva novela francesa, y muchísimas más encuentran sus raíces en el libro de Cervantes. Víctor Sklovski, en 1922, descubrió que la novela no sólo fue la más nueva en la época de Cervantes, sino que en el siglo XX, en la época de las vanguardias, seguía siendo la más contemporánea de todas.”
    Estos discursos pueden leerse en el sitio electrónico http://migueldecervantes.blogcindario.com

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