Sir Paul McCartney o la feria de las vanidades

jueves, 29 de abril de 2010

MÉXICO, D.F., 29 de abril (apro).- Fueron insuficientes los recursos tecnológicos de boletería Ticketmaster para despachar la abrumadora demanda del público mexicano por adquirir alguno de los 60 mil lugares del Foro Sol, y ver el próximo 27 de mayo en concierto a Paul McCartney, quien visitará por tercera ocasión nuestro país.
    La gira 2010 Up and Coming Tour del exBeatle provocó en México una reacción sin precedentes de fans, si bien en su natal Inglaterra no ha dejado de ser noticia de todos los días.
 Justamente mañana, la popular revista musical británica Q dedica un número especial a McCartney, donde en entrevista destaca que le gustaría componer más canciones de protesta:
    “Yo he escrito piezas sentimentales, sobre todo: Eleanor Rigby trata de la soledad, y Maybe I'm Amazed del amor, éste es mi fuerte; pero aunque yo quisiera crear canciones políticas al estilo de Give Ireland to the Irish (“Devuelvan Irlanda a los irlandeses”, que prohibiera transmitir por radio la estación londinense BBC, no se puede tener todo como artista”, dijo Paul a Q.
    Los promotores del concierto en México, Bruce Morán, de Live Nation, y Memo Parra, de Operadora de Centros de Espectáculos (Ocesa), comentaron:
    “¡Paul McCartney ha hecho historia otra vez…!”
    “Su show en la Ciudad de México ha agotado boletos con mayor rapidez en toda la historia del Foro Sol. Todo mundo en Live Nation y Ocesa estamos bastante emocionados y consideramos un honor que Sir Paul haya acordado regresar a México, pues el público ha respondido de una manera mucho muy generosa. Las máximas expectativas por asistir a un concierto de Sir Paul McCartney sólo se cumplirán viéndolo tocar en el Foro Sol.”
Como abrevian de cariño sus paisanos de Liverpool, Macca actuó dos noches por primera vez en México con su hoy fallecida esposa Linda en 1993, justamente en el mismo foro de la Magdalena Mixhuca, estadio que por aquel año respetaba la denominación original de Autódromo Hermanos Pedro y Ricardo Rodríguez. McCartney volvió en 2002 cerca de ahí, al Palacio de los Deportes, para tres recitales el 2, 3, y 5 de noviembre con la misma banda que lo acompañará nuevamente el mes próximo, integrada por el tecladista Wix, el baterista Abraham Laboriel, y un par de jóvenes guitarristas.
Lo sorprendente es que, desde la construcción en 1993 del Foro Sol (que tomó éste nombre debido a una marca de cerveza por el “pulpo” empresarial Ocesa), ningún artista había agotado la preventa de boletos en tiempo récord de hora y media como lo hizo McCartney, pese al tortuguismo tecnológico de Ticktmaster, 15 minutos menos que los espectáculos de Radiohead y Madonna mantenían como los de mayor demanda hasta el 14 de abril.
El precio del boletaje osciló entre 750 pesos más impuestos para espectadores sentados en gradas de mayor lejanía del escenario, y de tres mil 850 más IVA en áreas exclusivas “platino plus”, que inmediatamente aumentaron su valor por parte de los revendedores piratas, quienes llegaron a comprar hasta 32 boletos por persona: 2 mil a 7 mil pesos.  El mismo Paul McCartney ha justificado el elevado costo de las entradas en su blog internet bajo la premisa de que “el público asistirá al show más inolvidable que hayan visto en la historia del rock”.

Todo sea por interés

Y habría que agregar, también el más comercial.
Lejos de la filosofía de Los Beatles que pregonaban “todo lo que necesitas es amor” (All You Need is Love), se vende ya por red virtual el libro oficial de la gira y cualquier bagatela para recordar las tocadas “irrepetibles”, tal vez, las últimas de Sir James Paul McCartney, que el 18 de junio cumplirá 68 años de edad.
No resulta ociosa, entonces, la cuestión: ¿pagaría usted 4 mil pesos o más por un boleto para oír a la banda de Paul tres horas en concierto?
A diferencia del monopolio Ticketmaster que rifa en México gracias a la benevolencia de Ocesa, cada vez en Estados Unidos y Europa crece la existencia de empresas confiables, cuya publicidad no es tan abrumante como la que gasta Ticketmaster y por lo mismo pueden ofertar boletos con descuentos sustanciales (ver sitio http://www.ticketluck.com/concert-tickets).
De cualquier modo, resulta obvio que el rock hoy por hoy es una inversión que busca óptimos frutos económicos en retribución a empresarios, disqueras, músicos, y demás marcas o “changarros” involucrados en tales conciertos multimillonarios.
Se trata de que sea el público que sea, hay que desembolsar algo de nuestro salario para ver aquello. Y en ese sentido, México es afortunado ya que el 25 de enero, McCartney declinó una propuesta de la agencia promotora italiana D'Alessandro & Galli para tocar en Milán, provocando el reproche de la alcaldesa Letizia Moratti quien aseguró “estar muy descontenta por la decisión de Paul”, según informó el periódico La Repubblic.
El ídolo iniciará sus presentaciones en Gran Bretaña el 12 de junio en Dublín, República de Irlanda, y al día siguiente, domingo 13, actuará en el Festival de la isla de Wight.
Luego estará en Escocia y, el 26 de junio, en País de Gales, que no visita desde hace 31 años cuando se presentó con su grupo Wings allá. Finalmente, cerrará el Hyde Park Calling Festival de Londres, ciudad donde sólo ha tocado un par de ocasiones (la última, en 2005 cuando interpretó con el guitarrista y cantante canadiense Neil Young A Day in a Life, “Un día en la vida”, considerado el poderoso himno del álbum “Sargento Pimienta” de Los Beatles, que ahora ha integrado al cántico de su difunto colega compositor John Lennon como solista Give Peace a Chance, “Dar una oportunidad a la paz”).
Lo cierto es que para muchos de los fieles seguidores de Los Beatles, pagar tanta plata para un concierto de Paul es un derroche.
    El año pasado, cuando la disquera EMI Capitol, distribuidora de la firma Apple Records (que fundó el Cuarteto de Liverpool en 1968) puso a la venta todas las 13 grabaciones de los álbumes grabados por Los Beatles en formato digital a precio de oro (19 dólares cada CD) con el juego interactivo tipo Guitar Hero (a 4 mil pesos) para las nuevas generaciones, hubo viejos fans y notables músicos en México que consideraron ese mercadeo como mero afán de lucro.
Para colmo de mala suerte que acompaña a las disqueras trasnacionales, el pasado 10 de abril, Paul McCartney se unió a la lista de célebres roqueros que se marcharon del sello EMI Group Ltd., al cual le había otorgado el derecho de distribución de cerca de 50 discos desde la separación de Los Beatles.
EMI se halla en medio de una batalla para sobrevivir, tras quebrantar las condiciones de un préstamo por 3 mil 200 millones de libras esterlinas (unos cuatro mil 900 millones de dólares ) de Citigroup Inc. este mes.

Derroche y abusos    

Aun cuando la pareja compositora de Lennon y McCartney integró el dueto de creadores musicales más importante del siglo pasado, tal obsesión por la máxima ganancia de un artista no se justifica.
Así opina desde Nueva York el polémico escritor norteamericano Robert Bob Rosen, quien hace una década publicó su escabrosa biografía sobre los días finales de John Lennon, manipulado por su mujer, la artista japonesa Yoko Ono, Nowhere Man (Grijabo), “hombre de ningún lugar”, traducida recientemente al italiano:
“Yo personalmente no pagaría ni mil pesos mexicanos ni cuatro y menos siete mil por ir a un concierto de Paul McCartney, en realidad cuesta mucho trabajo ganar ese billete actualmente y para ser sinceros, me parece un atraco a despoblado venga de quien venga, empresarios, piratas, revendedores, compañías cerveceras o músicos.
“Me imagino lo que un mexicano debe luchar para que le rinda el dinero y es absurdo derrocharlo en un concierto donde no hay nada nuevo, musicalmente hablando y sólo hay nostalgia. O avaricia.”
Rosen dedicó un capítulo entero denominado Money (“dinero”) en su libro Nowhere Man a los afanes de John y Yoko por mantener y aumentar de por sí enorme riqueza discográfica de Los Beatles, a través de la música.
Amigo cercano de Fredric Seaman, el último asistente de la famosa pareja en Nueva York quien robó los diarios de los siete años finales de Lennon antes de ser asesinado, Rosen tuvo en su poder y fotocopió aquellos documentos escritos de puño y letra de John y cuenta que con Yoko solían gastarse una fortuna comprando en uno de los gigantescos malls del Village neoyorquino todo lo que podían en breves minutos.     
Pero una vez cuando iban de vuelta en su limosina a su habitat del edificio Dakota (donde fue asesinado el 8 de diciembre de 1980), la pregunta de Lennon a Yoko era la misma:     
“¿Y ahora qué vamos a hacer con tanta comida?” El bajista mexicano Rafael González Kazt, fundador del brillante conjunto de rock capitalino Cristal y Acero por aquella época, dijo a Apro:
“Yo adoré a Los Beatles, me aprendí todas sus canciones de memoria al grado que en las fiestas de nuestro representante Toño Mayer en Mixcoac les apostaba una ronda de cervezas si alguien me pedía alguna de las piezas de ellos y yo no supiera cómo iba, al piano o en guitarra.  Nunca perdí, pues llevé esa música en mi corazón y en la piel por décadas. Compré todos sus discos cuando salieron en Long Play, luego en casét y después en CD; pero no volvería a comprarlos en digital ni me interesa oírlos así. Tampoco gastaría los miles de pesos por asistir a un concierto de Macca.
“El mundo no se acaba si no ves a Paul McCartney, creo que hay otras cosas más importantes en el arte y en la vida que Macca.”
Y desde Tijuana, Baja California, la celebridad local del rock El Brujo Javier Bátiz, requintista que enseñó a Carlos Santana a tocar entre 1957 y 1963 para se convirtiera en el mejor músico de rock nacional a finales de los años sesenta, expresó:
“Pues yo tengo la misma edad que McCartney, estoy vivo y tocando como nunca, pero el tipo está hinchado de lana y aquí me siento marginado en mi mismo país. Estos batos de Ocesa y altos políticos de la cultura nacional no quieren reconocer que existo y nunca me invitan a su pachanga de conciertos Vive Latino!e En el Foro Sol, me parece increíble tanto malinchismo... En cambio llega un Joaquín Sabina o Joan Manuel Serrat y el presidente los invita a cenar, en vez de pedir que hagan un concierto gratuito en el zócalo hoy que México celebra 100 años de la Revolución Mexicana y 200 de Independencia.
“Yo de plano ya me volví vegetariano con mi mujer que toca la batería en mi banda, todo por ser discriminado en mi propia patria, ¿por quiénes? ¡por los empresarios y los organizadores de tocadas, los políticos de Conaculta y Ocesa! Tenemos que comer arroz y frijoles para dar mis clases a niñitos, pero es que no me alcanza para nada.
“En cambio, viene Elton John o Paul y a ambos el INAH (Instituto Nacional de Antropología e Historia) les abre las pirámides de Chichén-Itzá de par en par para su música que ya está muy oída, cuando el gobierno debería por mera memoria histórica y presencia musical, otorgarnos prioridad a los músicos mexicanos que nacimos en el rock de aquellos tiempos antes del Festival de Avándaro (1971).”
Elton John, quien hace unos meses declaró en Inglaterra que “Jesucristo era gay”, actuó en la zona sagrada maya el 3 de abril y la gobernadora yucateca Ivonne Ortega Pacheco anunció que McCartney también vendría Chichén-Itzá, pidiendo a la sociedad en la península:
“No hagan caso de las voces destructivas, vamos a no dejar que la crítica irracional les nuble la vista... Ya trabajamos con él. Prácticamente sólo falta confirmar la fecha. Ya hablamos personalmente y puede que venga en 2011 ó 2012. No sabemos todavía, estamos en negociaciones.”
En junio de 1998, la fortuna de Sir Paul se cotizó en 750 millones de dólares, aseguró la publicación británica Business Report en su lista de los cien artistas mejor pagados en el mundo. Elton John iba en segundo, con 250 millones; sin embargo, en 2010 sus ganancias andan cerca de los 500 millones, a decir de la revista Forbes.
    Madonna tendría 350 millones y Macca seguiría liderando los roqueros más ricos, con alrededor de 650 millones de dólares. En la cumbre de la pirámide total, como sabemos, se halla Carlos Slim, con tanto dinero como la mayoría de los mexicanos jamás lograrán ver apilado en esta feria de las vanidades llamada vida en el sistema megacapitalista.