El Cazals antiyanqui estrena "Chicogrande"

jueves, 27 de mayo de 2010

La retirada de Pancho Villa herido tras invadir Columbus es el punto de partida del filme más reciente de Felipe Cazals. Lo estrenará en una semana. Es un momento histórico pero también es una interpretación histórica lo más apegada a la visión crítica del realizador, quien va a contrapelo de la historia oficial. Es una película de la lealtad, dice, pero también de la identidad, que desde un principio se propuso abordar el antiyanquismo.

MÉXICO, D.F., 27 de mayo (Proceso).- El experimentado cineasta mexicano Felipe Cazals cree que su nuevo largometraje Chicogrande, basado en un relato sobre la lealtad al villismo del escritor y periodista hidalguense Ricardo Garibay, podría “reanimar el sentimiento antiyanqui que nunca ha dejado de existir en el país”.

La película, que se estrena el próximo viernes 28 en la Ciudad de México, Guadalajara y Monterrey con más de 100 copias en Cinépolis, Cinemex, Cinemark y los cines Lumière, recuerda la invasión a México de la milicia estadunidense (conformada por más de 7 mil hombres) en 1916 con “la secreta aprobación de Venustiano Carranza” para atrapar al general Francisco Villa, quien se encontraba escondido en la sierra Towhi.

Cazals, quien ha rodado cerca de 26 filmes, recrea, tras la frustrada invasión a Columbus, Nuevo México, la retirada del Centauro del Norte cuando en Ciudad Guerrero es herido en una pierna por tropas carrancistas; en tanto, el vigésimo octavo presidente de Estados Unidos, el demócrata Woodrow Wilson, envía tropas al territorio mexicano durante la llamada “Expedición Punitiva”, al mando del general Black Jack Pershing (el mismo que comandara las fuerzas estadunidenses en la Primera Guerra Mundial), hasta 600 kilómetros al sur de Chihuahua.

Ante el acoso, Villa dispersa a sus seguidores, pero requiere de asistencia médica urgente.

La trama de la cinta se enfoca en Chicogrande (protagonizado por Damián Alcázar), un villista que recibe la encomienda del propio jefe revolucionario de buscar y llevarle un doctor para que lo asista. En sí, la cinta narra la historia de este héroe anónimo, Chicogrande, quien fiel al movimiento armado decide arriesgar su vida con el fin de que se logren los ideales de la Revolución Mexicana.

Para el realizador de Canoa, El apando, Las Poquianchis, La Güera Rodríguez, Los motivos de Luz, Su alteza serenísima, Digna… hasta el último aliento y Las vueltas del citrillo, siempre ha existido una “intromisión de los estadunidenses en el país, ahora tenemos sus trasnacionales”. Y rememora en entrevista:

“En 1947 fue la primera intervención. Cuando el presidente de Estados Unidos James Knox Polk quiso preservar el estado de Texas, envió a su ejército. Luego fue la de 1914, con Carranza, cuando la toma de Veracruz. La tercera sucedió en 1916 y la compañía militar estuvo 11 meses, adujo que tenían el acuerdo con Carranza, eso fue muy ambiguo y oscuro, nadie puede demostrar que Carranza les permitió estar dentro del territorio mexicano.”

Añade:

“Sin embargo, después de esa experiencia, en tiempos del presidente Plutarco Elías Calles y el presidente Álvaro Obregón, llegaron los estadunidenses a la conclusión de que las intervenciones armadas en México no tenían ya mucho sentido; pero Estados Unidos ha optado por otro tipo de intervención, que es la económica, ya que le resulta mucho más profunda y mucho más redituable.”

Cazals, nacido el 28 de julio de 1937 en la Ciudad de México, externa que justo en el año del Centenario de la Revolución Mexicana, Chicogrande puede que renazca esa emoción antiyanqui, “que, seamos honestos, existe”, puesto que “las circunstancias corren paralelamente a lo que acontece hoy en día en Arizona”.

–En el largometraje se percibe esa impresión antiyanqui, ¿fue su intención desde un principio?

–Sí. Lo que sucede es que aparte de ser una película sobre la lealtad, es una película sobre la identidad.

“No todos los estadunidenses son iguales, mientras algunos son tremendamente racistas, otros no, pero a la vez tienen una formación muy severa en términos de lo que es la moral y la ética, y me pareció indispensable en la trama. Eso no pertenece al cuento de Garibay, eso lo incluyo yo, que entre los dos norteamericanos de la cinta hubiera diferencias sustanciales sobre el modo de efectuar las cosas, de manera tal que al final del largometraje uno de ellos no sabe muy bien por qué realiza lo que va a realizar, pero siente el deber de perpetrarlo; en tanto el otro se comporta como un militar, obcecado y equivocado, por supuesto.”

–¿Era necesario la balanza, poner un gringo malo y uno bueno?

–Sí, de lo contrario hubiera sido excesivamente esquemático, como señalar que todos los estadunidenses son como el mayor J.M. Butch (Daniel Martínez), y eso no es verdad.

–En cuanto a la identidad, se aprecia en el filme que desde entonces se encuentra muy fracturada en México, ¿a qué lo atribuye?

–En México dejó de existir la parte rural de forma muy violenta. La explosión demográfica fue tremenda en la década de los sesenta del siglo pasado; por más que el Consejo Nacional de Población hizo lo que pudo, no hubo remedio.

“Entonces, el campo, que era la parte donde vivía la gran mayoría de los mexicanos, dejó de ser su fuente de ingreso y supervivencia, y del campo se trasladaron a las ciudades. Y en estado de desgracia económica comenzaron a crear asentamientos tratando de sobrevivir invadiendo los espacios urbanos, y allí se estableció una notable diferencia social entre este campo desplazado y los citadinos que ya estaban instalados y veían al México rural como algo muy lejano.

“En los años sesenta comenzó ese sentimiento de estar invadidos. No sólo irrumpieron los centros urbanos del país, también se han desplazado a Estados Unidos masivamente. Y allí es donde la fractura en términos de identidad se hizo todavía más acentuada.”

 

Garibay

 

Hacia mayo de 1978, Chicogrande iba a rodarse en Sonora, pero Margarita López Portillo, entonces directora de Radio, Televisión y Cinematografía de la Secretaría de Gobernación, canceló el proyecto sin ofrecerle alguna explicación al realizador (Proceso 1702).

Garibay escribió con Cazals el primer tratamiento del guión.

–¿Qué le llamó la atención del cuento de Garibay para llevarlo a la pantalla grande?

–Todo lo escrito por Garibay era muy distinto a lo que creaban novelistas y cuentistas hace algunos años. Siempre encontré en este escritor una capacidad para recrear la atmósfera y el realismo de muchos lugares de México, con una precisión sobre todo en el modo de hablar, en los giros idiomáticos y en los modismos, a parte de una gran virulencia, muy característica de Ricardo, y cuando me dio a leer el cuento de Chicogrande pensé que evidentemente era una anécdota que había escuchado en el norte del país en uno de sus viajes.

“Lo atractivo era que en el texto aparecía mucho el espíritu de la solidaridad con el villismo, como que no era tan importante Villa, aunque era el motivo central. Es decir, la lealtad al villismo era una fuerza especial en el relato, una lealtad que no analizaba Villa ni intentaba asentarlo como un hombre impecable, es más, el personaje de Chicogrande decía que era un robavacas, pero lo que destacaba Garibay, y eso me interesaba ponerlo en la película, es que eran generaciones de peones atropelladas, despojadas, de una vida miserable a los cuales Villa había rescatado.

“Sin mayor reflexión, eso era suficiente y significaba para Chicogrande deberle, no la vida, sino su existencia.”

–En Chicogrande se percibe la etapa posrevolucionaria, ¿también fue su intención mostrar ese período?

–Esa etapa no está tan presente en el escrito de Ricardo. Lo que sucede es que la cinta transcurre en el ocaso de Villa. Está casi por concluir la etapa de la revolución armada. Allí me permití añadir un episodio que no está en el cuento, sino parte de una narración de Rafael Felipe Muñoz, Las cuerdas de mi general, donde entresaqué pequeñas líneas que me sirvieron para incluir la reflexión de los hombres de armas, obregonistas y carranzistas, frente al declinar del villismo.

Chicogrande –producida por Sierra Alta Films, el Instituto Mexicano de Cinematografía, el Fondo de Inversión y Estímulo al Cine, Ollín Studio, FotoKem Film, Titra California y Equipment & Film Design– se rodó en Durango en 2009. Y también intervienen los actores Juan Manuel Bernal (médico gringo), Bruno Bichir (Úrsulo Tapia), Alejandro Calva (Francisco Villa), Tenoch Huerta (doctor Terán), Lisa Owen (Janice), Patricia Reyes Spíndola (La Sandoval), Gustavo Sánchez Parra (Saavedra) y Jorge Zárate (Viejoresendez), entre muchos otros.

–¿Qué le parece que el gobierno actual no haga énfasis en el Centenario de la Revolución Mexicana?

–Las dos últimas administraciones. Está clarísimo, hablar del campo, la emigración, el desplazamiento social, en fin, pertenece a una terminología que no es usual para ellos.

“Es un compromiso para el gobierno actual salir delante de estas festividades cuando en el fondo no les interesa absolutamente nada.”

 

Cine de afrentas

 

–¿Cómo ha influido la historia de México en el creador Cazals?

–En forma determinante. A mí me ha fascinado siempre la historia de México. Creo que existen pasajes en ella absolutamente extraordinarios. México es un enclave donde han sucedido las cosas más notables que se pueda uno imaginar. Y no necesariamente son las estatuas que están en Paseo de la Reforma.

“Los sucesos siempre me han interesado casi a través de la información de la prensa o de relatos históricos. Considero a Canoa un episodio nacional, igual Los motivos de Luz y Digna… hasta el último aliento. Y si tuviera 25 años de edad, ahora el episodio nacional sería la muerte de los estudiantes de Monterrey, me parecería indispensable situarlos cinematográficamente.”

–¿Fue complicado llevar a la pantalla grande la historia nacional?

–Sí. No sólo se trata de llevar al cine la historia, sino de poseer personalmente un punto de vista crítico al respecto. Nadie puede ofrecer la verdad, ese ha sido el error de la historia oficial, contarla como si fuera la verdad absoluta o diciendo esto es blanco y esto es negro, este es el bueno y este es el malo. Eso no funciona. Eso nos ha lleva a la abominación de la historia del país.

–¿Ese punto de vista crítico ha afectado su carrera?

–Sí, porque disturba a algunos. Por supuesto, inquieta a algunas instituciones y porque es salirse del carril. No necesariamente se afecta una franja de pensamiento o una franja cultural, ni siempre será la misma, no. Canoa, según dicen, afrentó a la alcurnia poblana; Digna… hasta el último aliento afrentó la impartición de justicia del PRD en el Distrito Federal; El apando afrentó la estructura militar y de reclusión en aquel tiempo bajo el mando del PRI en el poder, en fin.

“He tenido broncas con los unos o con los otros, pero es inevitable, porque el atropello es evidente, y aquí de lo que se trata es que ha habido demasiados atropellos en esta larga historia de la nación.”

–¿Existe algún período histórico que no haya podido transportar al cine?

–Trabajé durante muchos años dos episodios nacionales que me interesaban mucho, pero el tiempo ya me ganó y los costos ya me rebasaron. Uno era sobre el Batallón de San Patricio, el paso de los irlandeses por México en 1847, y el otro era una visión del país durante 30 años a través de dos personajes que tuvieron parte decisiva en la construcción del México moderno, como Gonzalo Natividad Santos.

–Pero usted es un creador constante, ¿eso le ha costado mucho?

–Ha sido muy complejo, porque hay lo suficiente todos los días para sentirse derrotado y con ganas de abandonar todo, eso es lo que destruye a los cineastas en este país. Es enfrentar la derrota todos los días que se presenta con máscaras diversas, pero todas agresivas: reunir los capitales, convencer a las instituciones y a los actores, lograr poner de pie la película, lograr filmarla, alcanzar a editarla y ver luego cómo se puede distribuir.

 

Poco público

 

El estreno de Chicogrande “es en condiciones normales como cualquier otro largometraje”, indica. Desde el principio se decidió que Creando Films tratara directamente con los exhibidores:

“Ni siquiera se buscó distribuidor. Estamos contra el espíritu de la distribución en México y decidimos tomar nuestros propios riesgos. El cine mexicano pasa por una etapa muy difícil de recepción de público y somos conscientes de ello.”

–¿A qué se debe esa situación?

–Llevamos 20 años de estar abrumados por el cretinismo de las comedietas estadunidenses y de los efectos especiales que deslumbran al espectador. Eso influye mucho en el público, que por cierto se ha convertido en un consumidor; sin embargo, consideramos que todavía existe gente mexicana que le gusta su cine, donde no se entretiene mucho pero reflexiona y siente. Chicogrande está construida sobre la emoción.

“No obstante, todo espectador mexicano sabe que las películas estadunidenses casi siempre son bobadas.”

–¿Pero el público no encara eso?

–La prensa tiene mucho la culpa al estar avasallando diariamente con noticias atroces. Hace que la gente, que de todos modos leía poco la prensa, ahora no se quiere asomar en ella, porque cada día la noticia que sigue es todavía más espeluznante que la del día anterior. Reconozco que la prensa tiene la obligación de informar e informa, lo que sucede es que no matiza ni reflexiona su información. Entonces, el sensacionalismo ha dominado el asunto. Y no quieren ver eso en el cine nacional.

“Mi nieta me decía: ‘Hace unos años todos éramos el subcomandante Marcos, hoy todos somos la niña Paulette’. ¡Es terrible!”

Explica además otros problemas:

“No hay manera de publicitar nuestros filmes y ponerlos al mismo nivel que la competencia. Y la gente no se entera de lo que se ofrece.

“También influye que para una familia acudir al cine es gastar 500 pesos, más el estacionamiento, es mucho dinero, y algunas veces lo piensan. Es difícil.”

–¿Qué siente Cazals cuando se dice que varios de sus largometrajes son clásicos, como Canoa?

–¡Yo lo dudo! Mi reacción es dudarlo. Y lo he dicho, no veo mis películas frecuentemente porque me causan pavor, digo: “Qué barbaridad, cómo efectué eso allí en lugar de haber realizado esto y esto”. Hay cintas mejor realizadas que otras. Hay largometrajes que todavía prenden al espectador sin importar su edad y hay películas que no debí haber filmado, pero mi profesión es ser director de cine, de eso como.

Y así termina la entrevista:

“Entonces, no escupo sobre ellas. Es mi trabajo, quizá no lo realicé lo mejor posible, pero traté, y al final de cuentas no maté a nadie.”

 

 

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