Sólo un documental en el Bicentenario

lunes, 14 de junio de 2010

El rescate auténtico del archivo Casasola a través de la cinta de Carlos Rodrigo Montes de Oca Rojo, La cámara Casasola, es un proyecto huérfano en la conmemoración del Centenario de la Revolución. El director lamenta la cortedad de miras de la comisión al proporcionar apoyo económico para cintas de ficción en lugar de haber abierto “otras pequeñas convocatorias para invitar a más voces a esta reflexión sobre el Bicentenario”. Y al contrario de la grandeza realizada por Porfirio Díaz hace 100 años, califica de triste el papel del actual gobierno.

MÉXICO, D.F., 14 de junio (Proceso).- De los proyectos fílmicos apoyados por la Comisión Federal del Bicentenario, La cámara Casasola (en torno a la Revolución Mexicana a través de las fotografías del archivo Casasola) es el único documental que se filma.

El autor, director y editor es Carlos Rodrigo Montes de Oca Rojo, a quien sí le preocupa que su trabajo sea el único largometraje documental “sobre todo en términos de los presupuestos que se le han otorgado a las ficciones: Chicogrande, de Felipe Cazals (Proceso 1702); Hidalgo Molière, de Antonio Serrano (Proceso 1736); El infierno, de Luis Estrada (Proceso 1739); El atentado, de Jorge Fons (Proceso 1728), y El baile de San Juan, de Francisco Athié.

Según el realizador, con lo que se les proporcionó económicamente a las cintas de ficción “se hubieran abierto otras pequeñas convocatorias para invitar a más voces a esta reflexión sobre el Bicentenario”.

Argumenta que existen muchos documentalistas, quienes han creado películas en torno a la Revolución Mexicana, las cuales se han visto muy poco:

“Tal vez quitando algo de presupuesto a las ficciones se hubiera podido contribuir a la distribución de algunos documentales muy importantes, desde Memorias de un mexicano, de Salvador Toscano, hasta la serie de televisión que elaboró Juan Ramón Aupart sobre los héroes revolucionarios. Son trabajos colosales, investigaciones de muchos años.

“Desde mi humilde punto de vista, el Instituto Mexicano de Cinematografía (Imcine) debió haber promovido e incentivado si no la producción, sí la distribución de muchos proyectos que están allí guardados, desde los rollos perdidos de Pancho Villa... incluso Francisco Taboada cuenta con documentales excelentes sobre el zapatismo, en fin.”

Arguye el editor de cine y televisión que en México siempre hay un apoyo “muy fuerte” a la ficción y mínimo al documental:

“Para nosotros sigue un camino muy grande y complejo: la distribución del largometraje. Con el presupuesto que nos dieron a pesar de que yo estoy involucrado en la parte financiera, estoy poniendo lana de mi bolsa con Inéditas Films, ahora tengo que preocuparme por distribuir La cámara Casasola. Siempre es difícil presentar a un distribuidor un proyecto histórico documental, parece que no les interesa mucho.”

A decir de la productora Mariana Lizárraga Rodríguez, La cámara Casasola se planea estrenar el próximo 21 de noviembre.

Varios objetivos

 

Todo un riesgo tomó Montes de Oca Rojo al proponerse varios objetivos con su documental:

–Evidenciar las graves diferencias y las carencias del sistema educativo mexicano.

–Ver cómo se enseña la historia del país.

–Reconocer las virtudes informativas, estéticas y técnicas de los fotógrafos que participaron en la creación del archivo Casasola.

–Situar a Agustín Víctor Casasola como empresario de los medios.

–Dejar registro de los procesos educativos en México para comprender el uso de la imagen como forma de aprender la historia del país.

–Ubicar el carácter historiográfico y documental de las fotografías: ¿Qué?, ¿quién?, ¿cuándo? y ¿dónde se realizaron las imágenes arquetípicas de la Revolución?

–Documentar los procesos de creación fotográficos de 1900, como resguardo y memoria de la técnica artística que transformó la forma de comprender el siglo XX.

–Presentar el estado actual de los espacios históricos y lugares clave del movimiento revolucionario.

Montes de Oca Rojo ha estudiado el archivo Casasola “desde hace muchos años”; incluso recuerda que tal vez la investigación la empezó en su infancia al ver las fotos de ese acervo en sus libros de texto.

El archivo Casasola contiene películas positivas y negativas, en diversos formatos y sobre diversos soportes fotográficos. Se encuentra resguardado en la Fototeca Nacional del Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH), ubicada en el antiguo convento franciscano en Pachuca, Hidalgo.

Agustín Víctor Casasola, junto con su hermano Miguel, son los pioneros del fotorreportaje en Latinoamérica. El copioso fondo es el resultado del trabajo de tres generaciones de fotorreporteros; después de estos hermanos, les siguieron los demás Casasola: Gustavo, Ismael, Dolores, Piedad, Mario e Ismael hijo.

En la colección no sólo existen fotos de Agustín Víctor, sino de más de 500 profesionales de la lente; por ello, el cineasta Montes de Oca Rojo se ha propuesto una revisión crítica al archivo “que falsamente se ha vendido como el archivo Casasola, porque debió haber sido nombrado el archivo de más de 500 fotógrafos; entonces, es una reivindicación a muchos autores que han visto tergiversado su crédito por el nombre archivo Casasola y creo que de alguna forma este documental trata de situar el contexto”.

El primer trabajo documental de Montes de Oca Rojo (nacido en la Ciudad de México en 1974) fue La foto es la foto, sobre la vida y obra de Héctor García. El director argumenta:

“Mis proyectos documentales han estado cerca de la fotografía porque mi formación es como fotoperiodista (estudió comunicación audiovisual en la Universidad del Claustro de Sor Juana), pero La cámara Casasola surgió de una investigación respecto de quiénes son los protagonistas de nuestra identidad visual, y creo que los principales son los fotógrafos que laboraron sobre la Revolución.”

Cuando salió la convocatoria de Imcine para los largometrajes del Bicentenario, ya llevaba un año desarrollando La cámara Casasola:

“Estaba en la búsqueda del financiamiento y participé en la convocatoria, y la apoyaron.”

Además de Imcine, también es productor de la cinta la Universidad Autónoma de San Luis Potosí, Eréndira Producciones, Media Center y el INAH.

 

Los personajes

 

–¿Por qué sacar ahora este documental con tantos propósitos?

–Porque en este momento del Bicentenario y del Centenario deseo reflexionar sobre nuestra identidad. Deseo ver qué personajes han quedado truncos, qué personajes han tenido más fama a partir de su identidad fotográfica que de su propia labor en la Revolución. Es una invitación a reflexionar sobre qué usos le damos a la imagen y el papel que tienen los fotógrafos a la hora de contar la historia.

Otro personaje en el filme es “la bola”:

“Me he dado cuenta de que casi no hay fotografías publicadas de los muertos en la Revolución ni del papel de los niños en ese momento ni de la tropa, la bola, la masa de gente, y ésta es un personaje importante.

“Las locaciones alrededor de la Revolución son otro personaje que a mí me ha sorprendido mucho.”

–¿Cómo se dio la relación entre Emiliano Zapata y la familia Casasola?

–Todavía no acabo de entender qué relación tuvo Zapata con los Casasola, una relación bastante complicada que, por ejemplo, marca en nacimientos una serie de asociaciones gremiales de la fotografía, y sin duda marca un sesgo en cómo se aproximaron los fotógrafos al fenómeno del zapatismo. También hay el personaje del zapatismo, por nombrarlo de alguna forma.

–¿Qué destacaría del archivo Casasola?

–A 100 años existen piezas de contundencia periodística impresionantes. Quiero que el documental evidencie la contundencia técnica de estos autores y, bueno, hay que reconocer el mérito empresarial que tuvo don Agustín Víctor Casasola al fundar una de las primeras agencias de información gráfica en el mundo. Para mí, es uno de los primeros empresarios de las comunicaciones ligadas al poder.

“Sus publicaciones, como Historia gráfica de la Revolución Mexicana, son puntos de partida para muchas investigaciones de historiografía y reflexiones sobre la forma de los procesos históricos de la Revolución. Más allá de sus imprecisiones o de su subjetividad histórica, su obra trasciende por la monumentalidad, por esa obsesión compulsiva de tener las mejores imágenes de todos los autores. No tengo claro, y parece que nadie, si todas las fotos fueron pagadas o si hubo compras de derechos de autor o sólo una apropiación a partir de la reproducción y conservación.”

Sólo le queda claro que Agustín Víctor Casasola “era un obsesivo por esta gran colección de imágenes, lo cual es meritorio porque gracias a él se conservaron juntas muchas de ellas y es un punto de partida para todo el fotoperiodismo mexicano”.

El documental abarca 10 capítulos y lleva un orden cronológico a partir de los hechos de la Revolución.

El ahora

–Antes los libros de texto contenían muchas imágenes del archivo Casasola, ¿hoy qué pasa?

–Es curioso. Todos los libros de primaria, en particular de tercero, quinto y sexto grados presentaban muchas imágenes del archivo Casasola, y en cuanto empecé el proyecto cambiaron las ediciones y diluyeron todo el discurso de la Revolución, está cada vez menos; la retoman un poco en quinto y cuarto, y luego se ve hasta en el tercero de secundaría; pero en el sexto grado, que era el año en el que más se veía, desapareció por completo, transformaron al libro en un repaso de historia de la humanidad, en historia de las civilizaciones, sin nombrar los procesos históricos que ahora conmemoramos.

El documental viaja a la Ruta de la Revolución:

“Vamos a escuelas y a los lugares de origen de los principales héroes y caudillos. Cuando ponen el letrerito ‘Ruta 2010 Independencia’, vemos que aparece la palabra Independencia; sin embargo, cuando es la Ruta de la Revolución, sólo ponen ‘Ruta 2010’ y omiten la palabra Revolución. Parece que existe cierto temor por parte de las autoridades por ese término. No me sorprende porque es un gobierno conservador. Dudo mucho que quieran celebrar un movimiento que va justamente en contra de su origen.”

Ve que el papel del gobierno para con el Bicentenario es triste:

“Es impresionante todo lo que hizo Porfirio Díaz para conmemorar el Centenario de la Independencia. Creó una cantidad de obra monumental que sobrevive hoy todavía. Hoy, por ejemplo, es grave el deterioro en el cual se encuentran todos los espacios históricos de la Ruta Zapata. Hay museos que ni siquiera tienen piso de concreto. El piso del Museo Chinameca, donde fue asesinado Emiliano Zapata, es de adobe y las fotografías están muy deterioradas. En lugar de estar realizando coproducciones con Televisa y pegando letreritos en las carreteras, deberían ir a darle una manita de gato a esos museos.” 

 

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