La obra literaria de Monsiváis

sábado, 19 de junio de 2010

MÉXICO, D.F., 19 de junio (apro).- Nacido el 4 de mayo de 1938 y fallecido este 19 de junio, a los 72 años de edad víctima de fibrosis pulmonar, el prolífico escritor, ensayista, periodista y notable cronista popular capitalino Carlos Monsiváis Aceves fue llamado “el último escritor público de México, no sólo cualquier mexicano lo ha escuchado o leído sino que todos pueden reconocerlo en la calle” por el literato Alfonso Castañón.

         Había estudiado en las facultades de Economía, y de Filosofía y Letras de la UNAM, y para la década de los sesenta comenzó la redacción de textos cuya trascendencia y variedad temática le brindarían el más amplio reconocimiento literario, destacando en 1966 su propia autobiografía.

         “Carlos Monsiváis no ha muerto. No hemos perdido a Monsiváis, lo hemos ganado para siempre”, manifestó desde Londres vía telefónica el novelista Carlos Fuentes.

La abundante producción de Monsiváis se publicó en infinidad de diarios, suplementos culturales y revistas nacionales, como el semanario de análisis e información Proceso a partir de su fundación en 1976 por Julio Scherer García y Vicente Leñero, hasta su muerte.

De aquella década sobresalen sus libros: Días de guardar (1970), sobre la masacre de Tlatelolco en 1968; Amor perdido (1976) y El crimen en el cine (1977). Su primer escrito en Proceso data del 5 de noviembre de 1976, se trata de una crónica que intituló María Félix nunca será pobre (Proceso número 2).

Carlos Monsiváis y Julio Scherer García escribirían conjuntamente los volúmenes: Parte de guerra. Tlatelolco 1968 (Documentos del general Marcelino García Barragán, Los hechos y la historia), de 1999; Parte de guerra II. Los rostros del 68 (2002) y Tiempo de saber (2003). En 2008, el mismo Monsiváis entregaría a Editorial Era otro resumen histórico acerca del movimiento estudiantil de Tlatelolco: El 68. La tradición de la resistencia.

            A su vez, el presidente de la Unión de Escritores y Artistas de Cuba (Uneac), Miguel Barnet, dijo de Monsiváis: “gran hueco" para el pensamiento de México y de América Latina:
         "Lo vamos a extrañar mucho por su agudeza y sus juicios afilados y certeros… Fue un ensayista lúcido, con una óptica en la vanguardia más extrema; no fue un nihilista, pero sí un transgresor, fue la conciencia crítica de su país en el terreno político, artístico, en el espectáculo y en la sociedad, para diagnosticar los problemas más acuciantes del México contemporáneo.”
         Por su parte, el escritor Pablo Armando Fernández calificó el fallecimiento de Monsiváis de "realmente doloroso" y consideró "lamentable que haya correspondido tan pronto a irse hacia la luz”.

Fernández, Premio Nacional de Literatura 1996 declaró a la Agencia EFE que Monsiváis “es un hombre, un escritor importante, con una obra que hay que preservar, reeditar y hacerle conocer y difundirlo".

Monsiváis fue uno de los escritores más queridos y respetados por varias generaciones, muchos jóvenes solían visitarlo en su casona de Portales donde solía vivir con una treintena de gatos domésticos que Monsi adoraba. El nuevo Museo del Estanquillo (localizado en el edificio La Esmeralda de la esquina de Isabel La Católica y Madero, Centro Histórico) alberga la colección personal del fallecido escritor, que abarca pinturas, fotos, juguetes, calendarios, parte de su biblioteca, publicidad y varios tomos de cómics (fue profundo admirador del dibujante Gabriel Vargas, autor de la famosa historieta La familia Burrón), también recientemente desaparecido.

Entre los tantos reconocimientos que recibió se cuentan el Doctorado Honoris Causa de la Universidad de Sinaloa, del Estado de México, de la UAM y de la UNAM; varios Premios Nacionales de Periodismo; Premios Xavier Villaurrutia y Jorge Cuesta.

 En Internet, Wikipedia comenta: “Sus posiciones políticas y su perspectiva crítica lo llevaron, desde el inicio de su carrera periodística, a dar cuenta de todos aquellos fenómenos literarios, sociales y culturales que implicaban un desacato al autoritarismo, el orden establecido y el conservadurismo. De ahí su interés en los ídolos populares (El SantoCantinflas), el movimiento feminista, las figuras contestatarias de izquierda y los personajes o acontecimientos que en algún sentido implicaban un avance de las ideas progresistas, y un rechazo a toda posición intolerante y retrógrada). De ahí también la importancia que le dio a la promoción de los derechos de las minorías sociales, la educación pública y la lectura.”

Su bibliografía incluye:

Cultura urbana y creación intelectual. El caso mexicano (1981), Cuando los banqueros se van (1982), De qué se ríe el licenciado (una crónica de los 40, 1984), Conferencias (1985), El poder de la imagen y la imagen del poder. Fotografías de prensa del porfiriato a la época actual (1985), Entrada libre. Crónicas de la sociedad que se organiza (1987), Escenas de pudor y liviandad (1988), El género epistolar. Un homenaje a manera de carta abierta (1991).

También: El teatro de los Insurgentes: 1953-1993 (1993), Sin límite de tiempo con límite de espacio: arte, ciudad, gente, colección de Carlos Monsiváis (1993), Rostros del cine mexicano (1993), Por mi madre, bohemios I (1993), Los mil y un velorios. Crónica de la nota roja (1994), Luneta y galería (Atmósferas de la capital 1920-1959) (1994), Los rituales del caos (1995), Cultura popular mexicana (1995). Aire de familia. Colección de Carlos Monsiváis (1995), El bolero (1995), Recetario del cine mexicano (1996), Diez segundos del cine nacional (1996), Del rancho al Internet (1999), Aires de familia. Cultura y sociedad en América Latina (2000), Las herencias ocultas del pensamiento liberal del siglo XIX (2000), Las tradiciones de la imagen: Notas sobre poesía mexicana (2001), Protestantismo, diversidad y tolerancia (2002), Los días del terremoto 1985-2005 (2005), y Apocalipstick (2009).

Entre sus investigaciones biográficas se cuentan las publicadas sobre Celia Montalván, María Izquierdo, José Chávez Morado, Salvador Novo, Octavio Paz, Amado Nervo, Carlos Pellicer, Pedro Infante, Frida Kahlo, y Leopoldo Méndez.

La fibrosis pulmonar que desencadenó su fallecimiento lo había obligado a internarse desde el 1° de abril de este año en el Instituto Nacional de Ciencias Médicas y Nutrición “Salvador Zubirán”.     

 

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