Carlos Santana: el amor llama dos veces

jueves, 15 de julio de 2010

MÉXICO, D.F., 15 de julio (apro).- De forma por demás espectacular, el guitarrista jalisciense Carlos Santana propuso matrimonio a su bataquera Cindy Blackman, 12 años menor que él, la semana pasada.

Sucedió en pleno concierto y la propuesta fue aceptada por su novia afroamericana luego que ella ejecutara un solo de percusión en la pieza Corazón espinado, como artista invitada la noche del viernes 9 de julio, en el foro Tinsley Park de Chicago, Illinois.

“Nos llena de beatitud a Cindy y a mí el habernos encontrado mutuamente, pues el amor es un regalo del universo, su espíritu y las vibraciones que conlleva son infinitamente poderosas. Anhelo expresar aquella energía increíble a través de mi música, y ayudar a inclinar la balanza en favor de más amor en el mundo, con el cariño que Cindy y yo compartimos”, comentó al diario US Magazine el músico nacido en Autlán de Navarro, un 20 de mayo de 1947.

Oriunda de Yellow Springs, Ohio, donde nació el 18 de noviembre de 1959, Cindy Blackman comenzó a lograr amplio reconocimiento en el mundo del jazz desde 1982 --cuando se mudó a Nueva York--, para en 1993 consolidar su fama actual tocando rock en giras con la banda de Lenny Kravitz.

Será la segunda boda de Carlos Augusto Santana Alves, quien duró 34 años casado con su primera esposa, Deborah Santana, autora del libro publicado en 2005 Space Between the Stars (“Vacío entre las estrellas”), biografía escandalosa donde ella reveló las infidelidades de su famoso marido. El guitarrista declaró entonces:

“Soy un ser humano como cualquier otro y poseo bastante humildad para aceptar mis errores.”

Juntos procrearon tres hijos, cuyas edades son de 19, 25 y 28 años. El 19 de octubre 2007 prosperó la demanda de divorcio en la Corte Superior del Condado Marin en California, entablada por Deborah Santana, quien alegó “diferencias irreconciliables” con su pareja.

Nacido en una familia humilde, su padre le enseñó a tocar el violín desde chico. Afincado en Tijuana, Baja California, aprendió a tocar la guitarra eléctrica entre 1957 y 1963 gracias al excelente rocanrolero Javier Bátiz, El Brujo. La estrella de Carlos Santana consiguió su primer gran fulgor durante la destacada actuación de su grupo Santana Blues Band en el legendario Festival de Woodstock, en 1969, cuando grabó sus primeros discos que mezclaban rumba afrocubana y rock: Jingo, Sacrificio del alma, Abraxas y Oye cómo va (jit del timbal portorriqueño Tito Puente).

Mantuvo su prestigio al terminar el siglo debido más que nada a sus giras internacionales. Por 1977, el tijuanense Javier El Brujo Bátiz manifestó a este reportero:

“En Tijuana yo le enseñé a tocar a Santana todo lo que sabe en guitarra de blues y rock...

“Seguimos teniendo una muy buena relación, nunca ha mermado nuestro afecto. Un día me llamó desde Milán, Italia, para invitarme a su casa, pero la verdad no sé cómo llegar a él. Carlos vive en San Rafael, cerca de San Francisco, en una casota allá entre las montañas en un terreno de varias hectáreas. Se tarda uno en llegar a la puerta como cinco minutos. Vive con un gran equipo de seguridad, tiene casitas en New Valley, en Sausalito, en mero San Francisco, se la pasa muy bien... Hoy está hinchado de billete, no le creo toda la onda espiritual que se trae.”

Durante la celebración de los 25 años de Woodstock, en 1994, preguntamos a Santana acerca de las elecciones en México (Proceso 929), y respondió:

“No creo que el cambio de presidente traiga bienestar para la familia (como rezaba el slogan electorero del PRI). Es la misma corrupción, la misma porquería de siempre, los mismos políticos que cometen fraudes. Mi corazón está con los zapatistas.”

En febrero del 2000 recibió nueve estatuillas Grammy por su álbum Supernatural, superando la marca de siete que poseía desde 1983 el ahora fallecido Rey del Pop Michael Jackson (con quien un año más tarde grabaría Whatever Happens para el CD Invincible).

Para festejarlo, la revista Rolling Stone publicó una entrevista que sostuvo con Santana en su mansión de San Rafael, donde vivía con su esposa Deborah y sus tres hijos; en el fogón de la chimenea había grabado el nombre de su ángel favorito: Metratón (“él me anunció que estaría este año 2000 de vuelta sonando en la radio y se cumplió con mi grabación Supernatural”, dijo a la publicación).

Lo curioso es que en aquella edición de Rolling Stone, el de Autlán confesó que en Tijuana un norteamericano de nombre Vermont lo llevaba a cruzar la frontera hacia San Diego para comprarle comida, ropa y juguetes cuando tenía diez años de edad, a cambio de relaciones sexuales. Además, afirmó que aquel gringo alguna vez lo abofeteó por mirar con ojos pícaros a una chiquilla:

“Fue en ese momento cuando comencé a verlo como era en realidad, una persona sumamente enferma. Ya después que con mi familia nos fuimos a vivir a San Francisco, en la década de los sesenta, volví a ver al tipo acompañado de un niñito y nunca podré quitarme el coraje que sentí al comprender esas terribles experiencias que pasé con él.”

Radicado en California, Santana viajó a su pueblo natal de 60 mil habitantes en Jalisco a finales de febrero del 2001, para recibir un alto reconocimiento de las autoridades locales como “Hijo pródigo de Autlán”; allí recibió las llaves de la ciudad, inauguró una calle con su nombre y develó dos estatuas: una con su imagen y otra con su guitarra en bronce, misma que fue robada cuatro meses después, en junio.

Hacia diciembre de 1999, Carlos Santana se presentó en vivo con el conjunto tapatío Maná en el Foro Sol de la Ciudad de México. En vivo, sus palabras al abrir dicho concierto causaron molestia al clero:

“Vengo a tocarle a la Virgen de Guadalupe. Sin embargo… creo que ya estuvo suave de ir a La Villa a dejar nuestras monedas, ahora hay que esperar que la Iglesia católica nos dé algunas monedas de vuelta para aliviar la pobreza.”

Hoy es un nuevo día: el amor ha tocado por segunda vez en su vida.