Fidel Herrera se entrega a Mel Gibson

lunes, 5 de julio de 2010

Cerca de mil presos fueron sacados ilegalmente del penal Ignacio Allende de Veracruz porque supuestamente habría una matanza orquestada por Los Zetas. Al poco tiempo, el actor y director estadunidense Mel Gibson tomó posesión del lugar y sus alrededores, y con todo el apoyo del gobierno de Veracruz empezó la filmación de su proyecto sobre una prisión de Tijuana “El Pueblito”. A los parientes de los reos les prometieron que actuarían como extras, pero todo fue un engañó.

 

VERACRUZ, VER., 5 de julio (Proceso).- Guapo y feliz, Mel Gibson maneja una camioneta negra del año. Al pasar frente al teatro Reforma, se detiene un momento para ver los anuncios de un grupo de danzoneros. Permanece sólo unos segundos porque tiene prisa para llegar al penal Ignacio Allende, adaptado para ser locación de la película How I Spent my Last Vacation (Cómo pasé mis últimas vacaciones), en la que él actúa y es productor ejecutivo.

Mientras tanto, en la calle Canal, donde se ubica el exreclusorio, una enorme fila de hombres, mujeres y niños espera, en medio del calor tropical, que el director de casting, Julio Toledo, se apiade de ellos y les permita trabajar cuando menos un día en la filmación. Están desesperados: son los familiares de los reos que sin ningún aviso previo fueron movilizados hacia siete penales del estado, a quienes se les ofreció, “para ayudarlos”, participar como extras en el filme.

“Son unos desgraciados, si Mel Gibson se enterara de lo que nos dicen y hacen, ya los hubiera corrido. Esto es una tranza más del gobernador, todo son puras mentiras”, dice Leticia Medrano esposa de un convicto acusado de vender droga al menudeo.

 

Al servicio de Hollywood

 

El rumor de que el penal se utilizaría para filmar una película de Mel Gibson corrió desde finales del año pasado. 

El propio Fidel Herrera Beltrán, gobernador de Veracruz, había dado a conocer que la prisión sería remodelada ante la intención de Gibson de filmar en las instalaciones. Ahí se encontraban más de 900 internos indiciados y condenados por narcotráfico, secuestro, homicidio y violación, entre otros delitos.

La noche del domingo 28 de diciembre, cerca de 200 familiares de los internos hicieron un plantón de protesta en el lugar exigiendo la presencia del gobernador. Para manifestar su inconformidad bloquearon calles y cerraron varias avenidas. Una de las mantas señalaba: “Mel Gibson, por tu culpa se quieren llevar a nuestros familiares”.

El director del reclusorio, Gerardo Durán Ponce, negó inmediatamente que el gobierno del estado hubiese tomado semejante decisión, y argumentó que se trataba “sólo de un rumor”, ya que hasta el momento no se ha recibido ninguna orden de esa naturaleza por parte de la Dirección General de Prevención y Readaptación Social.

Afuera la consigna a gritos era: “Que no se los lleven, que no se los lleven, no son animales”, repetida a una y otra vez junto con “no tenemos dinero para irlos a ver si se los llevan”.

Pero se los llevaron.

El 8 de enero pasado fueron desalojados alrededor de mil reclusos del centro carcelario construido durante el gobierno de Porfirio Díaz. Por un siglo sirvió como refugio para procesados del fuero común y delincuentes peligrosos.

El alcalde priista, Jon Rementería Sempe, vigiló las acciones para desinfectar las instalaciones y señaló que a lo mejor el lugar podría servir para “reubicar a vendedores ambulantes del malecón”. La limpieza del inmueble la llevó a cabo personal municipal de limpia y de la Secretaría de Salud.

Los reos fueron llevados a reclusorios de Coatzacoalcos, Tuxpan, Villa Aldama, Papantla y Poza Rica, entre otros.

Ante las protestas, Fidel Herrera salió al paso y consignó que el penal se había desocupado “para evitar una matanza” que presuntamente planeaban ejecutar miembros de la delincuencia organizada para “manchar” su administración. Según sus declaraciones a los medios, el traslado no se realizó para preparar los sets de la nueva película de Gibson, “sino con base en informes de inteligencia militar y estatal” en el sentido de que un grupo de delincuentes entraría al penal para degollar a varios reos ligados a Los Zetas, ya que células del crimen organizado operaban dentro de la cárcel. Supuestamente, el motin estaba planeado para el 9 de enero.

Con el rostro descompuesto ante las impugnaciones que se le hicieron, señaló que prefirió enfrentarse a las críticas “por el traslado apresurado de los reos que bañarse en sangre”.

 

Abuso de autoridad

 

En entrevista con Proceso, Sergio Vaca Betancourt, diputado local independiente y presidente de la Comisión de Seguridad Pública del Congreso local, sentencia: 

“Fue un acto arbitrario, ‘un fidelazo’. No le importó violar el Código de Procedimientos Penales, hizo a un lado al Poder Judicial de la Federación y nadie reclamó. Es un abuso, se saltaron la ley a la ‘torera’.”

Precisa que “la única forma lícita para trasladar a un preso a otra cárcel es promoviendo una prórroga de jurisdicción, que requiere un trámite especial” y cuya decisión depende del Tribunal Superior de Justicia.

Juzga:

“Eso fue hecho con astucia y con maña, repentinamente vaciaron el penal en enero y hay presos que incluso al día de hoy no aparecen. Como los trasladaron ilegalmente, no se sabe dónde están, si los mataron o se fugaron. Los expedientes siguen en Veracruz. El juez penal al que está sujeto el preso no puede continuar el proceso porque no tiene el expediente, y el juez de Veracruz ya no puede seguir el trámite porque el inculpado ya no está a su disposición. Esto es de locura.

“Se dijo que era para que se filmara la película de Mel Gibson, pero lo que yo creo es que el reclusorio, que está entre Canal y Cortés, es una manzana completa. Imagínese lo que vale esa manzana, y no es del gobierno federal, sino del gobierno municipal que le pertenece al PRI actualmente. La idea puede ser venderlo a precio de garage, porque al ser del siglo pasado, no es considerado monumento nacional”. 

Sostiene que es cierto que la cárcel era infuncional, “estaba en pésimas condiciones”, aunque no peor que otras, como la de San Andrés, y ante un posible atentado puntualiza:

“Se sabe que en todos los reclusorios ha habido homicidios, a cada rato aparecen ‘suicidados’ y generalmente lo que se hace es descabezar los movimientos, a los 10 o 15 líderes se les separa, pero no mueves a todos los reos, que eran cerca de mil.”

Afirma el abogado que hasta el momento no existe ningún decreto de inhabilitación del inmueble ni se conocen las condiciones bajo las cuales se le permitió a Gibson utilizar el edificio. Así, sin más ni más, le pusieron la mesa:

“Parece que se le prestó, pero que él hizo un donativo de 1 millón de dólares al gobierno estatal. Yo pienso que la verdad es que todo estuvo muy raro. Las familias de los presos primero iban a los medios para tratar de localizar a sus parientes, porque además no había quién les comunicara dónde estaban. Imagínese, hubo procesos que dilataron meses en ponerse en orden. Sólo quien no ha estado en las cárceles veracruzanas no les tiene miedo.”

Lo peor, dice Vaca Betancourt, es que también había presos federales. Y explica: En Veracruz hay cuatro juzgados. Se enteraron de que sus reos ya no estaban en el puerto, los habían trasladado. No se consultó al Tribunal Superior, que siempre está sometido al poder en turno, pero tampoco al federal, que es más respetable:

“Mire, nunca me imaginé decir esto: extraño a Miguel Alemán... y mire que fue mal gobernador...”

 

El Pueblito

 

La película que Gibson tiene ya en proceso de posproducción está basada en una historia sobre otro penal mexicano: “El Pueblito”, ubicado en Tijuana, Baja California. El actor estadunidense encarna a un preso que, de la mano de un niño penetra en la realidad de uno de los peores reclusorios que ha habido en México. El siniestro lugar ha sido creado al interior del expenal, con todo y un casino.

Algunos expresidiarios reales participaron en la filmación que terminó hace unas semanas. Otros, como Óscar Guevara, además cooperaron haciendo graffitis y murales en vinílico al estilo chicano. Entre los actores mexicanos seleccionados están Daniel Giménez Cacho, Jesús Ochoa y Roberto Sosa, a quienes se les prohibió tener cualquier contacto con los medios.

La calle Canal fue prácticamente ocupada por las oficinas de Gibson. La seguridad extrema impuesta incluía vigilantes, policía especializada. Tráileres completos se estacionaron para el apoyo técnico y efectos especiales; además, hubo patrullas, helicópteros, bomberos y ambulancias.

La selección para los extras fue realizada por la empresa Julio Toledo Extras Casting en febrero. Más de 14 mil personas asistieron al auditorio donde fueron cuidadosamente fotografiados. Para la película se necesitaban cerca de 4 mil extras y en los medios de este puerto se anunció que se les pagarían 700 pesos por jornada. 

Según lo señala a Proceso Jorge Vinay Becerril, presidente de la Fundación Movimiento Familiar Integral de Readaptación, A.C., al final de cuentas sólo se les pagaron 400 pesos a cada extra y por jornadas de hasta 16 horas:

“Las familias vienen a quedarse a dormir con la esperanza de que se les dé la oportunidad de participar como extras. A las cinco o seis de la mañana, se dan las listas. Originalmente se dijo que se les iba a dar el apoyo a las familias de los reclusos para que trabajaran, que se les iba a dar prioridad. Tal vez Mel Gibson sí tenía la intención, pero a veces un tercero se apodera de las circunstancias y las maneja a su favor.”

Alicia Medrano señala que logró trabajar un par de días y recibió 400 pesos: 

“Me hicieron firmar en blanco. Me dijeron que por ningún motivo me atreviera a mirar al señor Gibson y mucho menos le hablara. No se podían meter ni bolsas ni relojes o teléfonos. Estoy muy enojada porque la mayoría de los participantes no son familiares de los presos.”

Vía telefónica Próspero Rebolledo, director de Cinematografía de Veracruz, manifestó el gran interés del gobernador Fidel Herrera por difundir los proyectos cinematográficos en proceso de realización en el estado. Y se acordó una posible cita.

Durante una reunión afuera del penal con familiares de los presos que se quejaban del mal trato y discriminación de que eran objeto, Rebolledo les dijo que ya tenía toda la información de lo que sucedía y que los invitaba al siguiente martes “a tomarse un cafecito, para ver cómo arreglamos la cosa, es que tengo a unas personas de Francia esperándome”.

A gritos, los familiares respondieron: “No queremos café, queremos trabajo, ya estamos cansados de que nos vean la cara. Que le avisen a Gibson lo que está pasando”.

Ante la presencia de Proceso, Rebolledo despareció sigilosamente y no volvió a contestar el teléfono a esta reportera.

 

Los testimonios

 

María Luisa Porras, una mujer humilde que quedó en el casting, desesperada, se queja de que nada más le hacen dar vueltas:

“Mi esposo está en Coatzacoalcos, yo trabajo.”

Otra mujer interrumpe y dice:

“Yo no quiero trabajar todos los días, no quiero ser una artista muy chingona, pero nada más me dieron tres días. Hay jovencitas que les enseñan algo y entran. Ellas tienen necesidad, pues yo también la tengo, pero no se vale que le den preferencia a las jovencitas, ‘que vente p’acá y vente p’allá’, y ya quedan.”

Julia Torres señala:

“Yo le dije a Toledo: ‘Viajo para la fundación, para mis internos’, y le pedí: ‘Apóyeme, señor Toledo, para mis hijos y para los internos’. Nos paramos en la puerta y nos corren.”

Candelaria Huerta afirma:

“Trabajé tres días con mis sobrinas, nos trajeron por la fundación y le caímos mal a El Patas y nos sacó. Veníamos en la madrugada, en la noche. Un señor nos prestó una troca y ahí nos dormimos. Salió Toledo y nos dijo: ‘No, para ustedes no hay trabajo’. Ya nos había agarrado como apestados. Yo le brinque y le dije que qué tenía en contra de nosotros, que yo era esposa de un preso que estaba aquí y que tenía necesidad de trabajar, que tengo que llevarle dinero a mis hijos. Fue como me dio permiso de entrar, y entonces El Patas se encargó de sacarme, diciendo que él había oído unas cosas que yo había dicho.”

Lucino Acosta dice:

“No tengo ni para regresarme. No sé en qué penal quedó mi sobrino, no tengo dinero para pagar y necesito que me dejen entrar a trabajar. Dijeron que en el casting darían prioridad a los familiares de los internos.”

Miguel Ramírez apunta:

“Quién le da trabajo a una persona de mi edad, tengo 67 años, pude trabajar tres días, pero me dijeron que estaba fuera ya.”

Camila López:

“Yo hice casting, tengo a mi esposo y dos hijas, vivo a siete horas de aquí, él era el sostén de la familia y vine porque no me han llamado. Estoy desesperada. Estoy segura de que el señor Mel Gibson no sabe lo que pasa. Somos 800 personas buscando cómo ayudar a nuestras familias, y nos sacaron como perros”.

Mientras tanto, se sabe que el penal estará al servicio de Mel Gibson durante un año. Enamorado del puerto, el actor alquiló una casa en una zona exclusiva. De ahí se trasladó a Perote, donde filmó a su anchas en la Fortaleza del lugar. (Con información de Regina Martínez.)