Los hombres que no amaban a las mujeres

jueves, 19 de agosto de 2010

MÉXICO, D.F., 18 de agosto (apro).- Esta primera entrega cinematográfica de la Trilogía Millenium pasa de panzazo. Es un buen entretenimiento (a secas), con buen manejo de suspenso, buenas actuaciones y con personajes interesantes. De pronto se siente un poco apresurada, y se antoja un buen preámbulo para una trilogía sobresaliente.

Los hombres que no amaban a las mujeres (The Girl with the Dragon Tatoo, Suecia, 2008), dirigida por Niels Arden Oplev, representa la punta de lanza de un fenómeno literario que avanza de manera voraz, a pesar de que los libros fueron publicados hace varios años.

Todo gira en torno a dos personajes. Por un lado tenemos a Mikael Blomkvist (Michael Nyvist), un periodista que al principio de la cinta atraviesa por un mal momento: diversos errores en un reportaje, con el que pretendía desenmascarar las fechorías de un empresario, lo han llevado a una condena de varios meses en prisión por el delito de difamación.

Y si bien Blomkvist no está acabado del todo, recuperar su reputación como periodista veraz e implacable le costará mucho trabajo; lo mismo ocurrirá con la revista Millenium, de la cual es editor y socio.

Por azares del destino, un empresario decide contratar a Mikael para que resuelva un misterio familiar; al parecer, el señor Henrik Vanger piensa que Mikael, con sus dotes de investigación, podría dar con pistas que la policía hubiera pasado por alto.

Alrededor de este caso hay varias interrogantes: ¿Por qué Mikael y no otra persona? ¿Por qué no un investigador profesional? ¿Qué se esconde detrás del enigma de esta poderosa familia sueca?

Por otro lado, tenemos a una misteriosa joven llamada Lisbeth Salander (Noomi Rapace), una chica pequeña, delgada, de look emo-punk, con aretes por toda la cara, que sigue a Mikael Blomkvist desde el principio.

Lisbeth es una investigadora que trabaja para una agencia de seguridad, es bastante rara y antisocial, y en principio no sabemos qué papel ocupará en las historia, pero descubriremos que es una muchacha bastante especial.

A pesar de que dura más de dos horas, la cinta no se siente pesada. La edición y los constantes bombardeos de información la vuelven ágil, y para poder disfrutarla es necesario aceptar las convenciones que se establecen con respecto de las habilidades de los personajes, situación que usualmente ocurre en las historias detectivescas, donde el protagonista suele explicar misterios de la misma forma que saca conejos de una chistera.

En fin, buen inicio. A ver si las versiones suecas mantienen el paso y superan esta primera parte.