Hugo Rodríguez: No al sistema de distribución

miércoles, 4 de agosto de 2010

Director de las películas En medio de la nada y Nicotina, Hugo Rodríguez ofrece a Proceso un diagnóstico nada halagüeño del cine nacional. Concluyó Una pared para Cecilia, cinta que carece de distribuidora porque el cineasta asegura que no le interesa entrar a un esquema hecho para el cine hollywoodense. También rodó por encargo el filme infantil La leyenda de las arcas, acerca del tesoro enterrado por el cura Miguel Hidalgo en 1810.

 

DURANGO, DGO, 4 de agosto (Proceso).- Con su tercera película Una pared para Cecilia, el realizador originario de Argentina y nacionalizado mexicano Hugo Rodríguez no desea entrar al sistema de distribución, porque “no conviene y ya están comprometidas las salas de cine para Hollywood”.

Rodríguez, quien aceptó dirigir su cuarta producción La leyenda de las arcas, “un proyecto más comercial” en torno al Bicentenario de la Independencia de México, por hallarse sin trabajo, afirma:

“Andaban buscando director, me presenté y los convencí.”

Una pared para Cecilia la terminó en enero pasado. Aún no cuenta con distribuidor, por lo cual carece de fecha para el estreno, cosa que lo tiene sin cuidado pues no le interesa entrar al esquema de distribución del país:

“Aunque te digan que el lanzamiento es pequeño, que salimos con 10 copias, si bien te va llegas a meter a 2 mil espectadores; pero es el distribuidor quien adquiere los derechos sobre las ventas en video y las ventas en televisión. Además, para una salida comercial en cine no te dan tiempo ni espacio ni hay publicidad que alcance para competir con Hollywood.

“Todos mis amigos que estrenan con alguna opción, pequeña o grande, no cuentan con salas de cine.”

–Si ya se cuenta con un exhibidor en México, ¿qué pasa?

–El distribuidor te invierte en cierta forma para tu distribución, pero se va a quedar con más derechos porque cada copia cuesta 2 mil dólares y hay que pagárselas. Si haces un lanzamiento chiquito, es decir, de 10 copias, en ese momento ya le debes 20 mil dólares al distribuidor… 

“Y nadie te va a ver al cine. En un momento llegamos a formar un público; desgraciadamente lo perdimos, no hubo interés para mantenerlo. No hay una política cultural estatal de formación de público. También debe haber una política de protección cultural en México, porque la infiltración de la cultura hollywoodense es fatal.”

Una pared para Cecilia, escrita por Paula Markovich (Temporada de patos y Lake Tahoe, dirigidas por Fernando Eimbcke) y el mismo Rodríguez, se proyectó en el Segundo Festival de Cine Mexicano de la capital duranguense. Conforman el elenco Eugenio Bartilotti, Rosa María Bianchi, Jimena Guerra y Vladimir Zamudio.

 

Cine sin salas

 

Hugo Rodríguez enfatiza su opinión acerca de que al cine mexicano no le proporcionen salas de proyección:

“En general, el cine mexicano no posee realmente ni una opción de producción real ni una opción de distribución real ni una opción de exhibición real. Para producir, el realizador necesita hacerse socio del Estado, a través del Fondo de Inversión y Estímulos al Cine (Fidecine) y el Fondo para la Producción Cinematográfica de Calidad (Foprocine), que no te reconocen, a veces, ni gastos administrativos.”

Entonces, apunta, “tienes que hacer circo, maroma y teatro: aportar tu salario, en fin…”. Y expone:

“El artículo 226 del Impuesto Sobre la Renta, llamado también Estímulo Fiscal a Proyectos de Inversión en la Producción Cinematográfica Nacional (Eficine), al principio como que medio funcionaba; pero en realidad, la ley está diseñada para que las grandes corporaciones, que aparte de comercializar pan, refresco, casas y demás, ahora puedan producir cine también.

“En Argentina, Brasil y Colombia, todos mis amigos que hacen cine allá en cuatro o cinco años ya son productores de cine, o sea, producen dos películas al año, porque el sistema está creado para que la comunidad del cine gane su dinerito y pueda seguir produciendo; pero aquí no. Te la pasas peleando por un fondo estatal en el cual si bien te va, lo obtienes.”

Por fortuna, en su caso la compañía Las Películas del Suricato que lo apoya y el cineasta son dueños de 50% del filme, y “eso es rarísimo, en general todos los directores, que son productores de su cinta, si bien les va son dueños de 10% o menos, 7%. Regalamos todo con tal de filmar un largometraje”.

–¿Qué pasa con el resto del porcentaje?

–Se lo queda el Estado o uno de los fondos del Estado u otras compañías privadas que financiaron el proyecto. En México, realmente no hay forma de que vivas de hacer cine, ¡no hay forma! La producción está fatal.

–¿Qué opina de las empresas privadas que con el 226 pueden financiar películas?

–Ese nivel de acorazarse por la clase rica mexicana es tremendo. No te puede dejar ni un espacio. Se sabe que si en el 226 una compañía pone el dinero, la ley no dice que no se puede quedar con esos puntos; entonces, si una compañía grande te pone 10 millones de pesos, después de las aprobaciones que hay, para una película de 20 millones se queda con 50% y te va a decir qué escena sacas y cuál dejas, ya ha pasado mucho…

–Censura, pero de otra manera: con el dinero, ¿verdad?

–Exactamente. 

“En Brasil, el dinero de una empresa va a un fondo y la instancia a cargo del cine en ese país destina los fondos. Es decir, si la Coca-Cola quiere poner 10 millones de dólares, los pone, pero se va al fondo y la Coca no es dueña de nada.

“En Argentina se cobra la exhibición. Le pusieron un impuesto a la exhibición, y aquí no pagan nada, todo el dinero de exhibición de México se va a Hollywood. En Argentina otorgan un crédito hasta que el realizador exhiba. Después de exhibir el dinero es suyo, pero ese crédito, no. Entonces, al final el cineasta es el dueño de la cinta. Si ese largometraje cuesta 10, 20 o 100 millones de pesos, o más, no importa, el realizador es el dueño del proyecto.”

Y aquí no, “o te mal asocias con el Estado, o tratas de buscar dinero en la iniciativa privada a partir del 226”.

–¿Alguna salida?

–Podría haber, si hubiera intención política de hacerlo. En el sexenio pasado platiqué con Sari Bermúdez y le pregunté por qué no existe un sistema de extinción de impuestos para los artistas, como lo hay en todo el mundo. Me dijo que no se podía.

“Es decir, en México hay exención de impuestos para las empresas que tienen mucho dinero, pero para los artistas y creadores, nada. Es lamentable.”

Añade también la falta de calidad del cine en México, pues “lo que se rueda con el 226 es realmente indebido, 80%, 90% es malísimo, pero… No quiero hablar mal de mis colegas”.

Por lo tanto, Una pared para Cecilia no piensa que pueda estrenarse en breve:

“A nivel de distribución, no creo… Aunque apartes las salas, los cines están totalmente copados, te sacan al instante porque vienen las cintas de Hollywood. Están ya comprometidas las salas…”

 

El tesoro de Hidalgo 

 

–En cuanto a Una pared para Cecilia, ¿cómo es que retoma una idea original de la argentina Paula Markovich?

–Conozco a Paula desde hace mucho tiempo, cuando ella realizó su primer corto que le ayudé a editar. Es una relación que tengo con varios amigos de pasarnos material cuando escribes un guión. 

“La productora Laura Imperiale me dijo que Paula realizaba un guión de una película para televisión y me dijo: ‘Aquí hay una historia que nos puede interesar’. La leí y me gustó, y empecé a trabajar el guión. Yo trabajaba en el CCC y estaba dando clases en Tijuana y viajaba mucho para allá. Y se me ocurrió adaptarla a la frontera por los años 2003 y 2004.”

Tardó otros tres para levantar el proyecto y filmarlo en 2008. Se quedó sin fondos y consiguió apoyo del Instituto Mexicano de Cinematografía (Imcine) para la posproducción. En total, seis años.

El filme Una pared para Cecilia es reflejo de la situación femenina actual. Una chica pintora busca la forma de expresión artística, y no anhela tener hijos que obstaculizarían su desarrollo. Un intento de robo la une a Rafael, chicano que no puede regresar a Estados Unidos y ambos establecen una relación madre-hijo, ya que él cuenta con sólo 10 años de edad. Refiere su director: 

“El rol de la mujer sigue siendo que debe ser madre pronto y no dedicarse a otra cosa, incluso, hay muchas mujeres que lo aceptan abiertamente, opinan: ‘Termino la universidad, me caso y punto…’, pero hay un sector femenino cada vez mayor que ha cambiado las reglas sociales y no sólo ha salido al mercado de trabajo o participa en la política, también ha invertido roles a nivel de pareja. La pareja tradicional ya no funciona y eso, finalmente, está en la película.”

Hugo Rodríguez ha concluido una historia para niños en su cuarta película intitulada La leyenda de las arcas, que produce Dos Corazones. Estrena en octubre con 250 copias y ya cuenta con distribuidor.

Protagonizada por el niño Adrián Alonso (La misma luna), Hugo Rodríguez llegó al filme porque la directora de producción, Sandra Solares, le informó que para La leyenda… se andaba buscando director y él acudió, toda vez que “uno es trabajador, aparte de querer hacer proyectos propios”. Aclara:

“Ahí me contrataron como director. Tiene bastantes efectos digitales, están terminando eso, y la música.”

Pese a ser en este proyecto fílmico sólo “un empleado más”, el director de la cinta manifiesta su enorme satisfacción por tratarse de un tema fascinante y de actualidad nacional.

La historia gira en torno de un chico urbano de clase media baja de 12 años de edad, Erick, obsesionado por el deporte de las patinetas, cuya situación económica familiar se encuentra en crisis con su padre a punto de perder su trabajo en una fábrica de vidrio. 

Erick se mete en dificultades con una banda de chavos local y al huir de ellos conoce por mera casualidad a cierto anciano, quien le cuenta la leyenda de un tesoro que Miguel Hidalgo y Costilla supuestamente ocultara durante la guerra de Independencia de México, en el siglo XIX. En pos del cofre, Erick viaja a Guanajuato acompañado por sus amigos Andrea y Omar (Ilse Zamarripa y Diego Velázquez), topándose con el traficante de arte sacro Nathan Pickett (John Rys-Davies) que también anda tras el tesoro y no lo piensa compartir con los tres chicos. Mauricio Castillo personifica a Hidalgo.

“El largometraje se relaciona con el Bicentenario. Es un hecho histórico, porque cuando Hidalgo arribó a la Alhóndiga de Granaditas el 28 de septiembre de 1810 estableció una fundición en Guanajuato para crear monedas y cañones, según se sabe. No nos metemos en ese fragmento de la historia, pero sí nos referimos al tesoro.”

El rodaje de La leyenda de las arcas inició recreando la toma de la Alhóndiga por Hidalgo y Allende el 28 de septiembre de 1810, sitio que le fuera vedado a la filmación de la película, por lo que subraya el cineasta nacido un 27 de junio de 1958 en Buenos Aires, a manera de despedida, “nuestro rodaje tuvimos que realizarlo en un convento”.

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