Las otras fiestas del Bicentenario

lunes, 13 de septiembre de 2010

MÉXICO, D.F., 13 de septiembre (Proceso).- Ciertamente, los días de septiembre de 2010 resultarán memorables para las cadenas que dominan la televisión del país. Es que, más allá de las celebraciones populares por las fiestas patrias, la TV tiene sus propios motivos para festejar.

Una razón para ello se encuentra en los cuantiosos recursos que el gobierno federal ha destinado a las bicentenarias fiestas, mismos que, según se ha hecho público, alcanzarán los 3 mil millones de pesos, gran pastel del cual una buena tajada será para la difusión de los festejos, es decir, para la pantalla chica.

El denso hermetismo instaurado para la danza de los millones que están en juego, ha impedido que se cuente con al menos datos generales sobre los aspectos financieros de los actos y las transmisiones de los próximos días, por ejemplo la posible injerencia de los consorcios, en especial Televisa (con sus ramificaciones en el rubro de los espectáculos), en el diseño de los eventos conmemorativos, con características que se anticipan televisables. A pesar de que se trata de recursos del erario, no se han hecho del conocimiento público los gastos que se traducirán en ingresos para el duopolio las transmisiones de la noche del “Grito”, las cuales incluyen la presentación de un espectáculo cuyo montaje costará 672 millones de pesos.

Y si como ha trascendido que la Expo Bicentenario se llevará mil 100 millones de pesos, nada se ha informado sobre los montos dedicados para transmitir los eventos varios del 16 de septiembre, cuya premeditada espectacularidad los plantea como de obligada transmisión por la TV.

Mas faltaba la cereza del pastel. Y ésta vino con el inesperado decreto presidencial anunciado hace algunos días, mediante el cual se adelantará seis años el llamado “apagón analógico”, es decir, la transición de la TV análoga a la digital, proceso que, si hay voluntad política para ello, podría dar cabida en la pantalla chica a más canales televisivos y a participantes distintos al conocido duopolio, cuyo poderío, como se sabe, se está extendiendo ya con el apoyo gubernamental a los escenarios del triple y del cuádruple play.

Pero dado que hasta el momento tal decisión –de múltiples aristas e implicaciones, incluso en la perspectiva de 2012, la electoral– no se ha visto seguida de un conjunto de acciones que aseguren verdaderamente el surgimiento de la competencia en la televisión del país, entre ellas la muy importante de próximos procesos de licitación de las frecuencias que el mencionado cambio tecnológico habrá de liberar, o la ausencia de reglas precisas para que devuelvan los llamados canales espejo que les fueron prestados para fines de experimentación de la tecnología digital, pudiera ocurrir que esos espacios emergentes, como también los nuevos negocios de telecomunicaciones que generen, sean para los mismos de siempre y refuercen la estructura de concentración ya existente en nuestra televisión.

¿Tendrán los consorcios en estos días septembrinos otro motivo más para festejar?  l

 

 

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