Televisa, un peligro para la democracia, acusa el escultor Federico Silva

lunes, 20 de septiembre de 2010

MÉXICO, DF, 20 de septiembre (apro).- Discípulo de David Alfaro Siqueiros, Federico Silva encontró en el arte un compañero de vida. Trabajador de las ideas, como se autodenomina, impartió al mediodía la conferencia magistral Identidad y memoria, en la Academia San Carlos, con lo que arrancaron las celebraciones del centenario de la UNAM, que lo verá condecorado con el honoris causa de la casa de estudios.
La cultura y el arte nos dan fuerza, dijo Silva al amanecer de su charla, y llamó al pueblo de México a la solidaridad e ir por el rescate de la Nación: Lo que nos puede salvar es la imaginación, dijo el artista, y llamó a hacer una Revolución desde lo más profundo de su sensibilidad:
“Vamos a jugar y a imaginar; soñar con una gran cruzada de rescate; una nueva revolución, una nueva moral. Nos convoca esa nueva revolución, pacífica, humanística”, instó.
En México, comentó, los últimos diez años han salido 30 millones de mexicanos de sus tierras. Tres millones cada año. “Vamos a soñar que los millones de mexicanos regresan, y junto con los millones que aún no se han ido recuperemos nuestra vida comunitaria. […] Que a la cruzada, al rescate, se sumen los miles de presos que viven en condiciones infrahumanas que nos impiden a todos los mexicanos ser libres”.
A punto de recibir la máxima distinción académica que otorga la casa de estudios, el escultor dijo que la UNAM cumple una centuria, pero se ha nutrido con las acciones de más de 500 años. “Todos los años de México están en la Universidad Nacional. Es el sitio en que nos encontramos todos. Preserva y cultiva la identidad, la que en los mexicanos habita en el inconsciente profundo”.
Sostuvo que las vías del progreso en México fueron alteradas por el neoliberalismo, doctrina en donde el capital y el mercado tienen la palabra en exclusión de la sociedad. “El reino de la simulación, del crecimiento de una burguesía burocrática y la corrupción”.
Habló de la telenovela de moda: el desmantelamiento de México, producida por los intereses del gobierno y la televisora más influyente del país.
Alzó la voz en contra del monopolio que se fragua a favor de Televisa entre concesiones de fibra óptica y televisión digital: “Beneficio del poder político a un grupo sobre millones de mexicanos, diseñado para la próxima campaña electoral”.
Denunció que la televisora de Emilio Azcárraga Jean funge como una “súper secretaría”, siendo sus comunicadores ministros que manipulan a funcionarios “dóciles” y dirigentes “disléxicos” de los partidos políticos.
Luego calificó al poder de la televisora como “un peligro mayor en contra de la democracia mexicana que el crimen organizado”.
También tocó el tema de los migrantes: hombres y mujeres sin patria. Desde el norte criticó a Estados Unidos, vigilante de “su corral fronterizo a la caza de mexicanos curiosos”.
Al mirar al sur, dibujó el relato de un espectáculo siniestro: miles de jóvenes, mujeres y niños en extrema pobreza montados en los techos de un ferrocarril que recorre miles de kilómetros, desde Tapachula a Laredo; “familias fuertes, esperanzadas, intrépidas que salieron de sus casas llevando como único equipaje el recuerdo de los perfumes de la tierra y el café, y viajan a ciegas a los campos de la muerte o a la prisión”.
Desde la inteligencia y la ironía, habló del fracaso económico que abruma al país. “Vemos el progreso en los miles de ciudadanos con nuevos empleos: pequeños empresarios que venden diversas mercancías en los altos y embotellamientos de la ciudad: tarjetas de teléfono; servicios de limpia parabrisas; venta de rehiletes de colores para celebrar las fiestas patrias”.
Continuó: “Pero hay que reconocer que con el nombramiento del nuevo secretario del Trabajo, para los desposeídos se abre una nueva perspectiva: el más allá. Con fuertes vínculos con los Legionarios de Cristo, podrá entregar a los trabajadores en la pobreza indulgencias y las esperanzas de redención”.
Como nunca, la sociedad mexicana vive con temor dijo Silva. Su optimismo se fue diluyendo entre una lista considerable de agravios. “Los campesinos de Atenco, de los indígenas de Chiapas, los niños de Sonora, los mineros de Cananea y Pasta de Conchos”.
Los políticos, acusó, han perdido credibilidad y respeto. “Es grave y peligroso. Nos remite a la barbarie, el despojo y la violencia […] Con frecuencia se reúne el gabinete para dar salida a los problemas de la guerra, las matanzas, que ya suman miles durante este gobierno de alternancia”.
Reclamó que hace dos sexenios, en México, los sueños de cambio se desvanecieron. “Las botas de Fox se transformaron en botas militares, aumentó la pobreza, la ignorancia y paralelamente se desarrolló una obra histriónica: el mano a mano entre Los Pinos y Televisa para ver quién suprime de la manera más eficiente y cínica los anticuados sentimientos patrióticos”.
Los festejos por el bicentenario de la Independencia y el centenario de la Revolución los calificó de un “sainete” mediático con un fondo “perverso”. Vestuarios esquizoides, danzas dionisiacas, fuegos pirotécnicos inspirados en la guerra del Golfo y un elemento muy “desconcertante”: el Coloso, “dominando a México desde el Zócalo: sospechoso gigante. “¿Una fantasía fallida, una alusión?”, se preguntó.
También criticó las proyecciones sobre la catedral de México. “La Iglesia como centro, como espíritu de la Independencia. Fueron sus muros las pantallas sobre las que se proyectaron las imágenes de los héroes de la patria. Y al final, el Árbol de la Vida: mensaje subliminal para la masa”.
“Recuperemos el espíritu de la Independencia y de la Revolución Mexicana. Los cien años que vienen por la reconstrucción de México”, terminó el artista.

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