Después del fin

miércoles, 29 de septiembre de 2010

MÉXICO, D.F., 29 de septiembre (Proceso).- Dos jóvenes se encuentran encerrados en un refugio nuclear durante dos semanas. Uno de ellos lo ha preparado todo, el otro, sorprendido, no sabe ni cómo llegó allí.

La situación dramática que plantea Dennis Kelly, autor inglés de la obra Después del fin, tiene la fuerza escénica de lo que provoca un espacio cerrado. La teatralidad es inminente y da la posibilidad de explotar al máximo la psicología de los personajes, contraponerlos entre sí, desarrollar el manejo del poder al interior de la relación y luego… soltarlos sin que logren liberarse uno del otro.

Después del fin se presenta los jueves en el foro La Gruta bajo la dirección de Nora Mannek. Marco es interpretado por Cristóbal García-Naranjo; Luis, por Adrián Alarcón. Son personajes de diferente clase social, opuestos sus intereses y su personalidad. Marco ha llegado preparado al refugio, tiene comida, actividades, planes que realizar. Luis, desubicado, tiene que aceptar las explicaciones del otro y verse envuelto en una situación que no comprende.

La ambigüedad que el autor plantea es interesante, pues el espectador, en el transcurso de la obra, va descubriendo los porqués y, como ante un rompecabezas, va armando la realidad. Sospechamos que todo es un simulacro preparado por Marco, pero no tenemos la certeza, intuimos el final, pero se nos sorprende con otro desenlace. Lo que va permeando la escena es un amor no correspondido, develando el dolor y la violencia. La sucesión de los hechos es lineal, pero en el transcurrir de los días se va perdiendo el sentido de la temporalidad; no se sabe cuánto tiempo ha pasado y si para uno es un segundo para el otro el tiempo no tiene fin. Originalmente la obra estaba pensada para un hombre y una mujer, pero aquí se nos plantea otra opción y funciona, aunque no resulte tan eficaz pues se siente violentado el espíritu de la relación.

Nora Mannek consigue un trazo escénico limpio y resuelve con soltura el movimiento dentro de un pequeño espacio. Los diálogos fluyen y la directora remarca ese hablar donde las palabras de uno y otro se enciman, se dicen al mismo tiempo, se escuchan pero no se escuchan, se entienden pero no se entienden; metáfora misma de la obra. Cristóbal García-Naranjo y Adrián Alarcón interpretan con verosimilitud a sus personajes, aunque el primero en muchos momentos, sobre todo los dolorosos, se queda en una gestualidad impostada. Adrián Alarcón nos transmite el desconcierto y la desprotección en la que se encuentra. El diseño de la escenografía de Cristóbal García-Naranjo es atractiva visualmente y funcional para los cambios que se requieren. 

Después del fin es una obra que, a través de una situación determinada, nos muestra la complejidad del comportamiento humano. Y así como en un refugio apenas se distinguen las figuras, el espectador sólo puede entrever lo que mueve a cada uno de ellos y constata cómo los actos tienen consecuencias irremediables.  l

 

 

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