Let me in, mejor que la versión sueca

jueves, 27 de enero de 2011

MÉXICO, D.F., 27 de enero (apro).-  Menos cruda que su contraparte sueca, pero más completa en todos los aspectos, Let me in (EU-2010) es una estupenda cinta de terror, una de las mejores películas de vampiros.

Claro, gran parte de su grandeza se la debe al texto original de John Ajvide Lindqvist, pero el director Matt Reeves es capaz de generar un discurso propio que resulta sumamente terrorífico, donde los niños han dejado de ser esas criaturas inocentes que aparecían en Peter Pan, para convertirse en seres abominables, capaces de cualquier cosa.

Let me in nos presenta la historia de Owen (Kodi Smit-McPhee), un niño solitario acosado por un grupo de abusadores escolares que lo martirizan y humillan constantemente, y parecen no tener llenadera.

En la vida de Owen hay otro sujeto particular, una niña vampira llamada Abby (Chloe Moretz). Los chicos comienzan a vivir una hermosa relación de amistad y complicidad. El problema, claro está, radica en que Abby no es una chica común y corriente, sino un ser que requiere de la sangre humana para sobrevivir.

Elie casi no suele ir de caza, pues para eso tiene a una especie de amigo-esclavo que le consigue sangre.  Las cosas comienzan a complicarse cuando el susodicho comienza a cometer diversos errores que pondrán en peligro la subsistencia de la vampira.

Let me in es estresante de principio a fin. Todo el tiempo existe la sensación de que algo va a ocurrir, y cuando esto pasa, más allá de un susto repentino, se convierte en un espectáculo aterrador, capaz de dejarnos pasmados en una combinación de música que pone los pelos de punta, escenarios sombríos, agresión visual y transgresiones morales.

En el mundo de Oscar, los adultos no pueden hacer prácticamente nada para detener el infierno que el muchacho está viviendo. Es la ley del más fuerte, y la espiral de violencia irá escalando tanto en la vida de Oscar como en la de Elie.

Si existe algo que reprocharle a la cinta es su aire moralino que mancha la relación entre los dos infantes, a quienes coloca en una posición poco favorable para con el destino, lo cual no ocurre con la contraparte sueca, donde las decisiones de los personajes se vuelven más complejas debido al contexto.

De ahí en fuera, la cinta resulta fabulosa.