Fracasos

jueves, 13 de octubre de 2011
MÉXICO, D.F. (apro).- Estimados lectores: no se puede negar que esto del esperar tiene su puntos de drama, pues el que espera, como bien dice la sabiduría popular, desespera, y como esa misma sabiduría igualmente sentencia que mientras hay vida, hay esperanza, resulta que no pocas veces nuestra espera de la esperanza no es más que un angustioso infierno de desesperanza. Eso ocurre sobre todo cuando la espera se refiere a algún Mesías, es decir, de un ser bienhechor, de una persona liberadora de males, lo que sucede de manera especial en la política, donde el mesianismo también se extiende a las ideas, a las doctrinas, a los modelos de gobierno. La política, como se sabe, tiene, para desgracia del género humano, variados ejemplos de fracasos de Mesías y mesianismos. Recordemos algunos. Ni el emperador romano Marco Aurelio, modelo del gobernador filósofo, pensador y recomendado por Platón; ni el sibilino Príncipe de Maquiavelo han sido en modo alguno liberadores de males, bienhechores de la humanidad; el último, sobre todo, lo confirma y demuestra la variedad de “reyes por la gracia de Dios”, que han mal gobernado a sus súbditos y entre los que no faltaron los que su mal gobierno lo hicieran con la ayuda de la doctrina llamada “despotismo ilustrado”, que tenía como lema “todo para el pueblo, pero sin el pueblo”. En cuanto a los ciudadanos, con todo y El contrato social de J.J. Rousseau, así como otros sistemas de organización social, de modelos económicos que vieron y entendieron la historia como una lucha de clases, cuyo protagonista era el proletario y el villano el propietario del dinero, fábricas, de los medios de producción en general, tanto materiales como de comunicación y expresión: Marx; como una circulación, un ir y venir, de elite, de grupos que por su saber, riqueza o funciones de mando y control, conquistan, se apoderan del gobierno: Pareto y Mosca; como un eterno conflicto entre los elementos rapaces y los productores de la población, conflicto que sería superado por la toma del gobierno por expertos en ingeniería y experiencia en la administración: T. Veblen. Esta doctrina de las elites, de los expertos, de los que sí saben cómo hacerla, sería retomada más tarde por J. Burham, con su teoría de la “revolución de los directores”, según la cual corresponde a la alta burocracia económica, estatal, de la iniciativa privada, sindical o de cualquier otro tipo, ser la clase dirigente. Por su parte, C. W. Mills, otro de los sociólogos interesados en eso de las elites, llegó a la conclusión de que las mismas combinan a los jefes de jefes de las finanzas, la industria, los militares, la clase política profesionalizada y hasta jerarcas religiosos que, por cuestión de intereses personales y de grupo, poco caso hacen o se oponen a los intereses, a las necesidades de la sociedad democrática. ¿Qué pasó con todas estas teorías? Recordemos algunos hechos. La lucha de clases se fue por el caño de la historia, y su protagonista como se decía cuando éramos jóvenes: el chico chicho de la película gacha, el proletario, fue anulado, hecho a un lado por el villano de la misma, el empresario, que a su vez, interesado en disfrutar de la vida, encargó sus empresas financieras, productoras, comerciales a los técnicos, a los expertos que sí saben cómo hacerla, pagándoles muy bien sus servicios, buena paga que, en modo alguno, ha sido capaz de salvar de la quiebra a no pocas de esas empresas que se les confiaron, de evitar especulaciones financieras fraudulentas, sino todo lo contrario o hacer que sí fuera real la mano invisible del mercado para contribuir a un reparto menos injusto de la riqueza producida, sucesos que hablan claro o de la ineptitud o de la corrupción administrativa de los directores, de los expertos tecnócratas, y que ponen de manifiesto el fracaso de la tan cacareada iniciativa privada, tan alabada por lo ideólogos del capitalismo. Todos estos hechos, los fracasos de los protagonistas mesiánicos, de hombres bienhechores, de liberadores de males: rey (así lo sea por la gracia de Dios), ciudadano (dizque protegido por la ley), obrero de epopeya, heroico, del empresario (que sabe hacer mejor las cosas) y de sus servidores (expertos tecnócratas), así como de sus respectivas teorías: realismo, republicanismo, socialismo, revolución de directores, capitalismo, considero que justifican lo expuesto al inicio de la presente: que el que espera desespera y la desesperación convierta a la vida en un infierno de angustias… y también justifica el preguntarse si ese fracaso se debe a la naturaleza utópica de esos mesianismos… o al abandono e incluso traición a los mismos por parte de los humanos. ¿Qué contestar? ¿Qué dicen? Sin más por el momento, servidor de ustedes. EL TIO LOLO

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