Nuevo destino para la Ruta de la Amistad

martes, 18 de octubre de 2011
MÉXICO, D.F. (apro).- La organización no gubernamental World Monuments Fund (WMF) incluyó en su lista World Monuments Watch (WMW) de 2012 al conjunto de 22 esculturas urbanas denominado la Ruta de la Amistad, concebido por Mathias Goeritz y realizado por diversos artistas del país y el extranjero con motivo de las olimpiadas de México 68. Así lo dio a conocer el Patronato de la Ruta de la Amistad, al destacar que la WMF es un organismo dedicado “a salvaguardar los sitios más valiosos del mundo”. Y la lista, agrega, “es el programa más importante de defensa del patrimonio del WMF. Tiene como objetivo llamar la atención internacional sobre los retos y peligros que enfrentan los sitios culturales alrededor del mundo”. A diferencia de la Lista del Patrimonio Mundial de la UNESCO, que se toma como un reconocimiento (y exige que los sitios inscritos presenten propuestas para su conservación), la WMW ha llegado a ser considerada por algunos críticos como una especie de lista negra, pues se inscriben ahí sitios cuya conservación está en riesgo. La distinción al entrar en esa lista consiste en que el organismo internacional reconoce los valores artísticos y/o históricos universales del bien inscrito, llama la atención sobre los peligros que enfrenta y aporta o ayuda a conseguir recursos para su rescate. “La Lista Watch --explica el comunicado del Patronato de la Ruta de la Amistad-- es el programa más importante de defensa del patrimonio del WMF.” Añade: “La inclusión será decisiva en la búsqueda por reubicar a la Ruta de la Amistad –en Periférico sur– ante la delicada situación que enfrenta con la construcción de la Autopista de Cuota Urbana del Sur”, pues contribuirá a crear conciencia en la opinión pública. Se tratará, pues, de buscar una gestión “responsable” y promover la participación y colaboración de las autoridades locales para la salvaguarda del conjunto artístico. Remata: “La Ruta de la Amistad toma así un nuevo rumbo, ahora como parte de una comunidad global de sitios de profundo valor para la humanidad.” Décadas de deterioro Hace ya 15 años, en octubre de 1996, la crítica de arte Raquel Tibol llamó la atención en su columna semanal de la revista Proceso sobre el deterioro de la Ruta, que inició desde su construcción, en 1968, pues no sólo quedó bajo la acción de la intemperie, sino que también ha padecido “la estrecha mirada cultural” de los funcionarios municipales y “el crecimiento vertiginoso del entorno urbano, que se ha echado sobre ellas desvalorizando, achicando y muchas veces degenerando sus atributos artísticos”. La especialista recordaba que Goeritz concibió la Ruta “como una perdurable cofraternidad estética multinacional”. Evocó asimismo la creación en 1994 del Patronato Ruta de la Amistad, A.C., con el propósito de restaurar y conservar las esculturas. El mecanismo sería la “adopción” de cada una de las esculturas por parte de una persona, grupo o empresa. Pero además, como una especie de “madre adoptiva”, el compromiso de un proyecto personal. En su columna, Tobo, narró que la escultora Yvonne Domenge se involucró en el rescate de la Torre de los vientos, del escultor Gonzalo Fonseca (ubicada casi frente al centro comercial Perisur), y la concibió como un espacio mínimo de exposiciones y actividades artísticas”, pues en su interior hay una especie de gradas de piedra. La ocupó de hecho con un proyecto artístico suyo, pero pensó también --refirió Tibol-- en la posibilidad de realizar conciertos y lecturas de textos literarios para un público muy reducido. La crítica remató: “Una promoción adecuada sabrá explotar la magia propia de esa Torre, mucho más intensa por dentro que por fuera.” No todas las esculturas corrieron la misma suerte y no todas fueron intervenidas, restauradas o al menos recibieron mantenimiento. La Ruta, que ha sido considerada como uno de los corredores artísticos más largos del mundo” con 17 kilómetros, desde San Jerónimo hasta Cuemanco, ha sido “victima de la negligencia y el olvido”, consignó también la reportera Ana Cecilia Terrazas en el mismo semanario Proceso, en septiembre de 1996. Hizo ver, también desde entonces, que pese a la insistencia y varias propuestas, el conjunto de esculturas monumentales no ha sido declarado como patrimonio artístico nacional por parte del Instituto Nacional de Bellas Artes (INBA), por lo cual algunas quedaron a merced de los propietarios de los terrenos en que se encuentran. “Lo que sucede es que las esculturas de la Ruta, aunque nosotros las tenemos en comodato por 10 años, si están en terreno privado dependen de los dueños. Técnicamente Bellas Artes tiene que dar su punto de vista y aprobar cualquier modificación, pero poco puede hacerse, ya que se vendió en paquete en los terrenos particulares, obra que debiera ser de la nación”, lamentó entonces Luis Javier de la Torre, presidente del Patronato Proceso ha consignado en diversos reportajes el deterioro de la Ruta. De la Torre ha denunciado en esas páginas que el Instituto Educativo Olinca destruyó el basamento original de piedra volcánica del Xitle, parte del diseño, de la escultura de Australia, del artista Clement Meadmore, que quedó dentro de sus instalaciones. La Torre de los vientos fue nuevamente restaurada durante el periodo en el que la arquitecta Sara Topelson ocupó la dirección de Arquitectura del INBA. Y, como en la primera vez, otras de las esculturas no corrieron con la misma suerte. Podría decirse que es fácil verlas cuando se transita por el Periférico, pintadas de graffitti, carcomida su estructura por el óxido, palidecida su pintura original por el sol y la lluvia. Pero quizá el mayor “atentado” al patrimonio cultural que representan sea el olvido y su “invisibilidad”. Quienes circulan por la vía rápida difícilmente pueden distinguirlas, pues están detrás de árboles; de vegetación mal cuidada; de construcciones, en algunos casos; de las ballenas que soportan el segundo piso del Periférico, y ahora de las obras de la Autopista Urbana de Cuota del Sur. Cuando se comenzó a construir el segundo piso, la escultora Ángela Gurría lamentó, también en las páginas de Proceso, que no se estuviera contemplando la protección de su obra Señal, que da inicio a la Ruta de la Amistad. En 2006 fue restaurada con una inversión de 120 mil pesos, pero de cualquier manera quedó en medio de una glorieta rodeada de puentes que desbordan la dimensión humana, tráfico y ruido de automóviles, y difícilmente puede apreciarse completa desde cualquier ángulo. Más difícil aún para cualquier peatón es poder llegar a la glorieta para apreciarla de cerca, a menos que quiera arriesgar la vida. Reubicación En mayo de este año, la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM) manifestó su interés de participar en el rescate de ocho de las esculturas. Luis Javier de la Torre expresó entonces, en rueda de prensa, su pesar porque el proyecto de la llamada autopista, que es en realidad la continuación del segundo piso del Periférico, no hubiera considerado la protección de las obras. De la Torre consiguió incluso que embajadores de varios países, entre ellos Australia, Austria, Estados Unidos, Francia, Suiza, Israel, Italia, Japón, Marruecos, Polonia, República Checa y Uruguay, además de empresas que apoyan al Patronato, aceptaran firmar cartas dirigidas al jefe de gobierno de la Ciudad de México, Marcelo Ebrard, para que tome conciencia de la necesidad de proteger el conjunto de obras. Es público que Ebrard no ha aceptado recular en este proyecto. El presidente del patronato aseguró que su fin no es impedir la obra vial, sino evitar que se dañen las estructuras que quedarán cubiertas, “lo que ocasionará su desaparición visual, pues serán envueltas por toneladas de cemento”. La petición a Ebrard es que las obras sean retiradas de su lugar antes de continuar con las obras. La idea es trasladarlas a la Reserva Ecológica de la UNAM, el Trébol de Insurgentes-Periférico Sur y la Zona Arqueológica de Cuicuilco. “Creemos que sólo así lograremos preservar ese tesoro nacional y mundial. Pero para eso se requiere de un compromiso por parte de la autoridad, de los constructores (Grupo Carso e ICA, que desarrollarán la obra del segundo piso) y de la sociedad. Es aquí donde se hace necesaria su intervención para implementar las medidas necesarias que pongan a salvo este patrimonio, que debe subsistir con toda justicia y dignidad para futuras generaciones.” Hace un par de meses el Patronato anunció en su página web que se ha concretado ya la firma de un contrato con la empresa CAV Diseño e Ingeniería para realizar los estudios y el proyecto de ingeniería para el traslado de las esculturas afectadas por la autopista (en www.mexico68.org se pueden ver las imágenes de éstas). Asimismo, aseguró que en el proyecto participa la Secretaría de Obras del gobierno de la ciudad y ha logrado que ICA financie este estudio. Al momento de inscribir la Ruta en su lista, La WMF argumentó que “el crecimiento urbano en los últimos años ha oscurecido este museo al aire libre y amenazado muchas de las esculturas individuales. (El) Proyecto de construcción de una autopista de peaje elevado, por encima de la carretera, donde las esculturas se encuentran, también tendrá un impacto dramático. “Durante casi 20 años, los defensores locales han logrado rescatar y restaurar las 17 esculturas. Ahora están buscando asistencia para preservar las últimas cinco y volver a establecer la importancia de la Ruta de la Amistad como un importante corredor cultural y símbolo de la unidad a través de un plan de protección integral. La inclusión en él (la lista) llamará la atención sobre la difícil situación de la Ruta de la Amistad y fomentar la integración de este importante patrimonio en el tejido de la ciudad.” Hay una convocatoria del Patronato para que los ciudadanos firmen en su página web su adhesión al proyecto. Luego del contrato, según el organismo, falta el movimiento oportuno de las obras. Y concluye que creará un micrositio para informar sobre los avances de este proyecto de rescate. Lo que es claro es que la Ruta de la Amistad, tal como la concibió Goeritz, cuando esta ciudad tenía casi como límites territoriales los carriles del Periférico, un tráfico vehicular mucho menos denso y carecía de las gigantescas construcciones de ahora, no volverá a ser la misma nunca.

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