¿Botellitas de jerez?

miércoles, 19 de octubre de 2011
MÉXICO, D.F. (apro).- Arrogantes, desconsiderados y desagradecido mamíferos razonantes: y me tiene hasta la maceta con eso de que a los sujetos de su especie que son inconstantes, de débil voluntad, de fácil manejo los comparen, en sentido despectivo, con una servidora. ¡Comparar a tales individuos con una! Eso es, sin querer queriendo, así lo siento, incordiarme, insultarme, pues si algo tengo, es tener firmeza de saber qué soy, para qué sirvo y cuál es mi deber y cumplir a rajatabla llueva, truene, en cambio ustedes… qué más quisieran que parecérseme… ¡desagradecidos! Vergüenza debía darles hacer tan desafortunada comparación y mejor tener en cuenta que por siglos fui la única con la que pudieron contar para saber cómo se comportaba ese fluido incoloro, inodoro, insípido e indispensable para la respiración de todo bicho viviente por su contenido de oxígeno, raíz fundamental, junto con el agua, la tierra y el fuego que, según los filósofos de la Grecia clásica, mediante su unión de acuerdo con determinadas proporciones, eran el origen de todas las cosas habidas y por haber, o sea, por si todavía no se han enterado de qué hablo, les informo que es del aire. Aunque lo hayan olvidado o les cueste reconocerlo, tienen que admitir que gracias a esta su servidora pudieron confirmar que el aire no era estático, que se movía, como ya se los había hecho sentir de manera imperfecta o bruta al inclinar la hierba, al mecer las ramas y hojas de árboles y arbustos, al chocar contra los cuerpos de ustedes; pero su servidora, repito, les mostró y demostró y lo sigue haciendo, de manera práctica, esa realidad, ese moverse del aire. Gracias a esta servidora de ustedes, insisto, durante siglos y hasta hoy, pueden saber si permanece constante y cuándo y con qué rapidez puede cambiar de dirección, conocimientos que igualmente, durante siglos, les sirvió para que lo utilizaran mejor en la molienda de granos, para obtener harina, hacer pan, energía para sus cuerpos, para mantener sus vidas. ¡Chin! Perdón. Mi enfado me está desviando de lo que quiero decirles: que más que servidora, son ustedes los que merecen lo que despectivamente me atribuyen, que muy bien se les puede aplicar el dicho popular que a la letra dice: “Botellita de jerez, todo lo que me digas es al revés”. Vean por qué lo digo. Ustedes, mamíferos razonantes, consideran que servidora es mudable, carente de voluntad, manejable por tanto y por consiguiente dudosamente libre. ¡Tiene gracia! ¿Ustedes hablándome de voluntad y libertad a mí? Servidora vuelve ha decirles que sabe con certeza qué es, para qué fue creada, cuál es su deber y lo cumple contra viento y marea, mientras que, se los recuerdo otra vez, ustedes son inestables, tornadizos, por impulsivos y caprichosos, a lo que hay que añadir que su inconstancia se debe muchas veces a que no actúan por ignorancia, miedo, conveniencia o desidia; también son inconsecuentes, por su tendencia a actuar más por sentimientos que por conocimientos, por convencimientos, esto es, movidos más por sus hormonas que por sus neuronas. Y son así porque son seres nacidos para el cambio, a realizarse por y en el cambio; cambio al que mueven los anhelos, deseos, carencias y necesidades de ustedes, mamíferos razonantes. Ejemplo: los compañeros de Ulises que, por codicia, creyendo que encerraba un tesoro, abrieron el odre en que solo, el dios de los vientos, había encerrado a los funestos vientos que les impedirían arribar a Itaca, con lo que atrajeron sobre sus cabezas muchos desastes; y más tarde, por hambre, se comieron las vacas consagradas a Helios, dios del sol, por lo que esta divinidad, furiosa, hizo morir a todos, menos a Ulises. Lo expuesto hasta aquí pienso que demuestra sobradamente que sus decires sobre su servidora no son fundados. Si, por supuesto, verdad es que no tengo más que un punto, un eje al que estoy sujeta pero mis giros sobre el mismo afirman y confirman lo que soy al cumplir para lo que fui creada; pero ustedes, con tanto cambio por obra de sus impulsos instintivos, deseos y ambiciones hijos de sus necesidades y carencias, pienso que han perdido pie, que no tienen un eje que los centre, que los sujete y los fije en lo que son por esencia; seres únicos, irrepetibles, pero que, para ser, se ven forzados a convivir con otros también únicos en la mayor paz y armonía posible para no perder su identidad o morir en ese intento, lo que no es fácil. Lo admito. Con la esperanza de que rectifiquen y el sincero deseo que Dios les asiste en sus decisiones, de ustedes con el respeto que me merecen. LA VELETA

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