Vasconcelos, el gran civilizador de la Revolución Mexicana: Domínguez

lunes, 3 de octubre de 2011
MÉXICO, D.F. (apro).- Al presentar el libro José Vasconcelos. La creación de la Secretaría de Educación Pública, los investigadores Susana Quintanilla, Christopher Domínguez y Javier Garciadiego coincidieron en destacar que si bien el intelectual mexicano tuvo pasajes oscuros en su vida, como su simpatía al nazismo, destacó por sus aciertos, el mayor de ellos: haber sentado las bases de la educación nacional con un proyecto que fue más allá de la mera instrucción pública. El libro, editado por el Instituto Nacional de Estudios Históricos de las Revoluciones de México (INEHRM), fue presentado hoy en el Patio del Trabajo, de la sede de la SEP en la calle de República de Brasil, con la presencia del titular del ramo Alonso Lujambio, como parte de las celebraciones por el noventa aniversario de la fundación de la secretaría. Fue el 3 de octubre de 1921, durante el gobierno de Álvaro Obregón, cuando se público el decreto de creación de la SEP. Domínguez Michael consideró que hay determinadas fechas cívicas que siempre deben guardarse, pero esta en especial es una de sus preferidas, pues en su opinión al haber creado esa secretaría, Vasconcelos le dio un sentido distinto a la Revolución Mexicana que fue devastadora, con un número de muertos que nunca se ha podido determinar, caos, quebrantamiento del sistema de salud, un país modificado geográficamente y sin certeza de poner fin a la guerra civil. Pero Vasconcelos, subrayó, fue un personaje excepcional, uno de los pocos intelectuales del siglo XX que tuvo el ánimo utópico de convertir sus sueños filosóficos y literarios en realidad, convencido de su propio papel definitivo para cambiar la historia. A las características propias de varios intelectuales, Vasconcelos sumó la virtud del sentido práctico y la capacidad organizativa para hacer las cosas en el hoy. Por ello, continuó el escritor, logró transformar “ese episodio sangriento de la Revolución”, pues quitando el “desastre de la guerra”, la Revolución Mexicana tuvo dos cosas tangibles civilizatorias: la Constitución de 1917 y la SEP. Y ni siquiera su contemporáneo Anatoli Vasilevich Lunacharski, primer comisario del Pueblo para la Educación en la entonces Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas (URSS), hizo algo similar a lo realizado por Vasconcelos. Se propuso no sólo la alfabetización sin precedente, sino llevar libros a todos los rincones del país, pues consideraba que no tenía sentido aprender a leer si no se tenía qué leer, se crearon bibliotecas y concibió que sería el propio Estado quien editara los libros y los llevara a las bibliotecas. Garciadiego recordó en su intervención que, pese a la “soberbia” de Vasconcelos, que se atribuyó la creación de la SEP como una obra personal, colaboraron con él desde Ezequiel Chávez, miembro de la generación de Justo Sierra, hasta el joven Jaime Torres Bodet, a quien a la edad de 19 años nombró su secretario y quien continuó su legado, llegando a ser él mismo dos veces titular de la SEP. También recomendó la lectura del libro, que reúne fragmentos de textos de Vasconcelos que dan cuenta de la creación de la SEP, y destacó que en menos de tres años el político oaxaqueño logró hacer de esta institución la piedra angular del progreso nacional. A diferencia de Justo Sierra, enfatizó, le dio dimensión federal a la institución y vinculó a la educación con el arte y la cultura, por eso dejó de ser simplemente la Secretaría de Instrucción Pública, pues además le dio un sentido de identidad al país. Vale la pena, concluyó el historiador, presidente ahora de El Colegio de México (Colmex), leer a Vasconcelos a través de esta obra porque es un clásico, un escritor de ideas, está vigente, es un autor imprescindible y puede decir hoy mucho de lo que debería haber sido la Revolución Mexicana y ser una guía en lo que se necesita hoy en materia de Educación.

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