Lamenta Miguel Ríos la "cruenta guerra" que padece México

lunes, 31 de octubre de 2011
GUANAJUATO, Gto. (apro).- El rockero español Miguel Ríos expresó su solidaridad a México por “esta cruenta guerra” que padece, para luego vivir plenamente el último concierto de su carrera de 50 años en Latinoamérica, al clausurar la trigésimo novena edición del Festival Internacional Cervantino (FIC) ante miles de personas que cantaron con él esa, la última canción, su Himno a la alegría, en la explanada de la Alhóndiga. Fue su debut y despedida en el Cervantino con la presentación del domingo 30 que concluyó cerca de la medianoche, como lo dijo por la mañana en su encuentro con los medios. “Mi tocayo don Miguel (de Cervantes) y yo tendríamos que encontrarnos en algún sitio, y es aquí”. Con toda la energía del rock en español del cual fue pionero, Ríos incluso dedicó varias pullas a los políticos de las primeras filas –el gobernador Juan Manuel Oliva, entre ellos-- por esa calidad de rígidos privilegiados que mucho tardaron en reaccionar al calor de la muchedumbre reunida en la explanada, la cual desde un principio se conectó plenamente con el artista. “A vosotros Que cortáis la manzana de la muerte Con el anonimato De la guerra…”. Fue esta una voz a capela, cuando el cantautor de 67 años dedicó a los mexicanos los versos de Oración del poeta Luis García Montero, que fueron musicalizados para protestar por la guerra en Irak. A fin de cuentas, como lo dijo Ríos en la conferencia previa al concierto de clausura, era necesario incluirla en el repertorio de más de dos horas de esta gira de despedida en México, “por esta guerra malvada que está padeciendo el país, tan injusta como son todas las guerras, absolutamente inútiles, pues al final salen todos vencidos”. Una guerra marcada de raíz, desde su punto de vista, por la injusticia y la desigualdad social, realidades que describió como “la dejadez de millones y millones de seres humanos que se han quedado al margen de cualquier tipo de oportunidades de vivir, ahí hay un caldo de cultivo muy fácil para que se aliste en las filas de la delincuencia mucha gente que no tiene otra salida... la gente que vive en la desesperación hace lo que sea para sobrevivir”. Además, Miguel Ríos se refirió a la “doble moral” que hay con respecto a la droga entre Estados Unidos y el resto del planeta. “Es muy difícil que un país legalice la droga y el resto del planeta no, pero se necesita establecer un principio de discurso para tratar al ser humano como mayor de edad, en perenne aprendizaje de su mejora personal… si hubiera justicia social, buen reparto de la riqueza, una equidad en la educación, la gente sabría o no si quiere drogarse con los riesgos que implica, pero sería un problema individual, no un problema político”, afirmó. Con esta visión de lo que ocurre en México, Miguel Ríos interpretó los versos de García Montero para hacer, dijo, una aportación humilde, respetuosa y muy sentida en aras del fin de este conflicto, y deseó “toda la suerte para este país”. Frente al edificio de la Alhóndiga de Granaditas, Ríos culminó la gira Bye, bye, Ríos. Rock hasta el final, con una selección de sus temas imprescindibles “y con ganas de trascender”, en la plenitud de sus facultades vocales y físicas. Entre ellos: “Blues del autobús”, “Niños eléctricos”, “No estás sola”, “Bienvenidos”, “Memorias de la carretera”, “Rocanrol boomerang”, para terminar acompañado del público con “Santa Lucía” y el “Himno a la alegría”. Su paso por las plazas mexicanas, por cierto, fue agendado a partir de la invitación inicial de los directivos del FIC para este cierre. “Fue el Cervantino el hecho de que estemos aquí, la primera oferta que llegó para venir a México, llegó de aquí. Y además es curioso porque vamos a hacer una cosa peculiar, voy a debutar y a despedirme en el mismo momento, algo insólito en la vida de la gente”, dijo. En el plano de lo anecdótico, Miguel Ríos contó a los reporteros que antes de viajar a Guanajuato (“una ciudad invadida de juventud”) se informó con otros artistas españoles que ya habían participado en el FIC. Por supuesto, les preguntó a Joaquín Sabina y a Joan Manuel Serrat. “Sabina me dijo que había muchos generales cuando él vino –eso fue hace como 15 años--; me dijo que las primeras filas estaban llenas de gente con medallas. Le dije: ‘Podrían ser los premiados’”, contó entre carcajadas. Maravillado con el movimiento mundial conocido como los indignados, Ríos dice que ya no debe haber marcha atrás por parte de los jóvenes, tanto de España como de los otros países donde ha surgido esta forma de protesta social. “Los indignados han hecho una cosa maravillosa, que la gente salga a la calle y pida, además, cosas que son absolutamente lógicas…. la gente tiene razón para cabrearse, pero se están cabreando también en Wall Street, eso me llena de ilusión. Yo siento que me están haciendo justicia a mí también, me están ilusionando porque veo a los chavales que van derecho --como dicen aquí que se toma el tequila--, es tiempo de esperanza en ese sentido”, señaló. Rebasado por la adicción que representa el escenario, Miguel Ríos anunció que si bien con este concierto concluye su carrera musical profesional, buscará otros escenarios para cantar por aquellos que no tienen voz, por las causas y las personas que son cada vez más invisibles, “que son muchas”. A fin de cuentas, admitió, “hay una suerte narcótica del aplauso que hace que siempre lo necesites”.