El premio "Amalia Hernández"

martes, 4 de octubre de 2011
MÉXICO, D.F. (apro).- Amalia Hernández es la figura más significativa de la danza nacional. Fundadora del Ballet Folklórico de México (BFM), logró encumbrar a esta compañía por todo el mundo con un repertorio de danzas sutilmente inspiradas en algunas tradiciones que orgullosamente denominó como “folklor mexicano”. Según información de los descendientes de Hernández, en el 2001 se creó una fundación con el nombre de la artista, la cual, señalan, “se ha convertido en un referente en el desarrollo del arte y la cultura de México. A partir de su nacimiento la organización se ha empeñado en apoyar las manifestaciones artísticas a favor de una sociedad mexicana de artistas mexicanos”. La fundación fue creada un año después de la muerte de Amalia Hernández y sus familiares afirman que tiene como objetivo generar becas para talentos jóvenes de la danza por lo cual a partir de este año se instituyó el “Premio Fundación Amalia Hernández”. En esta ocasión, y con el apoyo de la Coordinación Nacional de Danza del INBA y la Dirección de Danza de la UNAM, se decidió reconocer a Nayeli Quiroz, cuarto lugar en el reality show Ópera Prima en Movimiento realizado este año y trasmitido por el canal 22. Nayeli Quiroz es egresada de la Escuela Nacional de Danza Clásica y Contemporánea del INBA. Su experiencia abarca obras fundamentales del repertorio clásico como El Cascanueces, El Lago de los Cisnes, La Cenicienta y La Bella Durmiente. También ha tenido participaciones en diversos espectáculos teatrales como Sueño de una noche de verano. Para reconocer el talento de Nayeli se organizó una gala el 24 de septiembre durante la cual se presentó El Ballet Folklórico de México. Como ha venido sucediendo los últimos 59 años, el repertorio es exactamente el mismo que creó Hernández y que hace muchísimos años dejó de estar vigente tanto en lo coreográfico como en el discurso que pretende trasmitir. Con un cuadro de bailarines de buen nivel, la compañía sigue al pié de la letra todos los estereotipos que en los años cincuenta estaban de moda: homologación total de los integrantes, exclusión de fenotipos rubios, pelirrojos, negros. Y siempre presente un patriotismo exultante que se mantiene siempre en todas las coreografías como un clímax perenne que se agota rápidamente pero que despierta el aplauso fácil. Complaciente y muy básico el montaje incluyó cuadros de Matachines, Guerrero, La Revolución, Fiesta en Tlacotalpan, La danza del Venado y para cerrar por supuesto el cuadro de Jalisco con el mítico Jarabe Tapatío. A casi sesenta años de sus primeros pasos, el BFM sigue siendo el principal monopolio dancístico empresarial del país y sus privilegios –funciones tres veces a la semana en el Palacio de Bellas Artes; venta de videos y camisetas y toda la taquilla para ellos—son un misterio inescrutable del cual ningún funcionario del INBA o Conaculta da cuenta.

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