"Más sutil que el espejo"

jueves, 17 de noviembre de 2011
MÉXICO, D.F. (Proceso).- Imágenes borrosas o apenas el recuerdo en fotografías de infancia es lo que queda de nuestro pasado. Experiencias que marcan o que pasan en el pensamiento como anécdotas curiosas. El pasado se hace presente en la puesta en escena Más sutil que el espejo, ideada por Alberto Villarreal y la Compañía Teatro y más con base en fragmentos personales de los actores y una reelaboración estética y conceptual del autor/director. Más sutil que el espejo tiene una fisonomía construida a partir de objetos ahora ya en desuso –como los proyectores de diapositivas, cuerpos opacos y acetatos–, donde la luz y el sonido emergen precisamente de ellos. Nos trasladamos a la realidad del recuerdo, y una malla casi transparente que atraviesa el escenario nos emborrona la imagen. La puesta en escena maneja un ritmo más onírico que anecdótico, formado de reiteraciones, pronunciamientos guturales, monólogos interiores o abiertamente hacia el público. La palabra y el texto corren por direcciones diferentes y el movimiento responde más a un discurso aleatorio que nos recrea sensaciones o imágenes extrañas. La semilla vivencial de los actores es magnificada, trastocada y vuelta teatro del presente. No ilustra, no explica, no enseña nada; sólo impacta. Propone una visual en movimiento que ataca al intelecto y lleva a la reflexión. Las palabras contienen razones, ideas existenciales o inducciones inteligentes. Trasladan la experiencia del espectador al raciocinio, y si bien nos abren la mente y nos llenan de sugerentes pensamientos, también obstruyen el acercamiento motivo. Alberto Villarreal nos acerca a los actores/personajes cuando nos miran a los ojos, cuando nos hablan agresivamente, cuando nos provocan risa o miedo, pero no hay acercamiento en lo que cuentan o transmiten. Yara Guerrero, Astrid Romo, Paulina Sánchez y Luis Villalobos, egresados de la Casa del Teatro en 2007, muestran sus capacidades histriónicas en el movimiento, en la proyección de la energía; son ágiles, expresivos y con gran precisión en las acciones; pero la dirección escénica descuidó la expresión verbal que utiliza la estridencia y el acto de elevar la voz para expresar intensidad. Sin matices verbales, se emborronan los emotivos. Más sutil que el espejo es una propuesta atractiva por su riesgo y originalidad. No utiliza los objetos y las imágenes como simples metáforas o símbolos. Pueden ser elementos aleatorios que sugieran un discurso paralelo o elementos con significados dobles, contrapuestos o sobrepuestos. Los monstruos que asustan pero de los que también nos disfrazamos. Los monstruos que dan ternura y los que necesitan de un traductor para comunicarse. Lo grotesco juega con el humor, la infancia y la adolescencia, con la tortura y el placer. Más sutil que el espejo, con funciones de viernes a domingo en el Foro Víctor Hugo Rascón Banda de la Casa del Teatro, nos sumerge en el mundo del ensueño y las ideas. Nos hace ver que recordamos de forma caótica y contradictoria, que dislocamos la realidad pero que al mismo tiempo la volvemos una nueva verdad.

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