Los nuevos Montenegros de la Colección Blaisten

lunes, 21 de noviembre de 2011
MÉXICO, D.F. (Proceso).- El próximo jueves se clausura una atractiva muestra que sobresale tanto por la particularidad de la obra como por el significado de su procedencia. Integrada por 29 óleos, 25 dibujos y 51 grabados del artista mexicano Roberto Montenegro (1881-1968), la exposición emplazada en el Museo Colección Blaisten de la Ciudad de México plantea tres lecturas interesantes: el conocimiento de la obra tardía del creador tapatío, el sentido de un coleccionismo basado en el gusto y la amistad, y el reconocimiento internacional del contenido y gestión de la Colección Andrés Blaisten. Donadas al museo mexicano por la pareja de estadunidenses John y Marie Plakos, las piezas provienen de un acervo adquirido a partir de la admiración por el artista y el cariño por la persona. Integrado en su mayoría con obras realizadas en los años cincuenta y sesenta, el conjunto permite conocer a un creador que siempre se caracterizó por el constante cambio de sus lenguajes. Simbolista en sus inicios, vinculado con las vanguardias europeas en su etapa formativa y pionero del muralismo posrevolucionario, Montenegro desarrolló distintos vocabularios figurativos que incorporaron ornamentos provenientes del art-nouveau y las geometrizaciones art-deco, estructuras cezanianas, espacialidades futuristas y poéticas expresionistas relacionadas con las estéticas del Taller de la Gráfica Popular. Enigmático por sus referencias a imaginarios orientales, el pintor decoró en 1923 los muros de la oficina del Secretario de Educación, José Vasconcelos, con una iconografía simbólica que dista mucho de la rigidez posrevolucionaria. Magistral en la realización de retratos, Montenegro transmutó y sintetizó su lenguaje simbólico-figurativo en los últimos años de su vida. Construida a partir de vocabularios abstractos geométricos y cromáticos, su obra sesentera delata cierta relación con las propuestas vanguardistas de tendencias espirituales que desde la segunda década del siglo XX, exploraron la posibilidad de presentar lo no visible con elementos abstractos de composición. Profundo y sutil en su paleta, en la última década de su vida Montenegro se permitió convertir el color, la estructura y algunas formas abstractas en los protagonistas de su narrativa. Emparentado con imaginarios mayas y repetitivo en la presencia de círculos y miradas, sus retratos se transfiguraron en máscaras universales que remiten a circunstancias esenciales del ser humano. Con base en el beneficio que representa para el Museo Colección Blaisten la donación del acervo Plakos, los funcionarios del Instituto Nacional de Bellas Artes (INBA), encabezados por Teresa Vicencio, deben preguntarse las causas por las que el Instituto no fue elegido para la donación. ¿Será acaso que el INBA no cuenta con el suficiente prestigio y credibilidad?

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