Gabriela Medina, coreógrafa de nuevos espacios

martes, 22 de noviembre de 2011
MËXICO, D.F. (apro).- De Monte Verità a Dartington Hall, de la danza postmoderna al butoh, de la cultura del cuerpo alemana al arte del movimiento de la Unión Soviética y Cuba, la danza nunca ha dejado de transformarse de manera diversa e incluso contradictoria. Y así como hay artistas que nacieron para el foro únicamente, hay otros que están comprometidos con causas sociales y políticas, y otros más que pretenden desarrollarse en nuevas formas de creación que incluyen la provocación o la interdisciplina. Gabriela Medina, directora, junto con su esposo Mario Villa, de La Manga Video y Danza? son parte de una generación que incluye a Evoé Sotelo, Andrea Chirinos, Jessica Sandoval --e incluso a las más jóvenes Nadia Lartigue y Stephanie García-- que se han ido desarrollando con otras metodologías y perspectivas sobre el movimiento y el foro. En principio, Gabriela ha recorrido todo tipo de espacios y escenarios para experimentar el enfrentamiento directo con el público. De carácter risueño y muy amable, la artista no cumple con los estereotipos de la típica bailarina: no es muy alta y su fenotipo es un tanto redondeado. En algunos momentos ha tenido problemas de peso y suele usar cortes de pelo extravagantes --incluso ha pasado largos períodos rapada-- que corona con tintes rojos. De forma paralela es una adicta a su trabajo y el rigor que se autoimpone la ha llevado a tener una figura escultural, una condición física extraordinaria --su entrenador es Guillermo Maldonado-- y un dominio del cuerpo como instrumento incuestionable. Al mismo tiempo, posee una visión existencial que la hace un tanto nómada --ha vivido en Nueva York y viaja por todo el mundo-- para situarse entre la Ciudad de México y una granja de truchas cercana a Valle de Bravo donde ha creado un espacio para residencias artísticas. Es claro que su deseo es el de insertarse de una forma diferente en el mundo que la rodea. En vida hermana, en vida… Video Instalación Coreográfica para un Concierto de dos Bajos y un Zopilote se presentó del 15 al 18 de noviembre pasado en la Black Box que, atinadamente, ha creado Cuauhtémoc Nájera en el salón de ensayos de la dirección de Danza de la UNAM. Pieza de repertorio de la compañía, ha recorrido decenas de espacios no teatrales para dar rienda suelta al miedo que Medina siente de perder a los seres que más ama. Amazona en el foro, es una persona vulnerable al dolor de lo efímero de la vida y no cree tener posibilidad para sobrevivir a semejante circunstancia. Esta premisa que suena sencilla la llevó a reelaborar, destruir y reelaborar un discurso visual-corporal en donde la muerte deja de ser una tragedia para convertirse en un premio. Un solo ser dividido en dos hermanas rockeras y escandalosas que compiten entre ellas para ganar el máximo premio de la noche: la suerte de morir primero. Esa suerte significará evitarse la pena de tener que sobrevivir el horror de ver morir a los que se ama. Entre el antiacademismo y ciertos chispazos del dominio profundo de la técnica contemporánea, las gemelas mutantes le preguntan al público cómo le gustaría morirse. Algunos responden que en su cama, en la playa, mientras Medina y Rocío Flores confiesan sus fantasías de muerte con las que intentan exorcizar lo inevitable. “¿Y tú, por qué no te suicidas?” . Al final, alguien del público que ellas desconocen, seleccionado por Mario Villa, creador de la instalación de video, entrega un ramo de flores a la ganadora que será la afortunada en morir primero. La propuesta está claramente cercana a la mirada de Nietzche, que nos habla sobre la pulsión de la vida “ancestral, obscura, obsesiva, inconsciente, lejana a cualquier noción de ‘lo bueno’ y ‘lo malo’ y que no sólo domina nuestras pulsiones, sino que domina nuestra existencia así como somete la ‘espiritualidad’”.