"Topo", en la Muestra de la Cineteca

viernes, 25 de noviembre de 2011
MÉXICO, D.F. (Proceso).- La muestra de la Cineteca presenta este último trabajo de Shion Sono, realizador japonés y guerrillero de la poesía urbana, figura emblemática del movimiento Tokyo GAGAGA que ocupó la calle para armar espectáculos poéticos: Topo (Himizu; Japón, 2011) es resultado de la adaptación de un manga de culto de Minoru Furuya, y de un guión listo para la filmación cuando sobrevino la desgracia del tsunami y la amenaza nuclear de Fukushima. Shion Sono reescribió la historia para integrar el contexto del momento; Topo sería, entonces, el primer trabajo importante de ficción que muestre el impacto sicológico del gran terremoto de Sendai. Como en los trabajos anteriores de Sono (El club del suicidio, Expuesto al amor), Topo combina violencia, angustia y horror, yakuza, drama, humor negro, en la búsqueda de identidad en el proceso de la adolescencia. Pero la tragedia nacional y el gusto por la masacre no logran que el mensaje optimista caiga bajo el peso de la truculencia; la convicción entusiasta del potencial de los jóvenes para cambiar el mundo es tema principal en la obra de Sono. Topo es un drama dividido en tres actos; Sumida (Shota Sometami), un chico de 14 años, sólo aspira a una vida normal, nada fácil con una madre prostituta y un padre que lo golpea y le arrebata el dinero que tenga; la historia se torna siniestra con la intervención de la mafia (yakuza) y la decisión de Sumida de convertirse en una especie de vengador anónimo contra los malos; una propuesta inesperada en torno a una epifanía, como es costumbre en la obra de Sono, compone el último acto. Como tela de fondo, la catástrofe del 11 de marzo; una malla de personajes sumidos en el miedo y la angustia existencial; historia de aprendizaje, un retorcido romance adolescente, se entrecruzan con un neonazi traficante de drogas, mafiosos, familias disfuncionales que esperan que los hijos se suiciden para liberarlos de problemas. En las primeras tomas, la cámara de Shohei Tanikawa se desliza por la zona de devastación y ruinas del tsunami; sobre los escombros, un adolescente tendrá que aprender el significado de ser adulto. Himizu, el titulo de la cinta en japonés, alude a un topo propio a Japón, Sono sugiere que los jóvenes tendrán que aprender a sobrevivir como topos, en el lodo y la ruina del tsunami, si quieren algún día transformar la sociedad. Todos los personajes de Topo han sufrido grandes pérdidas con la catástrofe. La familia de Sumida vive en un viejo yate en un lago, ahí acude todo tipo de gente a solicitar algún favor de Sumida como permitirles tomar un baño de tina, necesidad fundamental en la cultura japonesa. La violencia estilizada de Topo palpita al ritmo de la elegante, a veces demasiado estridente banda sonora, distintivo del cine de Sono; la música se articula con la imagen en la mejor tradición de Hitchcock, Tarantino y Kubrick. Junto con el adagio de Samuel Barber, el Réquiem de Mozart se repite como mantra por los difuntos y suplica por la resurrección del país lastimado en lo profundo; en la línea de la contracultura japonesa, la visión de este poeta sugiere que el terremoto expone el desgaste y la enajenación de la sociedad japonesa de las últimas décadas. La importancia del cine de Sono Shion proviene de esta rara combinación de desencanto, soledad, represión, estallido de violencia, y apertura de nuevos horizontes. Sono no escapa al placer culpable de la violencia articulada en bellas coreografías, común en los directores de su generación; pero el todo termina funcionando como una especie de parábola del juego del mal y la posibilidad del bien.

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