Oscar Ruvalcaba, en su mejor momento

martes, 29 de noviembre de 2011
MÉXICO D.F..- Generaciones van y vienen pero los verdaderos coreógrafos no pasan jamás desapercibidos. Oscar Ruvalcaba lleva más de veinte años trabajando en la búsqueda de un vocabulario personal y el desarrollo de un lenguaje escénico y se encuentra en su mejor momento. Nacido en Jalisco y educado dentro de la ortodoxia del ballet, Ruvalcaba bailó en la Compañía Nacional de Danza donde también realizó varias piezas, la más importante Dido y Eneas que fue ovacionada cuando estuvo en temporada por los Estados Unidos. Ermitaño y extravagante, ha permanecido al margen de las instituciones culturales y ha dedicado su vida a entrenarse e invocar a su voz interior para no salirse de la senda de trabajo que se ha autoimpuesto desde que era apenas un adolescente. Con su nueva propuesta Línea en el plano horizontal se presentó en el salón 7 de la Escuela Nacional de Folklor para mostrar lo que él llama “danza de garaje”, una danza limpia y sin subterfugios. El año que entra seguirá de gira por todos los espacios posibles porque lo suyo está apuntalado de manera orgánica en el desarrollo del movimiento. “Si vamos a hacer teatro hay que aprender teatro, pero si vamos a hacer danza, caramba hagamos verdadera danza” señala a esta crítica con una sonrisa de satisfacción por el trabajo de sus bailarines Marco Barroso Yazmín Rodríguez y el extraordinario Saúl Freyre. Bajo esa óptica, Ruvalcaba no trabaja ni con aficionados ni con bailarines sin formación extrema. Lo suyo es el movimiento que se vive y expresa a través de la concentración, la tensión y la brevedad. De ahí que su propuesta sea de gran claridad: lo que se ve es lo que es, sin enredos o clitches pseudoteatrales. Y en una suerte de striptease del alma, la danza que surge en el foro es como una medicina que Ruvalcaba y sus bailarines se automedican. Cada paso o secuencia de baile tiene su dueño y sin luces especiales o un vestuario particularmente bello, el montaje es preciso y transcurre suavemente sin atorarse en algún paraje incierto. Formal y un tanto convencional en su codificación del cuerpo, Ruvalcaba ganó apenas hace unos meses el Premio de la Crítica dentro del Premio INBA-UAM y está consolidado como un coreógrafo de primera fuerza, que no es complaciente con él mismo ni se permite acercarse a la pasarela de la moda coreográfica. Su danza de garaje, posible de presentarse casi en cualquier lugar es un modelo de profesionalismo artístico. Ojalá las autoridades logren percibir el talento de este singular artista que desde el anonimato se ha mantenido en la primera línea de los creadores mexicanos.