El emparedado del Museo Tamayo

jueves, 1 de diciembre de 2011
MÉXICO, D.F. (Proceso).- ¿Cuál es el uso que deben dar los funcionarios gubernamentales a las colecciones museísticas de arte moderno y contemporáneo: ubicar las piezas principales y exponerlas de manera permanente para que se difundan y se construya una identidad-marca del recinto, o guardar arbitrariamente las piezas porque estorban para el lucimiento de las muestras temporales? El descubrimiento forzoso del espléndido mural-textil de Joseph Grau Garriga que se escondía –o resguardaba– tras una enorme pared en el Museo Internacional Rufino Tamayo, exige la revisión y reestructuración tanto de las políticas de exposición como de adquisición. Solicitado por Rufino Tamayo al catalán Grau Garriga antes de la inauguración del museo –mayo 1981–, el mural se concibió y realizó para un muro específico que el mismo Garriga seleccionó. Elaborada en el sitio específico con el apoyo de la también artista en fibras Marta Palau, la espectacular pieza de 5.50 metros de altura por 13 metros de largo, sobresale por su potente y dramática fuerza expresiva. Configurada en dos planos en los que se confrontan hilos y cuerdas de henequén con fragmentos tejidos y entorchados en lana y algodón, la también denominada escultura blanda se significa a través de metáforas matéricas y cromáticas que se reducen al rojo, negro y algunos ocres y marrones. Diseñada temáticamente en relación con el Muralismo y la Revolución Mexicana, la instalación rebasa toda localidad percibiéndose como una obra que presenta la brutal homogeneidad de la violencia, represión y ensangrentamiento humano. De gran importancia en el contexto de los lenguajes expandidos del arte textil –conceptuales y tridimensionales– que se desarrollaron en las pasadas décadas de los años sesenta y setenta, Joseph Grau Garriga (1929 Barcelona, 2011 Francia) no merecía ser emparedado. Escondido bajo la gestión de Cristina Gálvez (1986-1999) al frente del Museo Internacional Rufino Tamayo, el neotextil se suma al excesivo número de obras que se mantienen en las bodegas de los museos del INBA en la Ciudad de México. Liberado de su encierro gracias a los trabajos de remozamiento y ampliación en los que se encuentra el Museo, el mural-textil Henequén rojo y negro de 1980-1981 tiene un futuro incierto. Con base en la información de la actual directora del Museo Tamayo, Carmen Cuenca, todavía no se ha definido si permanecerá en algún muro del recinto o si se colocará en otro museo gubernamental o privado. ¿No sería mejor dejarlo en su lugar original y convertirlo en una pieza emblemática? Y por último, una reflexión obligatoria que provoca el caso de este emparedamiento: ¿es pertinente que la Comisión de Cultura de la Cámara de Diputados, bajo la presidencia de la panista Kenia López Rabadán, asigne presupuestos tan excesivos –como los 100 millones de pesos otorgados en 2010 (Proceso 1817)– para que los museos incrementen sus acervos cuando el destino de estas obras es mantenerse en una bodega o entre dos muros?

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