Por, sobre, tras y... contra el trabajo

martes, 13 de diciembre de 2011
MÉXICO, D.F. (apro).- El trabajo… Esta palabra, pronunciada por uno de los amigos reunidos en el piano-bar El Túnel del Tiempo, dio pie a una serie de opiniones entre los mismos, y que si no nos llevó en principio a ninguna conclusión, tuvieron el suficiente interés como para escribir la presente. Eso creo. Estimado lector de la misma, si es que continúas leyéndola, juzgarás si estoy o no en lo cierto. Esa palabra, repito, fue la llave para abrir el grifo de nuestras posiciones y saberes del significado de la misma. Los burlones, con Max Pacheco a la cabeza, dijeron que ahí la paráramos pues nada más oírla les producía cansancio, fatiga; el Lic. R. E. Lajo, serio, sentenció que si el trabajo fuera tan importante y determinante para los humanos, como dicen, los ricos ya lo habrían convertido en propiedad privada de los de su clase; a lo que J. Contreras le replicó que no olvidara y tuviera en cuenta que eran precisamente los ricos los que administraban y tenían el control del mismo. Perfecto Peregrino recordó el lema de los benedictinos: laborare est orare (trabajar es orar) y Pánfilo Candor nos trajo a la memoria que Santos Chocano dijo “que el trabajo no es culpa de un edén ya perdido, sino el único medio de llegarlo a alcanzar”; el provocador Liborio D’Revueltas respondió que no había que olvidar que el trabajo era un castigo divino… y que nuestro deber era no ser masoquistas; J. Zángano no lo apoyó recordando lo que Zaratustra, de Nietzsche, decía, de que los que aman al trabajo desenfrenadamente deben tener en cuenta que su labor es una maldición y una voluntad de olvido de ellos mismos, y servidor, aunque no recordaba quién era autor de la misma en ese momento, que había que tener presente que alguien había dicho que un trabajador que no puede encontrar empleo es un personaje infinitamente más trágico que cualquier Hamlet o Edipo. Después de este entreverso de opiniones y citas sobre el trabajo, la plática entre los amigos, sin apartarse del tema, fue tornándose más reflexiva. Para empezar, todos estuvimos de acuerdo de que en este tiempo en que vivimos, eso del trabajo tiene sus bemoles, pues tanto si se tiene como si no se encuentra, esto es, si se está desempleado, nos tiene en la cruz. Si se tiene, porque muchas veces no nos satisface, porque tenemos que desempeñarlo en actividades que nos aburren, que no nos gustan o que incluso nos repelen. Y si no se tiene, pues corremos el riesgo de caer en la pobreza, de perder rango social e incluso nos pone en peligro de morir de hambre, como les ocurre a tantos y tantos en esta sociedad de muchedumbres solitarias en la que todo se ha privatizado y lo que no, va en camino, por lo que cada cual se rasca con sus propias uñas, ya que con eso de la creciente privatización de todo cada quien, cada uno de nosotros, de los individuos que nos movemos en la globalización actual, cada vez más y más somos responsables de ser competitivos, eficaces, exitosos y hasta felices. Y si por lo contrario, somos fracasados por incompetentes, ineficientes, por faltos de iniciativa o conformistas, también somos los únicos responsables de ello, nadie tiene la culpa, pues, como se nos ha dicho y se nos sigue diciendo hasta el cansancio, las oportunidades, como el sol y el aire, ahí están para todos, por lo que cada quien tiene o no tiene lo que se merece, pues todo está en relación directa del esfuerzo personal, de lo que se ha luchado por ello o no se ha luchado por conseguirlo. No pocos de los reunidos protestaron por no estar de acuerdo con lo hasta aquí expuesto; consideraban que la falta de normas o regulación o incapacidad de las instituciones sociales, es la culpable de que a no pocos de sus ciudadanos les falte lo necesario para lograr sus metas personales. Este cuestionamiento desató una acalorada discusión en los presentes, y en ella estábamos cuando… Estimado y paciente lector de la presente, aquí la interrumpo. En próxima carta continuaré informándole, por considerarlo extraño y hasta interesante, la interrupción de que fuimos objeto el grupo por un personaje que en principio pensamos era Santa Claus y luego un fantasma del pasado y resultó no ser nada de eso. Mientras, perdón por el atrevimiento, pienso que sería bueno que fuera juzgando la razón o las sinrazones de lo expuesto en la presente. Gracias por su atención. A sus órdenes y deseándole que sea feliz, su seguro servidor. JUAN D’UDAKIS

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