Atl, reinventor de México: Andrés Blaisten

viernes, 16 de diciembre de 2011
La gran muestra de Gerardo Murillo, mejor conocido como Dr. Atl, que acaba de inaugurarse en el Centro Cultural Universitario Tlatelolco asombrará a los visitantes, según evalúa el coleccionista Andrés Blaisten, quien posee seis de las 189 obras del artista. En entrevista con Proceso, comenta que en esta ocasión se verá un Atl nuevo que reinventó a México a través de su paisaje. Desde su primer encuentro con la obra de Gerardo Murillo, Dr. Atl, en la gran exposición de 1984 en el Museo Nacional de Arte y el Palacio de Minería, el coleccionista Andrés Blaisten quedó fascinado. Para él es un artista y un hombre genial, cuyo arte no es de ninguna forma espontáneo, sino con profundos fundamentos filosóficos que lo hacen verdaderamente sublime. En suma, un artista sui generis, “un personaje de los que se dan una vez en un siglo”, cuyos aportes son esenciales en la historia del arte moderno mexicano. Pero, por desgracia, poco conocido en el extranjero pese a que su obra se cotiza alto en el mercado y es difícil encontrarla en las subastas, dice el fundador del Museo Colección Blaisten (MCB), del Centro Cultural Universitario Tlatelolco (CCUT), donde desde el pasado 3 de diciembre se presenta Dr. Atl. Obras maestras. La exposición está integrada por 189 obras (104 óleos y 85 dibujos), y dice de ella que “es muy impresionante”. Y del artista: “Sin lugar a dudas, es el paisajista más importante del último siglo. Con su paisaje, el Dr. Atl nos incorpora a la modernidad... Es un paisaje que refleja al México moderno. A diferencia del paisajismo del siglo XIX, los elementos utilizados por el Dr. Atl son de carácter vanguardista y su paisaje es único.” No fue sino hasta principios de los años noventa cuando Blaisten adquirió su primera obra, y no al principio de su trayectoria de coleccionista en los años setenta, porque dice que la obra del Dr. Atl no sale tan fácilmente al mercado. Los coleccionistas y familias que la poseen sólo se desprenden de ella en momentos de verdadera necesidad, pues “son obras de gran apego, la gente las conserva y las cuida”. Así, se considera afortunado pues en su primera oportunidad adquirió “una obra de primerísimo nivel”: Paisaje con el Iztaccíhuatl (1932). A través de los años se hizo de otras (seis en total, según se consigna en el site del MCB) y considera que ha tenido la suerte de “encontrar piezas excelentes”. “Quiero decirte que las piezas de mi colección no son las mejores, yo pensaba que sí, pero cuando veo todo lo que produjo... ¡Todo es bueno! Todo lo que hizo después del año treinta hasta 1964 cuando muere, es de una calidad extraordinaria, entonces es muy difícil decir ‘este cuadro es mejor que aquel’. Lo van a ver en la exposición, van a ir viendo: ‘es maravilloso y el siguiente también y el otro...’. Todas son obras extraordinarias.” En Atl no hubo altibajos, por eso –dice– la exposición lleva como título el de “Obras maestras”. Cuenta que incluso el artista, nacido en Guadalajara el 3 de octubre de 1875, escribió que hasta antes de los años treinta había hecho experimentación, pero a partir de esa década mostraría cómo se debe pintar el paisaje y lo asume cual propósito de vida. Todas y cada una de sus obras, insiste Blaisten, son producto de un gran maestro, un artista magistral. Relata el coleccionista que en la exposición del 84 no conocía mucho del Dr. Atl. Ahora se ha convertido en un especialista que lleva más de 15 años trabajando “de manera intensiva”. Así surgió el proyecto para esta muestra que por sus dimensiones se dividió en: la Sala Juárez del CCUT, donde fue el área de conferencias de la antigua Secretaría de Relaciones Exteriores, se exponen las obras de gran formato; y en las salas temporales del MCB una “espléndida” colección de dibujo, que el propio Atl donó al Instituto Nacional de Bellas Artes. La idea comenzó con la documentación y selección de la obra auténtica; pensó que si lograba reunir un buen conjunto de obras haría una publicación. Había libros de los años ochenta y noventa que lamentablemente habían incluido obras falsas, pues nadie se había ocupado de depurar su producción. Al ir conformando el catálogo general, vio la posibilidad de una exposición. Y “mete las manos al fuego”, asegura, porque en esta muestra no hay “absolutamente ninguna obra falsa”. El proceso fue complejo pues la última gran exposición fue hace 27 años y los archivos para la localización de obras no estaban actualizados, muchas piezas habían cambiado de propietario, se habían heredado, en fin, de otras se había perdido la pista. Pero, destaca entusiasmado, hubo un gran apoyo del coleccionismo privado y las instituciones públicas y se consiguió localizar obra que no ha sido exhibida anteriormente y eso los estimuló pues será un aporte de la exposición. Comenta que las nuevas generaciones no han visto al Dr. Atl, solamente unas cuantas piezas en los museos nacionales y recintos como el MCB, pero no es lo mismo ver una obra aislada que una exposición. Aquí se podrá ver además, agrega, que hasta el último día de su vida (murió el 15 de agosto de 1964, a los 89 años de edad) pintó “de manera magistral”: “Es un paisajista extraordinario, difícilmente vamos a encontrar artistas con quién asociarlo... En pocos artistas se puede ver cómo siguieron evolucionando hasta el último día de su vida, siempre con expectativas de aportes nuevos en cuanto a la pintura. “No hay que olvidar que el Dr. Atl es el gran precursor de la modernidad en México, sin él no podría entenderse el muralismo, no se podría entender el arte moderno mexicano, él fue el gran propiciador del cambio de las academias, de lo anquilosado de la enseñanza académica en las escuelas de arte. Impulsó a Diego Rivera, a Orozco, a Siqueiros, los apoyó y además fue de los primeros artistas que hizo murales, aunque esos murales fueron destruidos por cuestiones, no sé, ideológicas o del momento.” Señala incluso cómo fue casi el maestro y guía de Joaquín Clausell, quien era considerado el gran paisajista, pero cuando Atl lanza su producción “lo supera con creces y demuestra su gran maestría”.   Inigualable   Recordado también por su adhesión a Venustiano Carranza durante la Revolución Mexicana, por su tortuosa relación con la también pintora Nahui Ollin –con quien habitó por un tiempo en el exconvento de La Merced, en el Centro de la Ciudad de México–, su amistad con políticos de la época y su vida social y política, el Dr. Atl fue un personaje “muy complejo”. Escribió también varios libros y participó en actividades de diversa índole. Los historiadores, sigue el coleccionista, han hablado de las diferentes facetas de su vida, centrándose en el personaje y quizá olvidando un poco la producción pictórica que dejó. Por ello, el propósito de la exposición es mostrar al artista plástico, al gran paisajista. “Que si estuvo con Carranza y que si con Zapata, todas estas cuestiones de su participación política en la época son muy interesantes, y además fue realmente un activista, no solamente en México, cuando estuvo en París estaba luchando por México en contra de Huerta, siempre fue un hombre que participó activamente en la política del país. Pero ese es otro capítulo y lo dejamos para los historiadores... Nosotros nos concentramos en la pintura.” –Dice que fue un vanguardista con su paisaje, en esta época en que la pintura no tiene la misma relevancia. ¿Sigue siéndolo, es vigente? –Es más que vigente. Cuando vean la exposición, verán a un artista que siempre está vigente porque sus aportes y su forma de plasmar el paisaje es realmente única... diferente a todos los artistas, pero no es solamente una obra de carácter intuitiva, digamos espontánea, es un artista muy educado, un hombre muy culto. “Él se doctoró en filosofía y en derecho y participó en Italia con el movimiento futurista. Todo esto le dio una formación que se refleja en su paisaje, que es de alguna manera borrón y cuenta nueva... Reinventa a México a través de su paisaje, es reinterpretarlo más bien, porque bueno, el paisaje ahí está y lo reconocemos, reconocemos nuestros volcanes, nuestros valles y demás, pero es la forma en que él lo lleva a cabo.” A decir suyo, el Dr. Atl logra que el espectador entre al mundo que él crea a través del paisaje, lo cual no es fácil para cualquier paisajista: “Cuando vemos sus obras nos emocionan, porque sentimos lo que está pasando en el paisaje, sentimos atmósferas, el calor, la humedad, casi se puede sentir lo que sintió él, y ahí está la diferencia de su paisaje. En sus paisajes se encuentra lo sublime.” Explica que desarrolla la idea en el texto que escribió para el catálogo, que la palabra sublime se dice fácil y quizá se ha mal utilizado hasta de manera cursi, pero es mucho más de lo que le da el uso cotidiano. Es un concepto filosófico que viene un poco antes del siglo XIX, con Kant, quien habla del principio de lo sublime, que representa la grandiosidad y no se puede describir sino con las sensaciones: “Yo creo que el Dr. Atl conocía estos principios filosóficos y buscó aplicarlos. No fue el único, muchos lo intentaron pero no con éxito. Él es el artista que logra representar lo sublime a través del paisaje... Es lo que solamente la mente humana puede percibir como algo grandioso, no es algo que puedas comparar y decir ‘esto es más grande que esto’, no, es una sensación. Y esas sensaciones que él percibía del paisaje, logra plasmarlas y transmitirlas en su obra.” Algunos artistas, agrega, utilizan el recurso de colocar algún elemento, como un animal o una persona, para dar las dimensiones del paisaje, pero Atl no lo necesita, no hay en sus obras ni un personaje ni un animal, entonces es un reto mayor para el espectador percibir a través de todos los otros elementos la escala del paisaje. Y fue Blaisten quien reparó en esa característica pues no estaba consignada en la bibliografía y documentación que revisó durante su investigación: “Todos estos conceptos y formas de representar el paisaje demuestran hoy en día, con la perspectiva histórica y con las formas que tenemos de ver el arte, cómo era un artista mucho más complejo de lo que se podría haber pensado y cómo la pintura puede tener igual o mayor importancia que cualquier otro producto contemporáneo, porque tiene todos esos aspectos conceptuales.” En el libro Van Gogh, Atl, O’Higgins. Expresión humana, esencia del paisaje, de Lupina Lara Elizondo (editado por Quálitas Compañía de Seguros. Promoción de Arte Mexicano) se habla de cierta analogía entre Van Gogh y Atl, sobre todo por el expresionismo. Escribe Laura González Matute en su ensayo Vincent van Gogh y el Dr. Atl. Dos leyendas: Un encuentro: “...hermanar sus vidas y producción plástica, resulta un reto... hasta la fecha no se había expuesto abiertamente como lo ha planteado Lupina Lara en este texto... que pudiera establecerse, entre estos dos grandes de la pintura, una analogía. “Si partimos de esta premisa encontramos al mismo tiempo que contrastes ciertas concordancias...” –Usted afirma que el Dr. Atl es un artista sin comparación. –Atl –responde Blaisten–, fue un artista tanto impresionista como expresionista. Pero dice sobre lo anterior: “No estoy de acuerdo, no son comparables, no tienen que ver uno con el otro y no creo que las publicaciones de Lupina Lara busquen emparentarlos, lo único que los emparenta es que los tres abordaron el paisaje... No recuerdo su texto, aunque no creo que ella pretenda decir que se parecen o tengan una relación, la única relación es que los tres fueron paisajistas, pero son completamente diferentes. “En el caso de Van Gogh, pues sí es un artista que en sus aportes como postimpresionista seguramente Atl vio, pero él parte más de esa influencia del divisionismo italiano, que es el postimpresionismo en Italia –se le dio ese nombre al impresionismo–. Obviamente tiene influencias, pero él las asimila y las utiliza como instrumentos. “Cuando digo influencias en el Dr. Atl no es: ‘Ah, mira, su obra se parece a la de fulanita o aquí está claramente quién es el papá, de dónde sale’. Eso no lo podemos encontrar. Podemos encontrar algunas señales, podemos ver incluso que, seguramente, vio estampa japonesa, que vio a los futuristas italianos; pero también vio no solamente artistas, sino filósofos que le daban una importancia fundamental al paisaje y a la montaña en particular. “Él era un amante de la montaña, incluso se declara experto vulcanólogo (consideró como el mejor regalo de la vida ver el nacimiento del Paricutín), y ya en 1911 publica en París Les volcans du Mexique y hace una publicación en esténciles maravillosa que tenemos en la exposición y muestra cómo, ya desde entonces, tiene interés por los volcanes y empieza a mostrar ante el mundo al paisaje mexicano como único y diferente.” Desafortunadamente la obra pictórica del Dr. Atl no se conoce mucho fuera de México, porque a diferencia de los artistas de la llamada Escuela Mexicana de Pintura, él no se sumó al discurso del nacionalismo postrevolucionario, pero está seguro de que si alguna vez se organiza una exposición en el extranjero va a sorprender muchísimo. Porque es un artista sui generis cuyos aportes son fundamentales para la historia del arte moderno.