La XV Bienal de Pintura­ Rufino Tamayo (2)

martes, 27 de diciembre de 2011
MÉXICO, D.F. (Proceso).- Con base en la selección, premiación y desempeño de los miembros del jurado, la XV Bienal de Pintura Rufino Tamayo es lamentable. Carente de una vocación específica que permita establecer indicadores de evaluación, la bienal delata no sólo la debilidad profesional de los miembros del jurado, sino también la debilidad institucional en que se encuentran el Fondo Nacional para la Cultura y las Artes (Fonca) y el Instituto Nacional de Bellas Artes. Conformado por beneficiarios de la beca de Creadores Artísticos del Fonca –Melanie Smith, Germán Venegas y Teresa Velázquez– y la curadora Carmen Cebreros, el jurado encargado de la selección se caracterizó por la falta de rigor. Atraídos principalmente por los lenguajes abstractos, las poéticas valoradas en el mainstream y algunos fotorrealismos que estetizan la crítica social, los responsables eligieron 51 piezas de 34 pintores, dejando fuera 2 mil 14 piezas de mil creadores. Una selección muy reducida y cuestionable ya que, asombrosamente, no contiene ni un retrato ni una naturaleza muerta. ¿Será que estos géneros ya no se producen en México? Otro aspecto cuestionable del jurado es su indiferencia ante las severas influencias que manifiestan algunos seleccionados. Para quien conoce el escenario pictórico institucionalizado por el mainstream, no pasa inadvertida la presencia de George Shaw en la obra de Gerardo Monsiváis, de Jia Aili en la de Maria Rodz, de Peter Peri y Jules de Balincourt en la de Omar Barquet, de Wayne González en la de Ariel Sainz y, muy especialmente, de Christopher Wool en Emi Winter y de Martin Kobe en Jacqueline Lozano. Premiadas con 150 mil pesos cada una, Winter y Lozano, confirman el desconocimiento y falta de rigor que caracterizó al jurado. Integrado por Jorge Contreras –director del Museo de Arte Contemporáneo de Oaxaca– y los mismos responsables de la selección, los jueces soslayaron no sólo las influencias, sino también los requisitos que acotaron la participación a obras inéditas realizadas entre 2010 y 2011. Ambigua por las pequeñísimas variaciones formales que presenta respecto a otra realizada en 2009 y publicada bajo el título de Pirámide desmantelada en la dirección web http://parteforma.com/?p=250, la obra premiada de Jacqueline Lozano, Pirámide devastada, requiere una evaluación más detallada. Si la composición triunfadora repite casi la misma espacialidad, cromatismo, estructura y dimensiones que la pieza realizada en 2009, ¿puede considerarse como una propuesta inédita? Con base en el respeto a los mil 34 pintores que enviaron obras, ¿merece mantener el premio? Integrada por sólo dos pinturas que evidencian la solidez de sus firmas –Boris Viskin y el también laureado Roberto Rébora–, la XV Bienal de Pintura Rufino Tamayo abunda en propuestas tan menores como las de Carlos Colín, Antonio Chacón, Orlando Delgado, Pedro Escapa, Carlos Farías, Sebastián Hidalgo, Aliza Nisenbaum, Humberto Ramírez, Pablo Rasgado, Omar Rodríguez-Graham, Joaquín Segura, Julio César Silva, Teodoro Emmanuel Zamudio y José Alberto Zendejas, entre otros. Necesaria para fortalecer, impulsar y posicionar la pintura contemporánea de México, la Bienal de Pintura Rufino Tamayo no debe ni cancelarse ni expandirse a otras prácticas artísticas. Lo que necesita es definir su vocación, establecer criterios rigurosos de participación y seleccionar con más rigor a los jurados. Por lo pronto, no queda más que felicitar a todos los rechazados.­ Comentarios: www.blancagonzalezrosas.blogspot.com