"Lecturas"

martes, 27 de diciembre de 2011
MÉXICO, D.F. (apro).- ¡Ah, sí! Cómo no, estoy de acuerdo con ustedes, desorientados mamíferos razonadores: la lectura es importantísima para su especie, igual que para su servidor. Mas para que puedan aprovechar todos sus beneficios, necesario es que deban hacerla correctamente, esto es: saber qué deben leer y cómo llevar a cabo una mejor lectura… bueno, eso de la buena lectura deben practicarla los que sepan leer pues, por principio de cuentas, imposible negar que todavía hay humanos que no leen, bien porque son analfabetas o bien porque su idioma no cuenta con un alfabeto, el que sea, o bien porque son tan pocos los que lo hablan, que el libre mercado, obedeciendo a sus leyes de la ganancia, no los considera y no les presta la menor atención en eso de proveerles de elementos de lectura; igualmente, hay que contar con los que, sabiendo leer, no tienen dinero suficiente para adquirir material para practicar la lectura. También hay que contar, por supuesto, con los que teniendo tiempo y dinero para leer, no lo hacen por flojera o porque nadie les ha inculcado el hábito de las buenas lecturas, vamos, ni siquiera de las intrascendentes; ambas clases de no lectores en los últimos tiempos van en ascenso en el mundo, según estadísticas publicitadas en los diversos medios de información en países del planeta; estadísticas que, a mi parecer, confirman y justifican la masiva propaganda a favor de la lectura, tanto de la personal como en la colectiva, que gobiernos, iniciativa privada y hasta particulares bien intencionados están desplegando a nivel internacional. Luego están los privilegiados de la tierra, los que sí saben leer, los que tienen tiempo y dinero para adquirir el material de lectura del que tienen necesidad, que están obligados a leer o les complace como lectores libres y con posibilidades que son. Pero, ¡ay!, en ese mundo de privilegiados también puede suceder --¡y sucede!, ¡y con más frecuencia de lo que era de esperar!-- que los mismos no sepan qué leer ni cómo hacerlo de la mejor manera, es decir, que no saben o no se preocupan de lo que deben leer, sea por necesidad personal, por obligación debida a los requerimientos propios de su profesión o trabajo específico que desempeñan, sea en el servicio público o en el sector privado, y se dedican más bien a leer lo que les produce placer, por huir de una realidad en la que se sienten incómodos, con lo que hacen que su lectura se convierta en escape de imposiciones, puede que injustas… pero puede, también que de obligaciones, de responsabilidades. ¡Ah! Pero entre estos privilegiados, de los que se puede decir que son los herederos de la Tierra, no faltan los que, al verse obligados, por la circunstancia que sea, a descubrir si son lectores o no… por lo que declaran no pocas veces, se puede decir de ello lo que Jonathan Swift informó que hacían muchos de sus contemporáneos respecto de los nobles, a los grandes señores de la época: aprendíanse nombres y títulos y, sin ir más allá, los citaban para dar la impresión de que los conocían. Permítanme un aparte: entre ustedes corre el dicho de “dime lo que lees y te diré quién eres”, al que considero que se puede completar añadiendo que también la manera en que se dicen las cosas…y lo que si se ha dicho es un despropósito, esto es, un dicho fuera de razón, de sentido o de inconveniencia, igualmente los modos de querer minimizar, la forma de intentar defender e incluso justificar tal despropósito, mucho dice también de su ser y pensar del que tales cosas hace. Volviendo al tema de la presente: se puede asegurar que el no leer no es un pecado. Es más, se puede afirmar incluso que para ser un triunfador, un ser de éxito en la vida, para nada es necesario leer. De acuerdo… pero si así es, ¿podrán decirme a qué tanta alharaca, a quá tanta promoción masiva a favor de la lectura y gastar tanto dinero en la misma? Y las personas que minimizan la importancia de la lectura y hasta justifican el que no es necesario leer, para ser personas de éxito, ¿se dan cuenta o no de que con ello están dando en la maceta a la mentada promoción, a tanto dinero gastado en la misma y haciendo que aumenten los que no leen por flojera, de los que no leen porque nadie se ocupó por estimularlos a ser lectores? ¡Qué manera de razonar! No me extraña que con tantas diferencias entre sus decires y haceres, con tantas contradicciones y ambigüedades en sus hablares y obrares, sean como son y estén como están. Desorientados mamíferos racionales: con el sincero deseo de que el próximo año sean más razonables que razonadores, queda de ustedes su seguro servidor.

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