Por celos, aprendí a tocar la guitarra: El Negro Ojeda

miércoles, 9 de febrero de 2011

MÉXICO, D.F., 9 de febrero (apro).- Si bien Salvador El Negro Ojeda solía fomentar su fama de jarocho veracruzano, el recién fallecido trovador era oriundo de la Ciudad de México.

        "Aunque hubiera querido nacer en Veracruz, soy del DF, nací un 27 de enero de 1931 en la calle de Tampico 14 letra 'A', pero toda mi familia es veracruzana. Por esto y por razones sentimentales propias, mías, es que me siento veracruzano. Mis padres fueron el doctor Salvador Ojeda, de Orizaba, y Luz de Gracia Loyo, de Tlacotalpan", declaró en mayo de 1978 a este reportero.

        "Soy producto de un típico matrimonio pequeño burgués. Recuerdo haber vivido parte de la educación socialista de Lázaro Cárdenas, y en mi casa siempre había música. Así comencé a amar la música.

        "Mi madre fue una pianista extraordinaria de una sensibilidad bastante grande y mi padre tocaba la guitarra, él nunca pudo ser un bohemio como siempre quiso pero dejó muestras de ello en  canciones como Llueve que está en mi primer disco y Orizaba, que grabé para Radio Educación."

        --¿Cuándo decidió ser músico?

        --Es una pregunta difícil. No me considero realmente músico en toda la extensión de la palabra. Me acuerdo de una anécdota que marcó mi inclinación por la música jarocha...

        "Fue en un festival del Día de las Madres en la escuela primaria José Martí de la Colonia del Valle, donde vivía con mi familia desde 1939, yo iba en sexto año y participaron varios colegas, entre ellos un compañerito mío quien me había ocultado que tocaba la guitarra y se subió a cantar.

        "Me entraron unos celos tremendos y mucho coraje, entonces me fui a mi casa, cogí la guitarra de mi padre, empecé a tratar de sacar algo y me salió La Bamba ese mismo día."

        Con otros amigos vecinos, El negro fundaría su primer conjunto de rumba cubana y sones jarochos a los 15 años de edad.

        "Iba en segundo de secundaria y fue tal mi ahínco que abandoné mis estudios en el Instituto Fray Juan de Zumárraga para formar varios grupos de música tropical y después, un trío romántico con Luis Martínez Negrete, quien sería mi cuñado, y Pepe Ávila, de una notable familia artística al que saqué de su casa para que hacerlo mi contrabajista.

        "Empezamos cantando villancicos para navidad y por 1958, 59, hice mis primeros arreglos para voces. Ya luego, en 1962 me casé con María Emilia y formamos una unidad muy bonita, ella canta, toca piano y acordeón, estudió en la Escuela Nacional de Música de la UNAM. Por ella aprendí muchos aspectos técnicos como el solfeo, su experiencia me ayudó muchísimo."

Chez Negro

En aquel año de 1962 abrió su café Chez Negro, en el cruce de Avenida División del Norte y la calle Gabriel Mancera:

        "El nombre era porque todos me decían 'negro', yo creo que mi padre o mi madre me lo puso desde chavo. Nunca me he sentido mal por el apodo, al revés, es un honor; en aquel tiempo estaba más tizón, ¡pero orita he decepcionado a más de tres pues dicen que hasta me veo güerito con mis canas!

        "Estaban de moda los cafés cantantes y puse este lugar un poco para refugiarnos allí los rumberos, porque el rock nos había desplazado. El Chez Negro fue el punto de reunión de todas las épocas que viví de rumbero: los sábados y domingos tocábamos rumba, y entre semana eran días que le hacíamos a lo romántico, la música clásica, lo folclórico sudamericano, yo con el son jarocho   

y con la familia Ávila salía todo tipo de géneros."

        Cuenta que una noche se presentó en el Chez Negro el músico René Villanueva, quien acababa de regresar de un viaje por Sudamérica:

        "Llegaba de Perú y traía de recuerso folclórico unas flautas muy extrañas que se llaman pincullos y quenas, pero no sabía tocarlas. A la hora que me oyó interpretar un carnavalito argentino, René se enloqueció como si fuera un descubrimiento tremendo."

        Quebradeño a mí me llaman

        porque nací en la quebrada.

        Carnavalito de mi querer,

        la rueda venga a bailar.

        "Yo ese carnavalito lo conocía de muchímos años, pues lo había traído el Trío Argentino a México. René Villanueva se fue a su casa a aprendérselo y fue así como empezó a ir al Chez Negro a tocar diario."

        Así fue como surgiría el famoso conjunto Los Folkloristas, con Rubén Ortiz ("quien venía de esudiar un postgrado en París y tocaba charango, traía la escuela de Los Calchakis"), Mila Domínguez ("una fabulosa cantante con gran calidad y directora del coro de la Facultad de Filosofía y Letras de la UNAM"), y Jorge Saldaña ("quien enamoraba a Mila"), más Villanueva, El negro y su esposa.  

        "Fuimos el primer grupo en hacer música folklórica latinoamericana en nuestro país. Nuestra primera presentación como Los Folkloristas fue en el Instituto Hispano-Mexicano de Relaciones que dirigía Paco Ignacio Taibo.

        "Nos iniciamos por puro amor al folklore, pero las posteriores formaciones de Los Folkloristas trataron de negar aquel origen alegando que nuestro grupo musical no tenía seriedad, ni era profesional por lo que carecía de trascendencia. No sé si esto sea por pura enviadia, pero aquel gran conjunto se formó en el mismo Chez Negro." 

        --¿Porqué cerró el café Chez Negro?

        --En 1974, un tipo influyente se quejó que los supuestos clientes del lugar le estacionaban coches frente a su casa, le habló al regente capitalino Ernesto P. Uruchurtu y éste político nos lo clausuró arbitrariamente, como eran sus modos.

        "El PRI nos dejó sin café. Lo nieguen o no, no me interesa. Tal vez les resulte hiriente o vergonzoso a los del PRI. Allá ellos."

        --¿Cuál es su mayor sueño como artista?

        --Identificarme con el público, hacerlo partícipe de lo que siento y sentir como él es mi anhelo, mi mayor ambición.

        "El que pueda brindar alegría es grandioso, pero no me gusta que me encasillen en un sólo género. Me gusta sentir la canción política mucho, transmitir el contenido de una canción política. Aspiro a seguir cantando, tocando y grabando, creo que terminaré componiendo. Mientras, hay Negro para un buen rato", conlcluyó afable Salvador El Negro Ojeda aquella tarde soleada.

--FIN DE NOTA--