El rito

miércoles, 2 de marzo de 2011

MÉXICO, D. F., 2 de marzo (apro).- En mala hora falló la logística de traducción en el noticiero televisivo de Joaquín López Dóriga cuando se disponía a entrevistar al actor Anthony Hopkins, con motivo de la cinta El rito.
Claro, en mala hora para él, pero no lo deben pensar así los distribuidores de dicha película, ya que la asistencia en los primeros días es asidua, y la cinta es una reverenda porquería gracias a un guión que es incapaz de hacernos creer en semejante ficción.
Todo gira en torno a un joven llamado Michael, cuya vida se debate entre trabajar en la funeraria familiar o ser sacerdote. ¿Por qué? Porque esas son las profesiones que se siguen en su familia.
Pero Michael no quiere ser sacerdote, sólo busca un pretexto para salirse de su casa, mas no piensa acabar su carrera. ¿Y de qué va a vivir luego? ¿Por qué no salió de su casa y se puso a trabajar? Y es que una vez que decida abandonar la carrera no se entiende muy bien de qué va a vivir o qué va a hacer de su vida. Primera incongruencia.
Por una extraña broma del destino, y por un chantaje mala onda de uno de los padres  --quien le dice que si sale antes de terminar la beca que tiene se convertirá en financiamiento y entonces quedará debiendo mucho dinero--, Michael termina tomando un curso para exorcista en el Vaticano.
Y es que según el padre mencionado anteriormente, Michael tiene el estómago necesario para ser exorcista. Además, la necesidad de exorcismos aumenta día con día. Cómo, dónde y por qué… No importa, el argumento es sacado de la manga y Michael tiene vocación para eso porque el guión así lo requiere.
Total, que Michael termina en el Vaticano estudiando y ayudando al padre Lucas (Hopkins) a realizar exorcismos y conversando con una periodista (Alice Braga) que busca realizar un reportaje sobre exorcismos.
La película avanza lento, pero eso no es lo peor, cuando llega la acción, el momento de enfrentarse con el demonio, la película se convierte en una especie de mala parodia de El Exorcista; está llena de lugares comunes y de diálogos absurdos: aburre y provoca risas involuntarias.  
Y para quienes piensen que Anthony Hopkins es lo único que vale la pena, cabe mencionar que tampoco se hacen milagros: Hopkins hace a un personaje patético.
El rito asusta poco, y no conmueve ni entretiene, pero gracias al inglés de López Dóriga la cinta sobrevivirá un poco más de lo que en realidad se merece.