Cancela el teatro Colón actuación de Plácido Domingo

martes, 22 de marzo de 2011

MÉXICO, D.F., 22 de marzo (apro).- Al cancelarse hoy la actuación de Plácido Domingo en el Teatro Colón --debido al conflicto sindical que desde hace seis meses agobia al máximo foro lírico rioplatense— el tenor sólo cantará este miércoles 23, de manera gratuita, en la Avenida 9 de julio, frente al Obelisco de Buenos Aires.
    El tenor mexicano y la soprano argentina Virginia Tola tenían contemplado interpretar obras de Barbieri, Lowe, Sorozábal, Verdi y Vives, con el norteamericano Eugene Kohn dirigiendo el coro y la orquesta del Colón, cuyos músicos decidieron solidarizarse y participar mañana en el concierto de Domingo frente al Obelisco.
    “Esta decisión abre una ventana de tranquilidad. A nosotros nos hubiera gustado, evidentemente, que estuviera dentro del Colón, pero valoramos este gesto de no impedir que toque y que el público disfrute de Plácido Domingo en la 9 de julio”, principal avenida de Buenos Aires sobre la que se montó el escenario, declaró Hernán Lombardi, ministro de cultura de Buenos Aires al canal Todo Noticias.
    Ayer lunes, Domingo manifestó en conferencia de prensa su disposición de fungir como mediador entre los trabajadores del Colón y el gobierno de Buenos Aires para evitar  que se cancelara su recital.
    “Comprendo lo que ellos piden (aumento salarial) y eso no significa que esté contra las autoridades del teatro ni del gobierno de Buenos Aires. Entiendo a las dos partes, las circunstancias y no me siento víctima de nada.”
    Sin embargo, señaló que luego de 13 años de no actuar en Argentina le vendría “muy mal tener que irse sin poder hacerlo”.
    El 14 de julio de 1972 marcó el debut en Argentina de Plácido Domingo; el tenor lo recordaría con sumo placer en el capítulo quinto de su biografía Mis primeros cuarenta años (Planeta, 1984), donde relata:
    “Volé en julio a Buenos Aires a trabajar en La forza del destino (de Verdi) con Martina Arroyo, Gianpiero Mastromei, Bonaldo Giaiotti y Renato Cesari. Dirigió la orquesta Fernando Previtali. Buenos Aires es una ciudad de excepcional belleza, de carácter muy francés, aunque la mayor parte de sus habitantes tengan origen español o italiano.
    “El Colón es uno de los teatros de ópera más hermosos y acústicamente más idóneos del mundo, y su coro y orquesta están a gran nivel. Es uno de los  pocos centros líricos que han mantenido las magníficas tradiciones decimonónicas en toda su plenitud. Si un cantante necesita una peluca nueva o unas botas distintas, la guardarropía se las entrega en 24 horas y son de gran calidad.
    “El público de otras partes queda pálido en sus reacciones ante el fervoroso entusiasmo argentino. Como el de la Scala (de Milán), es cálido y experto, lo que hace más digna de agradecer su acogida. Los artistas intuimos su autenticidad.”
    Regresó dos veces en julio y agosto de 1979, con La fanciulla del West, de Puccini. Volvería en mayo de 1982, contra la voluntad de los productores de su cinta La traviata, rodada por Franco Zeffirelli, debido a la guerra de las Malvinas protagonizada entre Argentina e Inglaterra. A aquella visita Domingo le dedica tres páginas de sus memorias:
    “Se recordará que tres años antes saqué al Teatro Colón de Buenos Aires de un apuro yendo en avión para cantar en tres representaciones de La fanciulla del West, porque otro tenor había enfermado. En mayo de 1982 tenía programadas siete funciones de Tosca en Buenos Aires. Me pareció justificado que me permitieran renunciar a algunas con el fin de participar en ese extraordinario proyecto de La traviata. La organización accedió amablemente...
    “A fin de cuentas fue la moral de Buenos Aires, no su situación física, lo único afectado por la guerra. Para mí un conflicto territorial es el colmo del infantilismo nacionalista, sobre todo en nuestros días, y me entristeció mucho presenciar en Argentina las manifestaciones de patriotismo enfervorizado y leer que lo mismo sucedió en Gran Bretaña...
    “El entusiasmo comenzó a entibiarse a medida que pasaban los días y las noticias, oficiales y oficiosas, empeoraban. Había en el Teatro Colón un hombre sobremanera eufórico al principio de la lucha, y le pregunté si tenía algún hijo en edad militar.
    “--¡Oh, no! --me dijo--. Mi hijo cuenta con 20 años y no es probable que lo llamen.
    “Días más tarde, el muchacho hubo de incorporarse a filas, y el padre no se mostró tan entusiasmado. Ésa es la tragedia del patriotismo belicoso: no está mal en abstracto, pero resulta más difícil racionalizar la guerra cuando nos afecta de cerca.”