Julio Bocca, entregado a popularizar el ballet

martes, 19 de abril de 2011

El bailarín argentino de renombre internacional, invitado a ser jurado del nuevo reality de Canal 22 Ópera Prima en Movimiento, expone con detalle su trabajo al frente de la compañía más importante de Uruguay, el Ballet Nacional Sodre.

MÉXICO, DF., 19 de abril (Proceso).- En 1996, durante una visita del Ballet Argentino que dirigía y financiaba, Julio Bocca, en la plenitud de sus casi 30 años, confesó a Proceso que se retiraría de la danza a los 40 para dedicarse a “viajar, comer, emborracharse, gozar lo que la vida la había dado y vivir muy tranquilo”.

Ahora, después de 15 años, afirma que no ha logrado sus objetivos, y mejor aún, ya no le interesan. Más bien ha tratado de darle un nuevo giro a su vida trabajando incansablemente en Montevideo como director del Ballet Nacional Sodre, principal compañía de Uruguay, donde dicta clases y procura que la danza aumente su popularización.

Invitado a México para impartir una clase magistral, dar una conferencia y ser jurado de Ópera Prima en Movimiento, el nuevo reality del canal 22, Bocca afirma que en lugar del bailarín rebelde y el artista explosivo y beligerante que era, hay ahora un hombre mucho más coherente entre lo que dice y hace, feliz y con gran calidad de vida.

“El rebelde interno busca nuevas metas, estoy más controlado, soy más conciente. Anteriormente actuaba sin pensar, siempre me manejé por la intuición –dice golpeando su corazón–. Desde ver qué obra hacía, seleccionar el coreógrafo con el que trabajaba, qué función hacía y hasta comprarme una casa.”

 

Bailarín prodigioso

 

Nacido en una familia de clase media sensible al arte, Bocca tuvo una carrera meteórica: a los 14 años ya era parte de una compañía de danza, a los 18 ganó el concurso de ballet más importante del mundo en Moscú, y a los 19 Mikhail Baryshnikov le ofreció un contrato para integrarse a la compañía de ballet más importante de Estados Unidos: el American Ballet Theater (ABT) en la ciudad de Nueva York, como bailarín principal.

–¿Cómo era ser un argentino en Nueva York?

–Pues como un argentino en Nueva York: comprando, comprando, comprando, comiendo cheese cake, engordando, comiendo porquerías, feliz. Imagínate, a los 19 años me dieron mi primera tarjeta de crédito. Me acuerdo que el primer día me gasté mil dólares, que ni los tenía, aunque claro, después los tuve que pagar.

“Aquella es una ciudad de consumo. Al tiempo me fui tranquilizando, trabajaba mucho de las 10 a las seis, y yo quería aprender y quería bailar todos los personajes y ser solista y cuerpo de baile, todo lo que quería era estar todo el tiempo arriba del escenario. Si no era en ese momento entonces cuándo.

“Pero al mismo tiempo no me gustaba Nueva York porque tenía que hablar inglés, yo había estudiado francés porque me gustaba más y ahora lo he olvidado porque nunca lo practiqué.

“Así, tuve que aprender inglés en la calle, fueron muchos cambios. Extrañaba Buenos Aires.”

Narra que en aquella época Nueva York era una ciudad bastante peligrosa y que él, a sus 19 años, lejos de Argentina, recibía todo tipo de consejos para que no le pasara nada. Se subía al Metro y hablaba solo:

“Lo hacía por seguridad, porque si te ven hablando solo en subte piensan que estás loco y nadie se te acerca. Me decían que los negros eran malos, así que cuando veía a un grupo me atravesaba la acera y estupideces así. Me habían llenado la cabeza de ideas absurdas.

“Ahora amo Nueva York, es una ciudad increíble donde todo cambia, puedes ir cada año y aparece un edificio nuevo, las tiendas cambiaron y nunca acabas de conocer la ciudad. Además ya ni siquiera se necesita hablar inglés, incluso creo que conviene más hablar español allá.”

–Pero usted siempre ha tirado hacia al sur.

–Sí, siempre, y mira que tuve muchas posibilidades. Me gusta el sur aunque me gustaría que fuese un poco más organizado como en el primer mundo. Eso sí es lo que extraño. Pero esa cosa de espontaneidad que tenemos los latinoamericanos me gusta y no la quiero perder, aunque me hace falta la organización, los proyectos a largo plazo.

“Estoy cansado de que, por ejemplo, cambien los políticos y eso implique cambiar a los directores de los teatros. La cultura tiene que verse de otra manera. No se puede comenzar de cero con cada cambio político.” 

 

Lo sublime

 

–Usted hizo militancia por la causa homosexual en algún momento. Se hizo oír y respetar.

–Mira, yo ya estoy fuera de eso, es más: de eso ya no quiero ni hablar porque son cosas privadas de uno, aspectos que no tienen que importarle a la gente.

“En esta época son puntos que ya ni se tendrían que discutir, como el respeto de una persona a otra, tus gustos, tu religión, lo que quieras hacer con tu vida. Ojo: que no estoy en contra de la militancia, pero yo a México vengo a trasmitir mi experiencia como bailarín a estos chicos de Ópera Prima.”

–¿Alguna vez sintió algo sublime en el foro, otra realidad?

–Sí, con Alessandra Ferri. Con ella siempre fue muy espontáneo todo, casi nunca ensayábamos, la parte actoral era muy natural, dejábamos nacer la emoción, alguna vez hemos salido a bailar casi sin ensayo. Podíamos checar detalles en frío, pero en lo que toca a la función todo era real, un cachetazo era un cachetazo, al igual que un beso era un beso, no era marcado.

“Vivíamos el momento, y si hablas con ella te va a decir lo mismo. Era algo mágico, único de entrega, confianza y respeto. Cosas que pasan en las parejas, cuando llega a pasar y que lo alargamos en la función sin ser pareja. Quizá en la vida real éramos mucho más tímidos, no hablamos mucho, pero en la función nos abríamos totalmente y todo en ese instante era real.”

Durante su gira para retirarse como bailarín, Julio y Alessandra bailaron juntos en Buenos Aires Manon en 2006. Según la biógrafa del intérprete, Angeline Montoya, “cuando, después de una función apoteósica, el telón se levantó para que los artistas saludaran, la audiencia descubrió a una pareja entrelazada y sollozando sin pudor en medio del escenario. Alessandra que no podía contener el llanto corrió a refugiarse en su camerino mientras Julio recibía conmocionado la ovación del público”.

Fue la última vez que bailaron juntos.

 

El otro Julio

 

Como director del Ballet Nacional Sodre, Julio Bocca tiene la idea de mantener un repertorio clásico alternado con obras de Nacho Duato, Jiri Kilyan y Mauricio Wainrot, entre otros.

Su idea, como lo ha sido desde que ha bailado en las canchas de los clubes futbolísticos más populares de su país, Boca Junior y River Plate, en el Luna Park y en toda clase de espacios públicos, es la de popularizar el ballet.

Pero además, ha cambiado totalmente su antes frenético ritmo de vida:

“Trabajo desde que amanece y hasta la tarde. A  las 8:30 de la mañana veo a mi gerente en un horario donde no hay nadie. Después doy clase y me encargo de todos los proyectos que tenemos en marcha, como la escuela de arte, el repertorio, las posibles giras y convenios. Estoy realmente bien.

“Termino de trabajar y me vuelvo a casa a las seis, que es algo que extrañaba muchísimo. Estaba cansado de andar de hotel en hotel. Ahora tengo el trabajo que me gusta, puedo trasmitir, puedo dar cosas, crear.

“Y en casa me tomo mi Fernet, un vino tinto, me relajo, hablo con la señora que vive conmigo desde hace diez y ocho años, preparamos la cena. Al día siguiente me levanto con el amanecer, veo el mar, manejo a mi trabajo por la Rambla. Uruguay tiene eso, calidad de vida muy buena. Buenos Aires también la tiene pero muy diferente a lo que yo busco, está muy loca la capital. Para los turistas es lindo pero para mí ya no. Yo llego ahí y me ahogo.”  l

 

 

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