"Mentiras"

miércoles, 20 de abril de 2011

MÉXICO, DF., 20 de abril (Proceso).- Una divertida comedia musical con baladas románticas de los ochenta es la obra que presenta OCESA desde hace un par de años en el Centro Teatral Manolo Fábregas. El espectador se traslada de época con  la música que se escuchaba en la radio; como si estuviéramos en el programa de Siempre en domingo con las cantantes de moda, las más comerciales, las de las telenovelas del momento como El Maleficio o El camino secreto, las melodías que se escuchaban en El Patio o se bailaban en el News. Como si también fuera una obra patrocinada por el monoplio de Televisa que dio fama a estas cantantes.

El director y autor de Mentiras, José Manuel López Velarde, elige contar la historia de cuatro mujeres, haciendo un zurcido musical y tomando prestados sus nombres y su popularidad: Daniela, Dulce, Lupita y Yuri. Las une un hombre compartido: Emmanuel. El encuentro se da frente al testamento que ha dejado Emmanuel planteándoles un reto. Sin saber unas de otras, a lo largo de la obra se van descubriendo los vínculos. Tanto el espectador como las demás mujeres, se van enterando de la vida oculta de este hombre. Al inicio la cursilería impera: el matrimonio, el amor, las amigas… Todo es de un color de rosa exasperante; como las típicas canciones románticas que escuchábamos en la radio en aquella época. Y sí las cantábamos, y tras ellas venían acompañadas otras canciones: la de los celos, el despecho, el odio y la revancha. El amor se complicaba, y en Mentiras la necesidad de mantener las apariencias, de cumplir el protocolo y ajustarse a un modelo ideal preestablecido de pareja, hacía que sus historias se fueran llenando de eso; de mentiras. Imposible “ser” dentro de ese ámbito; y en el caso de Emmanuel, las expectativas del macho de creer que su valor aumenta si su colección femenina aumenta, hace que su vida se vuelva complicadísima.

La construcción de la trama de Mentiras está bien hecha. El hilo conductor son las canciones, un popurrí que inspira al autor a hacer los giros necesarios a la historia. De una canción se salta a la otra, canciones simultáneas que plantean diferencias. Las canciones definen al personaje y con ellas dialogan. A veces es difícil la sonoridad que esto provoca, pero finalmente se va dando una integración a partir de la transposición, el cruce y las secuencias musicales. La música es en vivo y la escenografía ideada por Sergio Villegas nos va develando desde dónde tocan los músicos sus instrumentos.

El principio convencional de la historia se enreda de tal manera que el público transita de sorpresa en sorpresa. La irreverencia, los chistes picantes, las caras ocultas de estas mujeres y los retos que se les van planteando, hacen que la obra adquiera nuevos tintes y consiga involucrar completamente al espectador. Los caminos se salen de lo esperado, lo cual provoca mucha risa. La comicidad es conseguida por el elenco y por la propuesta del director. No solamente son las situaciones que se desarrollan en la historia, sino cómo plantean el carácter de los personajes.

Entre los actores se encuentran Mariana Treviño, Sandra Lan, Jimena Parés, Lolita Cortés, Mauricio Martínez y Georgina Levin. La iluminación está a cargo de Nicholas Philips y la dirección musical es responsabilidad de René Ábrego. El vestuario, aunque podría ser divertido, cae en lo recargado y a veces molesto para el actor. La escenografía es modular y los cambios, ayudados con la plataforma giratoria son ágiles.