Se presenta "Cuerpos en Tránsito" en Tijuana

martes, 10 de mayo de 2011

TIJUANA, B.C., 10 de mayo (apro).- “Cuerpos en Tránsito”, el principal festival de danza que se realiza en esta ciudad fronteriza, ha hecho sentir al espectador, desde el pasado viernes 6, que se encuentra frente a sucesos que nada tienen que ver con lo cotidiano.

Sol Picó, autora de El Llac de les Mosques (El lago de las moscas), reflexiona a través de un concierto de rock sobre la vida de una mujer después de cumplir 40 años.

En una analogía del cuento de Blanca Nieves, la mujer se pregunta ante un espejo si aún sigue siendo la más bella del mundo. “Eres vieja y fea”, es la respuesta que obtiene sistemáticamente.

Un extraordinario grupo de músicos que acompañan y cobijan a la cuarentona le da un peso específico al espectáculo. Y es notorio que el betseller Mujeres que corren con lobos, de Clarissa Pinkola --inspiración de otras de sus obras--, influye también en esta pieza.

Estrenada en marzo de 2009 en España, la pieza de corte perfomático posee una estética de los años ochenta, donde Picó, siempre en el papel de ella misma, se muestra como una cantante que lo mismo baila en tacones que en zapatillas de punta.

Como una novia que necesita centrifugarse en una lavadora para renacer como una chica sexi que hace strip tease, Picó, más que hacer una búsqueda de un vocabulario dancístico, invierte todo en la propuesta escénica global, y aquí la interacción con el público es crucial.

Actualmente Sol Picó trabaja en su próximo estreno: La Abeja Maya es una puta y su mejor amiga es la Mujer Araña.

 

BetaLab y Catalejo, falsas promesas

 

Al aproximarse a la danza, lo primero que surge son los cuerpos, la línea anatómica, la expresión de movimiento. Todo esto hace sentir al espectador que se encuentra frente a un suceso extra cotidiano.

Si esto no acontece en el foro, es imposible entrar a la convención de que lo que sucede en ese espacio mágico es una verdad irrevocable, una revelación que por su naturaleza intrínseca modifica sustancialmente la vida.

La presentación de los grupos Betalab, de Guadalupe Yzabal Ocampo, y Catalejo, de Martha Bonilla, en el festival “Cuerpos en Tránsito”, no entra en los parámetros profesionales esperados.

Más allá de las evidentes deficiencias técnicas, el entrenamiento, la línea --el sobrepeso es inentendible-- y los marcos conceptuales prometidos no aparecen.

Pareciera que se les ha olvidado que una puesta en escena es una concepción global que abarca desde la idea misma de una pieza, hasta elementos como el vestuario, la luz, la pista musical y la escenografía.

Los integrantes de BetaLab citan a C.G. Jung y afirman que los sueños son los transmisores de lo más instintivo, y de esa manera la conciencia aprende a comprender lo olvidado.

Hasta ahí todo va bien, pero demasiada realidad extermina siempre el fenómeno teatral. Un mal maquillaje, vestuario cotidiano adaptado al foro y deficiencias en la elaboración de un lenguaje coreográfico hacen imposible entrar al universo onírico prometido.

Y qué lástima, porque indagar sobre el mundo de los sueños –como lo dice Jung– es la posibilidad de encontrarse con lo más esencial del yo.  

Catalejo, por su parte, necesita de forma urgente replantearse qué quiere hacer y cómo lo quiere hacer. La danza se sostiene en cuerpos que se mueven de forma extraordinaria y que, por lo mismo, en su estructura física también lo son. Sin este principio fundamental no hay montaje que se sostenga, por interesante que sea, su idea germinal.

 

Staff

En la perspectiva de la compañía española La Intrusa, “la necesidad constante de reconocimiento de nuestros actos hace que confiemos a una persona el papel de testigo.

El testigo es nuestra debilidad, de ahí la fuerza para defenderlo y protegerlo, pero su fuerte presencia puede influirnos hasta convertirnos en lo más débil del mundo.

“Somos personas para alcanzar algo: meternos los unos en los otros, porque es imposible vivir sin la certeza de que en el mundo hay una persona para quien se es imprescindible”.

La idea vista en papel suena, si no novedosa, cuando menos como un disparador para estudiar la dependencia ligada a la autoestima, el miedo infantil a la soledad, la eterna y fútil búsqueda del amor ideal.

Pero no, en realidad nada acontece en la escena. Se trata de un fallido trío de dos hombres y una mujer –-ella realmente muy fuera de forma para el foro— que interactúan para desencontrarse y repetir una y otra vez su propia vacuidad artística.

Hasta el momento no se ha visto en el festival “Cuerpos en Tránsito” Tijuana 2011 una compañía que tenga claro que el convocar al espectador es un ejercicio de responsabilidad. No han sido suficientes las ganas de compartir lo encontrado, incluso si se trata de la búsqueda en sí misma como el objetivo escénico.

Un mínimo de respeto al público exige ofrecer una obra cuidada al máximo, porque siempre se tienen ganas de ver un buen espectáculo y salir de la sala de teatro si no estimulado, cuando menos entretenido.

A lo anterior hay que agregarle los seis o siete fotógrafos que cada noche tiran cientos de fotos –algunos hasta utilizan el flash--, los bebés que gritan, etc.

Valdría la pena, pues, detenerse un poco a analizar qué se necesita para profesionalizar la danza en Tijuana.